Sobre la desigualdad

On Inequality

Página 1

Autor: Harry G. Frankfurt

Paidós.
Barcelona (2016).
95 págs.
12,95 (papel) / 8,99 (digital).
Traducción: Antonio F. Rodríguez Esteban.

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El hecho que unos pocos posean mucho y a otros les falte hasta lo indispensable suele considerarse gravemente injusto. A partir de esta situación, se ha llegado a la conclusión de que la desigualdad es uno de los principales problemas de nuestro tiempo y un mal moral que se ha de evitar. En Sobre la desigualdad, el profesor emérito de Filosofía de la Universidad de Princeton Harry G. Frankfurt analiza críticamente los argumentos que sostienen esta postura.

Desde la publicación de El capital en el siglo XXI de Thomas Piketty, numerosas obras han tratado una de las narrativas sociales más importantes de nuestro tiempo. La mayoría de estos libros hacen una aproximación desde la economía. Un caso sería el reciente volumen de James K. Galbraith, donde se describe la evolución y el estado de la desigualdad en distintos países para poder extraer conclusiones. En cambio, el texto de Frankfurt adopta la perspectiva de la filosofía moral y se mueve en un nivel más bien conceptual.

La obra se estructura en dos partes, que recogen sendos artículos de 1987 y 1997. Como anuncia el autor, “la primera parte está dedicada a una crítica del igualitarismo económico”. A partir de razonar sobre los argumentos esgrimidos para demostrar que la igualdad económica es moralmente imperativa, Frankfurt llega a la conclusión que esta afirmación es fruto de una intuición errónea. La desigualdad entre ricos y muy ricos no es problemática, asegura. Así, lo que produce indignación –según su punto de vista– no es tanto la desigualdad sino la pobreza del segmento que posee menos. En este sentido, la propuesta del autor es sustituir el igualitarismo económico por la doctrina de la suficiencia. Esta no consiste en disponer de lo mínimo para asegurar la supervivencia sino en alcanzar un nivel de ingresos con el que uno pueda estar razonablemente satisfecho y, en el caso de tener razones para no estar contento con su vida, considerar que poseer más no le haría menos infeliz.

La segunda parte se titula “Igualdad y respeto” y tiene una extensión considerablemente menor. Aquí –como admite Frankfurt– se trata “un aspecto en el que la igualdad sí podría revestir alguna relevancia moral”, ya que se abandona la igualdad de oportunidades para hablar de derechos, atención y respeto. Como en la primera parte, el autor defiende que tampoco en estos casos el igualitarismo es el criterio moral último. Cuando las personas pueden reclamar el mismo trato se debe a que son iguales respecto de las características de las que se deriva el derecho en cuestión; su común humanidad, por ejemplo. Para Frankfurt, lo relevante no es la igualdad en sí misma sino los rasgos personales de los que emanan los derechos.

La seguridad con que defiende su postura no impide al autor reconocer el igualitarismo como instrumentalmente útil y afirmar que en muchas ocasiones la lucha por la justicia y por la igualdad coinciden. Sin embargo, sostiene que el matiz sí importa. Según él, centrarse en la desigualdad distrae de lo realmente importante tanto para las personas como para toda la sociedad. Tampoco es inocua la confusión entre el trato equitativo y el trato respetuoso, objeto de la segunda parte del volumen. Aunque a veces vengan a converger, lo constitutivo del respeto no es –a decir de Frankfurt– la igualdad sino la imparcialidad y la falta de arbitrariedad. Tanto respecto de los ingresos como del respeto, la obsesión por la igualdad tiene efectos alienantes.

Es de agradecer que el profesor emérito haya rescatado sus reflexiones de hace años para ofrecerlas en un momento en el que parecen muy pertinentes. Y es que estos textos siguen siendo válidos a pesar de haber sido compuestos en una coyuntura muy diferente a la actual. Esto posiblemente sea debido a su perspectiva filosófica, que es la gran aportación del libro al debate. Frankfurt señala un camino que va de lo formal a lo sustancial, de lo genérico a lo personal, de lo extrínseco a lo intrínseco. De esta forma, llega a cuestionar el planteamiento mismo del debate. Y todo en un libro realmente breve, que resta importancia a alguna repetición y es uno de los puntos fuertes del libro. De hecho, es probable que el lector se sorprenda gratamente al ver el gran valor que encierra este pequeño libro.


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