¿Qué hacer con los alumnos que suspenden?

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La OCDE ha elaborado varios documentos que estudian la tasa de repetición de curso en distintos países, y sus consecuencias en la calidad educativa y en la integración de alumnos de distinto nivel socio-económico.

En anteriores informes (ver Aceprensa, 15-02-2011) ya se observaban grandes diferencias en esta tasa, diferencias que además contrastaban con unos marcos legales bastante similares. Por eso concluía que la mayor o menor preferencia por acudir a la repetición de curso como remedio tiene más que ver con la cultura pedagógica del país que con la legislación. Más allá de esta constatación, los anteriores informes no tomaban postura a favor de uno u otro modelo educativo.

Repetición y resultados

En cambio, en un análisis publicado en julio (PISA in Focus, 6) se establece una vinculación clara entre las altas tasas de repetición y los malos resultados académicos generales, con importantes excepciones como el caso de Hong Kong, Holanda o Bélgica: en los tres casos los muy buenos resultados en la prueba PISA conviven con tasas de repetición por encima de la media de la OCDE, 13% de alumnos de 15 años que han repetido al menos una vez.

En algunos países funciona la fórmula de evitar la repetición. En Japón, Corea del Sur y Noruega no se puede repetir, y la calidad de la educación –según los resultaddos en la prueba PISA– no se resiente. En Finlandia e Islandia, aunque sí se contempla la repetición, es excepcional, y también se obtienen muy buenas puntuaciones en PISA.

Sin embargo, la opción por evitar la repetición de curso no es eficaz en todas partes. El Reino Unido, con una de las tasas más bajas de la OCDE, obtiene puntuaciones inferiores a las de otros países de su entorno con tasas significativamente altas como Francia o Alemania.

Trasladar al alumno no suele funcionar

Además de la repetición de curso, el informe de la OCDE analiza la práctica de trasladar los alumnos más problemáticos a otros centros. En este aspecto los datos no son tan claros, porque se basan en apreciaciones de los directores de los colegios: una media del 18% de los alumnos asiste a una escuela en la que, según el director, se trasladaría “con mucha probabilidad” a un alumno conflictivo a otro centro. Según el informe, los datos de PISA 2009 demostrarían que los países en los que con mayor frecuencia se traslada a los alumnos por estos motivos obtienen peores resultados.

Además de la relación de esta práctica con los resultados en PISA, el informe se fija en su influencia en la integración de los alumnos de las clases sociales más desfavorecidas. El texto afirma que tanto la repetición de curso como el traslado de los alumnos problemáticos se asocia con una brecha más profunda entre los resultados de los alumnos de distintas clases sociales.

No obstante, el informe de la OCDE aclara que la prueba PISA no establece relaciones de causa-efecto: simplemente señala esta asociación de fenómenos. Con lo que queda la pregunta de si es antes el huevo o la gallina: ¿Es la tendencia a hacer repetir curso o a trasladar al alumno problemático lo que provoca una mayor brecha entre clases socio-económicas en la escuela, o es precisamente esta mala integración de las clases más bajas la que hace que se recurra a la repetición de curso y al traslado del alumno?

Está comprobado que cambiar de colegio a un alumno, aunque con ello se pretenda ubicarle en un entorno más homogéneo donde se le pueda atender mejor y no se sienta tan por debajo del nivel, suele ser percibido por este como una confirmación de su poca esperanza en el sistema educativo. Entiende que le han “quitado de en medio”, y sus resultados normalmente empeoran.

Más flexibilidad para poder motivar

En cuanto a los profesores, la OCDE señala que aquellos que trabajan en sistemas habituados al traslado de alumnos tienden a esforzarse menos por “recuperar” a los alumnos desmotivados. En cambio, en los países donde no está contemplada la repetición de curso, los profesores suelen sentir más responsabilidad por el rendimiento de sus alumnos. La clave está en que tengan el suficiente margen de autonomía para poder convertir esa preocupación en propuestas concretas y adaptadas al alumno.

En este punto, aunque de manera indirecta, la OCDE recomienda dotar a las escuelas de más autonomía en cuanto al diseño del plan de estudios y de los métodos de evaluación. Si no, el celo profesional de los profesores puede chocar con la uniformidad que impone un modelo único.


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