Ser bondadoso sienta bien

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Donar dinero, tiempo o sangre es algo que hacen millones de personas cada año sin otro fin que el de ayudar a los demás. Paul Bloom, profesor de Psicología de la Universidad de Yale, reflexiona en Project Syndicate (23-08-2010) sobre el origen y las consecuencias de la bondad humana.

El Centro de Estudios de la Riqueza y la Filantropía del Boston College calcula que los americanos aportarán 250.000 millones de dólares de donaciones individuales en 2010. Ante este dato, Paul Bloom hace notar: “Hay una lógica, propia de la adaptación, en el comportamiento bondadoso con aquellos con quienes nos relacionamos continuamente: hoy por ti y mañana por mí. Pero no hay una compensación darwiniana en sacrificar los recursos propios por extraños anónimos”, afirma Bloom.

Entre los factores que, según el profesor de Yale, explican nuestra moralidad ampliada, se encuentran la utilización del lenguaje para contar historias (que pueden favorecer la representación de personas lejanas como si fueran amigos o familiares) y la difusión de ideologías tanto seculares como religiosas que nos animan a preocuparnos por los demás.

El propio Bloom apoya este último argumento en las conclusiones de un estudio publicado el pasado mes de marzo en la revista Science (Markets, Religion, Community Size, and the Evolution of Fairness and Punishement) en el que, tras analizar varias conductas en quince poblaciones diferentes, se asocia la economía de mercado y la profesión de una religión con la existencia de una mayor justicia.

“Los efectos de nuestra bondad no son de suma cero. Quienes reciben la caridad ven mejorada su vida, pero también se benefician de ella quienes la brindan. Quienes donan riqueza y tiempo a otros suelen ser mucho más felices en toda su vida que quienes no lo hacen”.


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