El Observatorio

Reino Unido: escuelas confesionales bajo la lupa de la moral de Estado

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Ofsted, la inspección educativa del Reino Unido, publicó a finales de noviembre su informe sobre el sector de las llamadas “escuelas independientes no asociadas”: los colegios privados ajenos al Independent School Council, que agrupa la mayoría de los centros no mantenidos con dinero público. Los datos son más bien negativos, y especialmente los referidos a las escuelas confesionales o faith schools, que suponen un tercio de todas las “no asociadas”.

Catherine Pepinster, comentarista de asuntos religiosos en The Guardian, señala en un artículo que la crítica subyacente que se encuentra en el informe, la de que este tipo de escuelas difunde en ocasiones ideas contrarias a los “valores británicos”, es imprecisa y por tanto injusta, y contribuye a infundir en el imaginario colectivo la sospecha hacia estos centros (ver Aceprensa, 15-04-2015).

Lo cierto es que las escuelas independientes no asociadas, y especialmente las confesionales, no salen bien paradas, pero los datos más negativos no se refieren a la enseñanza de los valores británicos, sino sobre todo al apartado “administración y liderazgo”. De hecho, mientras que casi el 70% de faith schools suspenden en ese capítulo, menos de un quinto son calificadas como insuficientes en cuanto a la “formación espiritual, moral, social y cultural de los estudiantes”, siempre juzgada por su conformidad con los valores británicos.

No obstante, aunque el porcentaje no es ni mucho menos mayoritario, es bastante superior al de los centros privados no confesionales. Esto hace pensar, aunque el informe no lo dice explícitamente, en un aparente conflicto entre doctrina religiosa y valores británicos.

Sin embargo, como critica Pepinster, el Ofsted no aclara cuáles son exactamente esos valores, ni en qué puntos concretos los estarían contraviniendo las faith schools. “Si un colegio está fomentando activamente que los estudiantes no respeten la ley, o siembra el odio contra algún colectivo; si sugiere que las chicas son inferiores a los chicos y las desincentiva para estudiar carreras científicas o ir a la universidad, entonces hay un problema real, y el Ofsted debe intervenir”, explica Pepinster. Pero si no está claro qué son exactamente los valores británicos, se corre el riesgo de juzgar injustamente a todo un sector de escuelas.

La columnista baja al detalle: ¿se debe considerar la valoración positiva del aborto como un valor británico?; ¿debería castigarse a las escuelas católicas que enseñen lo contario?; ¿no se les debe, más bien, reconocimiento por suscitar un debate ético en este tema, y contribuir así al pluralismo, que siempre se ha tenido por un valor británico?

Por otro lado, meter a todas las escuelas confesionales en el mismo saco no ayuda a entender la complejidad del sector. Por ejemplo, según los datos del Ofsted, mientras que más de la mitad de los centros judíos y musulmanes son considerados “insuficientes”, en los cristianos el porcentaje es de un tercio (y eso sin distinguir la causa del “suspenso”) y, en cambio, la proporción de colegios “excelentes” –lo que incluye el tema de los “valores”– es mayor que en la red pública.


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