Que las potencias nucleares prediquen con el ejemplo

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Ha comenzado en Nueva York la revisión quinquenal del Tratado de No-Proliferación Nuclear (TNP), al que se han adherido 188 países. Ramesh Thakur, vicerrector de la Universidad de la ONU en Tokio, comenta las dificultades que atraviesa el proceso de contención y desarme ("International Herald Tribune", 18 mayo 2005).

Según el TNP, las potencias nucleares se comprometen a ir desmantelando sus arsenales, y a cambio los demás estados signatarios renuncian a adquirir armas atómicas.

El primer problema está en la definición de potencia nuclear en el TNP: cualquier país que hubiera fabricado y hecho explotar un ingenio nuclear antes de 1967. Así, dice Thakur, "India, Pakistán e Israel pueden probar, desplegar e incluso usar armas atómicas, pero no se los puede llamar potencias nucleares". En cambio, "Gran Bretaña y Francia podrían desmantelar sus arsenales atómicos, y aún seguirían siendo considerados potencias nucleares". Es un modo impropio de abordar un asunto extremadamente serio.

Otro problema es el desarrollo de armamento nuclear al margen del TNP. Lo han hecho India, Israel (se supone) y Pakistán, que no son partes del TNP. Lo han iniciado además Libia y Corea del Norte, en violación del TNP; y este último país no ha abandonado su proyecto nuclear y se ha retirado del TNP. Finalmente, Irán ha realizado actividades prohibidas por el TNP, aunque insiste en que sus fines son pacíficos. No hay entre los firmantes del TNP acuerdo sobre cómo responder a tales casos. "Es imposible despojar a los tiranos de sus armas nucleares una vez que las han conseguido y usado. Y la ONU parece incapaz de hacerlo antes", como muestra el caso de Corea del Norte. Y si las instituciones internacionales no son eficaces, los estados tratarán de actuar por su cuenta, usando la fuerza militar.

Un problema más es la tendencia a meter las armas biológicas y químicas en el mismo saco con las nucleares, llamando a todas "armas de destrucción masiva". Pero unas y otras difieren tanto en la facilidad para adquirirlas y desarrollarlas, como en el poder de destrucción. Tratarlas como si fueran iguales perjudica a la causa de la no-proliferación nuclear. "El tabú contra el uso de armas nucleares es tan fuerte, que resulta difícil imaginar que se empleen fuera del caso de un ataque nuclear enemigo. La tendencia a redefinir su finalidad para incluir la defensa contra todas las armas de destrucción masiva debilita el tabú nuclear y permite a las potencias nucleares oscurecer el hecho de que ellas poseen las más mortíferas de esas armas. Si se admite que las armas nucleares puedan usarse contra las bioquímicas, ¿cómo podremos negar el derecho a desarrollar un arsenal nuclear a Irán, que realmente sufrió ataques con armas químicas?".

En fin, "las cinco potencias nucleares predican pero no practican la abstinencia nuclear. Va contra la historia, el sentido común y la lógica creer que un selecto grupo de cinco países, elegidos por ellos mismos, puedan mantener un monopolio permanente del armamento más destructivo. Ni uno solo de los países que tenían armas nucleares cuando se firmó el TNP (1968) se ha desprendido de ellas". Pero el desarme y la no-proliferación son inseparables. "De ahí el axioma de la no-proliferación: mientras cualquier país tenga armas nucleares, otros -incluidos grupos terroristas- harán todo lo posible para adquirirlas".


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