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Contrapunto

La autobiografía maquillada de Rigoberta Menchú


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El libro Yo, Rigoberta Menchú (1983) ha circulado por el mundo entero como testimonio conmovedor de la desigual batalla de los indígenas guatemaltecos por defender sus tierras y sus derechos frente a los poderosos. Su autora, una campesina quiché, narra la historia de su familia, a la que un latifundista de apellido español quiso arrebatar la parcela, su medio de vida. Entre otras calamidades, cuenta que el ejército quemó vivo a uno de sus hermanos en presencia de la familia, y que perdió a otro hermano a causa del hambre. El libro dio fama universal a Rigoberta Menchú y a su lucha en favor de los indígenas, y le abrió el camino al premio Nobel de la Paz, que recibió en 1992.

A los quince años, nos enteramos de que buena parte de lo que esa obra cuenta está inventado, tergiversado o exagerado. Sobre Rigoberta Menchú se han publicado centenares de libros e infinidad de reportajes. Pero cada uno debía de limitarse a vestir de nuevo los datos del anterior, pues la verdadera historia sólo ha salido a la luz en Rigoberta Menchú and the Story of All Poor Guatemalans, del antropólogo norteamericano David Stoll. Sin duda, porque Stoll ha hecho lo que ninguno de sus predecesores: investigar in situ durante casi diez años, hablar con más de cien testigos, bucear en los archivos.

Stoll revela que el conflicto por las tierras que constituye el eje del libro fue en realidad una disputa familiar entre el padre de Rigoberta y los parientes de su madre, indígenas como él. El hermano menor que, según Rigoberta, murió de hambre, es diez años mayor que ella y vive, sano y salvo, en el pueblo. El hermano muerto por los militares era un guerrillero abatido a tiros en circunstancias muy distintas, y sin que la familia estuviera presente. También dice Rigoberta que nunca fue a la escuela, y que no aprendió español hasta poco antes de dictar su testimonio a Elisabeth Burgos, la antropóloga venezolana que lo puso por escrito para componer el libro. Pero las monjas de Chicicastenango recuerdan que en su colegio Rigoberta cursó la enseñanza primaria y un año de secundaria. Etcétera.

Ahora nos asombra la actitud acrítica con que todo el mundo recibió la historia contada por Rigoberta Menchú, sin que nadie sintiera la necesidad de comprobar tan impresionante relato. El "cuarto poder" se rindió sin condiciones a la pobre campesina en lucha contra los poderosos que él fustiga. El "ojo público" no quiso ver más que la patética historia de buenos y malos, ideal para contundentes denuncias y estremecedores reportajes "de investigación".

Pero todo sea por un buen fin. Alfonso Alem, director de la Fundación Rigoberta Menchú, de México, ha declarado que las revelaciones de Stoll "no deben poner en cuestión la legitimidad de las demandas del pueblo indio". ¿Y acaso la legitimidad de la causa indígena justifica las falsedades? Como hemos empezado a ver en Chiapas, el problema indígena es bastante más complejo que un simple conflicto entre indios indefensos y blancos perversos. Lo que sí pone en cuestión el libro de Stoll es la credulidad de la sociedad de la información, que puede acumular libros y reportajes sobre una figura pública sin que nadie se moleste en comprobar su historia. Tal vez sea porque la instintiva desconfianza crítica de la prensa baja la guardia ante la capacidad de manipulación del débil. Pero tampoco hay que sacrificar la verdad en aras de una buena causa.

Rafael Serrano