El Observatorio

Sin niños ni jóvenes, peligra el bienestar en el centro-sur europeo

Página 1

Los demógrafos han lanzado la advertencia: la baja natalidad en los países europeos de la ribera del Mediterráneo puede ser un gran problema. En varios de esos Estados, duramente golpeados por la crisis, las parejas han tenido que lidiar con una combinación de bajo crecimiento, alto desempleo, trabajos precarios y estrecheces económicas, por lo que muchas han decidido tener un solo hijo o no tener ninguno en absoluto.

Según los datos del vienés Wittgenstein Center for Demography and Global Human Capital, ofrecidos por The New York Times, es muy probable que una quinta parte de las mujeres griegas, italianas y españolas no tengan descendencia. Además, cientos de miles de jóvenes se han marchado a Alemania, el Reino Unido y otros países del norte, con muy pocas perspectivas de regresar a menos que la economía mejore.

Según el informe del mencionado centro, la natalidad en la región meridional ha retrocedido tras la crisis. Así, si entre 2000 y 2008 la tasa subió de 1,24 a 1,47 hijos por mujer, en la actualidad esos buenos números se han evaporado. Italia, Portugal y Grecia han regresado al 1,3.

El diario se hace eco de quienes pronostican un “desastre demográfico” en la región, toda vez que las tasas de natalidad actuales están bastante por debajo del 2,1, el índice necesario para mantener estables los niveles poblacionales.

El desempleo femenino deja una huella en ese sentido. En Grecia, donde las mujeres tienen un 27% de paro (los hombres, un 20%), una dice: “No sé si conservaré este empleo dentro de dos meses o un año. Si no ves una luz al final del túnel, ¿cómo vas a planificarte para el futuro?”. En el país heleno, las mujeres ya están posponiendo la maternidad, por temor a perder las oportunidades de empleo. No es raro que las trabajadoras sean rechazadas para un puesto de trabajo si están en la edad fértil, o que sus contratos a tiempo completo se vuelvan parciales involuntariamente si quedan embarazadas.

Respecto a la región, algunos alertan del peligro que la baja natalidad representa para el sistema de pensiones y el de bienestar social en general. “El problema realmente serio es que algunos de los países más débiles son los mismos que muestran una demografía menos favorable”, expresa el vicedirector del Center for European Reform, Simon Tilford. “Las bajas tasas de natalidad en el sur implicarán un crecimiento y una productividad más débiles, lo que estancará la tasa de natalidad y producirá más problemas fiscales”.

En algunos sitios del este, entretanto, no hay quien ocupe ciertos puestos laborales. The Economist cita el caso de una fábrica textil, propiedad de una empresa noruega, en la ciudad lituana de Panevezys. Necesita cubrir 40 plazas, y no hay forma de encontrar trabajadores porque cada vez hay menos. Como también hay menos estudiantes en las escuelas del lugar –casi la mitad que en 2000, señala el alcalde–.

Los países excomunistas que se unieron a la UE en 2004, con el sueño de alcanzar rápidamente el nivel de Alemania o el Reino Unido, han visto cómo muchos de sus trabajadores se han marchado precisamente a suelo alemán o inglés. “La población activa en Letonia ha descendido un cuarto desde 2014. Las encuestas a estudiantes de Medicina búlgaros muestran que en un 80 o 90 por ciento piensan emigrar después de graduarse”.

Según el FMI, en algunos países de Europa oriental la emigración ha tenido como consecuencia una disminución del 0,6% al 0,9% del PIB entre 1999 y 2014. Para 2030, el PIB per cápita en Bulgaria, Rumanía y algunos de los bálticos puede ser entre un 3% y un 4% menor que el que exhibirían sin tener emigración.


Nuestra web utiliza cookies para facilitar el servicio. Si continúa navegando entendemos que las autoriza.