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La “invasión” de EE.UU.


La abundancia de noticias sobre las tensiones en la frontera con México, las caravanas de migrantes centroamericanos y la propia retórica de Trump, pueden abonar la idea de que hay una “invasión” de inmigrantes en EE.UU. Las estadísticas son menos alarmistas, si bien van con cierto retraso.


Al comienzo de la presidencia de Trump en 2017, la población nacida en el extranjero residente en EE.UU. sumaba 43,7 millones de personas, es decir, el 13,4% de la población total. Los principales países de origen de esta categoría de población eran México (26,5%), India (5,6%), China (4,9%) y Filipinas (4,4%).

La gran mayoría de los inmigrantes legales había entrado por razones de reagrupación familiar (68%), mientras que el 12% había obtenido el estatus de residente por razones profesionales, y el 13% como refugiados.

En EE.UU. el presidente determina cada año la cifra máxima de admisión de refugiados. Con Trump, las demandas de asilo han aumentado y las concesiones han disminuido. El límite ha pasado de 110.000 en 2017 a 45.000 en 2018 y 30.000 en 2019. Es curioso que para América Latina se fije un máximo de 3.000, cuando las tres cuartas partes del total de peticiones de asilo proceden de Centroamérica. Pero también en 2016, con Obama, ocurría lo mismo. Por otra parte, la cifra de refugiados admitidos suele quedarse por debajo de la cifra fijada.

Los inmigrantes y sus descendientes van cambiando la composición étnica de EE.UU., pero la población blanca no hispana sigue siendo la gran mayoría

En cambio, las expulsiones de inmigrantes ilegales ya instalados en el país han aumentado en 2017. De todos modos, Trump no logra expulsar tantos ilegales como Obama, que llegó a deportar a más de 400.000 en 2012, mientras que las expulsiones en 2017 se quedaron en 226.000. Lo que pasa es que la retórica de Trump le convierte en xenófobo, mientras que su predecesor podía deportar con guante blanco. Pero también hay que reconocer que EE.UU. concede la nacionalidad a más de 700.000 extranjeros al año, lo cual indica que no ha dejado de ser una nación abierta a los de fuera.

Los inmigrantes y sus descendientes van cambiando la composición étnica de EE.UU., pero la población blanca no hispana sigue siendo la gran mayoría (61,3%), aunque su porcentaje tiende a disminuir. La principal minoría y la de mayor crecimiento es la de hispanos y latinos (17,8%), seguida de afroamericanos (13%) y asiáticos (6%). Aun así, los blancos siguen siendo mayoría en todos los estados, salvo en Hawái, y su porcentaje nacional llega al 77% si se suman los blancos hispanos.

Pero estos datos se refieren a residentes legales. También habría que tener en cuenta a los inmigrantes irregulares, cuyo número es incierto por definición. Según una estimación del Pew Research Center, el número de indocumentados habría bajado de 12,2 millones en 2007 a 10,7 millones en 2016, y representarían la cuarta parte de la población inmigrante.

Son gente que está trabajando, sobre todo en construcción, agricultura, servicio doméstico y turismo. Trump ha dicho que, al ser trabajos de baja cualificación, quitan empleo a los trabajadores nacionales vulnerables. Pero, en un momento en que el país atraviesa una situación de prácticamente pleno empleo, no es evidente que compitan con los nacionales o provoquen una baja de salarios. Más bien parece que solucionan una escasez de mano de obra para ciertos trabajos menos deseados (ver Aceprensa, 20-12-20161).