Prioridades para asegurar la alimentación mundial

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Olivier De Schutter, relator especial de la ONU sobre el derecho a la alimentación, publica en Le Monde (08-06-2011) un artículo importante, ante el alza de los precios de los alimentos y la próxima cumbre agrícola del G-20 los días 22-23 de junio en París.

Las señales de alarma lanzadas por diversas instituciones, y de modo particular por la FAO, exigen una respuesta de conjunto. De Schutter hace un buen análisis de la situación y presenta sugerencias de gran interés.

Ante todo, recuerda un diagnóstico que se reitera a pesar de su falta de justificación: el hambre en el mundo no se debe a la falta de alimentos. Ese error lleva a muchos gobiernos a aumentar la producción agrícola por medios industriales, para alimentar al número cada vez mayor de personas que se han trasladado del campo a la ciudad, así como para participar en los mercados internacionales. Estos esfuerzos por aumentar la oferta han sustituido a auténticas políticas de seguridad alimentaria.

La realidad se impone: los precios siguen subiendo, progresa el deterioro del medio ambiente, persiste la pobreza rural y la malnutrición. Hace falta tener “la lucidez de reconocer que nos hemos equivocado: el hambre no es consecuencia de un problema demográfico o una inadecuación técnica entre la oferta y la demanda global. Se debe principalmente a factores políticos que condenan a la pobreza a los pequeños agricultores –principales víctimas del hambre–: acceso insuficiente a la tierra, al agua y al crédito; mala organización de los mercados locales; falta de infraestructuras de base; poder de negociación demasiado reducido frente a los intermediarios, y un sector agro-industrial cada vez más concentrado”.

Corresponderá a la presidencia francesa del G-20 impulsar soluciones, que faciliten la aproximación de políticas nacionales distantes entre sí. De la superación de esas divisiones dependen consecuencias reales para el conjunto de la humanidad.

Las cinco prioridades que el relator especial de la ONU para el derecho a la alimentación propone a Nicolas Sarkozy son:

1. Regular y hacer más transparentes los mercados de derivados de los productos agrícolas. Hace faltan reglas internacionales para controlar el impacto de la especulación financiera, una de las causas de la explosión de los precios agrícolas.

2. Fomentar el desarrollo de infraestructuras regionales de almacenamiento. “En la actualidad, el 30% de las cosechas en el sur –el 40% de frutas y legumbres– se pierden por falta de instalaciones adecuadas de almacenamiento. El G-20 debería alentar a las instituciones internacionales y agencias de cooperación para apoyar aún más ese tipo de almacenes.

3. Apoyar la provisión de bienes públicos, como servicios de extensión agraria o construcción de carreteras que acercan a los agricultores a los consumidores urbanos. También es crucial ayudar a los pequeños productores a organizarse en cooperativas y sindicatos, para reforzar su posición.

4. Apoyar la capacidad de todos los países para alimentarse por sí mismos, mediante estrategias basadas en el derecho a la alimentación. Al contrario, desde los años 90, la falta de inversiones en los cultivos de plantas comestibles y la promoción continua de una agricultura de exportación ha hecho a los países menos avanzados altamente vulnerables a la volatilidad de los cambios y a las alzas de precios en los mercados internacionales. La experiencia de algunos países de América Latina muestra que esas estrategias pueden mejorar la seguridad alimentaria de manera sostenible.

5. Fortalecer la gobernanza global de la seguridad alimentaria. El Comité de Seguridad Alimentaria Mundial (CSA) fue reformado a raíz de la crisis de 2007-2008. El CSA es hoy el único foro que reúne a gobiernos, instituciones internacionales y a la sociedad civil para mejorar las políticas de seguridad alimentaria. El G-20 debería reafirmar su apoyo a las orientaciones de ese importante organismo de coordinación internacional.

En conclusión, a juicio de Olivier De Schutter, “el hambre no es una calamidad natural. Pero, precisamente por eso, es un escándalo que es preciso erradicar”.


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