¿Qué pasaría en un mundo con cannabis en venta?

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El debate sobre la legalización de las drogas se presta a grandes teorías. Sorprende, por ejemplo, la rotundidad con que algunos dan por hecho que la legalización reducirá el consumo o pondrá fin al narcotráfico. En un terreno tan movedizo, vale la pena ver qué está ocurriendo en los países que han abierto la mano.

Holanda: hartos de intoxicaciones

A diferencia de otros países que permiten adquirir marihuana legalmente para uso terapéutico, Holanda es el único país que ha legalizado su venta en establecimientos autorizados (coffeeshops) para uso recreativo. Lo que se vio fue que, desde que empezó en 1976, hubo un aumento de consumo.

34 años después, muchos políticos holandeses se plantean cómo atajar el cultivo y la venta de drogas. Una de las razones que aducen es que en Holanda sólo se consume el 20% de la producción; el resto se exporta y es aquí, en todo lo que rodea la producción y venta, donde se centra la criminalidad.

Por esta razón, en noviembre de 2008 el gobierno holandés ordenó cerrar en Amsterdam 43 coffeeshops que estaban más cerca de colegios de secundaria de lo que la ley permite (cfr. Aceprensa, 26-11-2008).

Los partidarios de la legalización reconocen que, en efecto, Holanda se ha convertido en un país de tránsito de drogas duras y sintéticas, lo que inevitablemente atrae la delincuencia. Pero achacan el fracaso del ejemplo holandés a la falta de una estrategia global, no a la legalización.

No es casualidad, dicen, que la legalización en Holanda coincidiera en el tiempo con el aumento del consumo en países vecinos como Bélgica, Alemania o Francia, que penalizan la venta de cannabis.

Frente a este argumento cabe oponer el malestar de la sociedad holandesa; cada vez más, los holandeses se quejan de los efectos nocivos que la droga causa en los consumidores nacionales, y no solamente del crimen proveniente de otros países.

Así se desprende de unas declaraciones hechas hace poco por el director de la Oficina de Planificación Social y Cultural, organismo dependiente del gobierno holandés. A juicio de Paul Schnabel, las quejas de la sociedad holandesa “reflejan el convencimiento creciente de que la política de tolerancia no ha mantenido a raya las enfermedades asociadas a las drogas”.

California: pierden los más vulnerables

California fue el primer estado norteamericano que legalizó el cultivo y consumo de marihuana con fines médicos. Hoy, trece estados más y el Distrito de Columbia han hecho lo mismo. En las próximas elecciones legislativas de noviembre, los votantes californianos decidirán si la marihuana pasa a ser una sustancia legal, y su producción, comercio y consumo, regulados y sometidos a tributos.

La ley, conocida como la Proposición 19, permitiría vender la marihuana para cualquier uso. De momento, ha encontrado un amplio rechazo entre líderes negros -principalmente religiosos- de California. También los hispanos están en contra, y en mayor proporción que los negros (cfr. Aceprensa, 22-07-2010).

El motivo que aducen es que la legalización llevaría a un aumento del consumo, con efectos devastadores entre los más vulnerables de sus comunidades (los jóvenes y los pobres). Tienen a su favor el conocimiento directo de los drogodependientes con los que trabajan, o aun la experiencia personal.

Gran Bretaña: jóvenes con trastornos psíquicos

En 2004, el gobierno británico rebajó las penas por posesión y tráfico de cannabis, al pasarlo de las drogas de clase B (la intermedia, donde figuran anfetaminas, barbitúricos y speed) a las de clase C (las menos peligrosas), al lado de anabolizantes y sedantes.

Aunque en la práctica el cambio no significaba gran cosa (la tolerancia de hecho hacia la posesión y el consumo de ciertas cantidades no es ningún secreto), para muchos la medida contribuía a crear en la gente la impresión de que el cannabis y otras drogas son prácticamente inocuas.

En 2008, los datos publicados por el Servicio Nacional de Salud mostraron que el número de pacientes ingresados en los hospitales de Gran Bretaña por problemas de salud mental relacionados con el alcohol y las drogas había subido un tercio en tres años (cfr. Aceprensa, 15-10-2010).

La entonces portavoz de sanidad del partido conservador, Anne Milton, no dudó en establecer una correlación entre ese preocupante aumento de ingresos y la fallida estrategia que emprendió el gobierno laborista.


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