El Observatorio

Se buscan hombres para enseñar

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Los Boy Scouts en el Reino Unido tienen una lista de espera de 51.000 candidatos, a los que no pueden recibir por falta de voluntarios adultos que los atiendan. Los filtros que hay que pasar ahuyentan cada vez más a los hombres que estarían dispuestos a hacer esta tarea. En un artículo publicado en The Telegraph, Martin Daubney explica los motivos.

Los Boys Scouts necesitarían 17.000 voluntarios más para cubrir estas necesidades. Pero no hay lista de espera de voluntarios.

La primera razón de la escasez de voluntarios es el exhaustivo y obligatorio control que hay que pasar –supervisado por un organismo oficial (Disclosure and Barring Service)–, para algunos empleos o trabajos de voluntariado que implican trato con niños. Se ha de comprobar que el interesado no ha tenido ningún problema con la Justicia.

La preocupación por el riesgo de abusos sexuales a los niños ha complicado cada vez más este filtro, aunque los Boys Scouts aseguran que desde su fundación en 1907 solo han tenido 48 demandas por estos motivos.

Si bien este control está animado por las mejores intenciones, hay un temor muy real entre los hombres que quieren trabajar con niños a ser considerados como potenciales pedófilos.

Una dinámica similar se observa en las escuelas, donde hay una tremenda falta de profesores varones. La escasez es especialmente notable en la enseñanza primaria, en la que los profesores son solo el 12,4%. En la cuarta parte de las escuelas primarias no hay ningún maestro. Sin embargo, todos los expertos en educación reconocen que las escuelas están pidiendo a gritos modelos masculinos positivos.

Pero no hay muchos incentivos para que los hombres ocupen estos puestos. El anterior ministro de Educación, Michael Gove, reconoció que las reglas sobre las interrelaciones entre hombres y niños están convirtiendo un trato normal en “un campo de minas”. Así lo resumía un maestro: “El riesgo no vale la pena. Basta una acusación de un niño, de un adolescente o de una madre, y tu carrera se va a pique”.

“Parte de la culpa –dice Daubney– hay que echarla a la tóxica campaña feminista, políticamente motivada, que murmura que ‘todos los hombres son violadores en potencia’. La masculinidad moderna ha sido puesta en el banquillo de los acusados y parece que ahí sigue”.

Mientras tanto, 51.000 potenciales boy scouts siguen sentados ante sus iPads, y en las escuelas los chicos son superados por las chicas en todos los niveles de educación, situación que perjudica de modo especial a los chicos de ambientes desfavorecidos.

“Lo más trágico es que, por tratar a los tan necesarios mentores masculinos como posibles monstruos, estamos perjudicando la educación y las habilidades vitales de toda una generación de chicos y jóvenes inocentes”, concluye Daubney.


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