Rusia: expansión de la filantropía tras el vacío moral del comunismo

Crece el número de instituciones privadas con fines humanitarios

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La difícil situación económica y social que viene atravesando Rusia en los últimos años ha sido acompañada del resurgir de iniciativas privadas con fines humanitarios. Partiendo prácticamente de cero, en la actualidad hay cerca de sesenta mil instituciones independientes dedicadas a estas actividades (cfr. The Economist, 15- VIII-98). Cada vez se organizan mejor y comienzan a hacerse notar, especialmente en los gobiernos locales.

Estas organizaciones han tenido que abrirse camino en el vacío moral que el legado comunista ha dejado en muchos aspectos de la asistencia social. A pesar de la retórica de la camaradería, el sistema impulsaba a cada uno a preocuparse sólo por su familia. Lo demás quedaba en manos del Estado, que impedía cualquier iniciativa social no controlada por el partido. El altruismo quedó así bastante desacreditado por las prácticas abusivas del régimen comunista: el trabajo "voluntario" o las contribuciones "espontáneas" para ayudar a los pobres de otros países no tenían de voluntario más que el nombre.

Las organizaciones humanitarias que ahora van surgiendo no sólo se ocupan de orfanatos, atención de drogadictos, militares heridos, etc., sino que también intentan promover y asentar el reconocimiento de derechos humanos y una adecuada coordinación entre el Estado y la sociedad civil. Tienen, además, que vencer la reticencia de la población frente a unas instituciones que en la era soviética no funcionaban eficientemente.

El voluntariado no está tan extendido como en otros países y muchas de estas organizaciones salen adelante por la abnegada dedicación de miembros que tienen una relación directa con la actividad o problema del que se ocupan (por ejemplo, padres de niños minusválidos, familiares de drogadictos,...). El público tampoco está habituado a dar dinero, pero poco a poco están aumentando los donativos; proceden sobre todo de empresas y hombres de negocios, que tienden a mantenerse en el anonimato por temor al Fisco y a los gángsteres.

Pese a todo, es posible prever un asentamiento de estas organizaciones, que comienzan también a recibir más ayuda internacional; grupos como la Charities Aid Foundation, financiada en parte por el gobierno británico, imparten cursos de formación para los trabajadores de estas instituciones rusas. En la actualidad, hay cerca de cuarenta centros cuyos trabajadores están recibiendo este tipo de formación.

Las autoridades de varias localidades rusas ya han firmado convenios con algunas de estas organizaciones para que atiendan problemas sociales, convencidos de que actúan con mayor eficiencia que las instituciones estatales. Sin embargo, la asignatura pendiente del gobierno es promover una política fiscal adecuada que no desincentive las donaciones o las actividades organizadas de voluntariado.


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