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Calcuta, pobre pero más limpia

El esfuerzo por limpiar y sanear la ciudad atrae a inversores extranjeros


Calcuta está recibiendo inversiones privadas extranjeras gracias a los esfuerzos de sus gobernantes por mejorar la fisonomía de la ciudad. Aunque muchos problemas simplemente se han maquillado, Calcuta es un buen ejemplo de cómo una megápolis, símbolo de la pobreza del Tercer Mundo, puede impulsar el cambio.

La ciudad se ha caracterizado durante años por el caos urbano, la miseria y la suciedad. Tras la independencia de la India, en 1947, la partición del subcontinente y algunas escisiones, como la independencia de Bangladesh, en 1971, han llevado a cientos de miles de personas a buscar vivienda en Calcuta, que tiene hoy más de 10 millones de habitantes. La capital bengalí se convirtió en el paradigma de la pobreza: barriadas míseras sin agua ni electricidad, basura en las calles, cadáveres abandonados, bandas criminales, etc.

En 1991 el gobierno indio cambió de estrategia económica para facilitar la inversión extranjera. Pero Calcuta, gobernada por el partido comunista, no era atractiva para el capital extranjero. Por eso, según informa Newsweek (31-III-97), las autoridades decidieron remodelar una parte de la ciudad para atraer las inversiones. Se construyó una línea férrea hasta el aeropuerto, se hicieron nuevas estaciones y se inauguró un servicio de limpieza para las calles principales. Según las autoridades, "no podíamos esperar inversiones en nuestra ciudad cuando las calles están sucias y reina el mal olor".

Ashim Barman, comisionado municipal, fue el impulsor de la "teoría de las ventanas rotas". Esta teoría, de George Kelling (ver servicio 27/971), consiste en reparar los pequeños desperfectos antes de que se hagan demasiado grandes. En sus visitas a ciudades extranjeras, Barman contactó con inversores privados para que construyeran edificios de oficinas, centros comerciales, aparcamientos, etc., y firmó acuerdos con empresas que gestionaran la energía eléctrica, incineraran la basura o produjeran fertilizantes con ella. En cuanto a la limpieza, Barman organizó un servicio de retirada de basuras nocturno e impuso multas a los hogares que la dejaran en la calle durante el día; lanzó anuncios institucionales para mantener limpia la ciudad e invitó a ciudadanos voluntarios a limpiar las pintadas callejeras y denunciar a sus autores.

Para mejorar el tráfico, las autoridades prohibieron la circulación de camiones y de rickshaws y encerraron en corrales a los animales que deambulaban por las calles. Ahora se circula a una media de 14 km/h, cuando antes no pasaba de los 5 km/h.