aceprensa

La ética científica: no solo códigos, también virtudes


Un proyecto internacional pretende combatir el “dumping ético”1 fomentando que se universalicen las buenas prácticas de investigación.


Para contrarrestar la práctica del “dumping ético” o la aplicación de dobles raseros en la investigación, y fomentar el cumplimiento de altos estándares éticos en la investigación a nivel mundial, la Unión Europea financió el proyecto TRUST, cuyo objetivo era el desarrollo de herramientas y mecanismos para la mejora de las estructuras de gobernanza de la investigación de poblaciones vulnerables, contando con su participación.

Concretamente, el proyecto ha desarrollado tres conjuntos de herramientas basadas en el compromiso participativo: (1) un código de conducta global para los patrocinadores de la investigación; (2) una herramienta en línea de contratación de investigación justa, y (3) una herramienta para velar por la ética y el “compliance” de los proyectos de investigación desarrollados en regiones con escasos recursos.

En junio de 2018, el Proyecto TRUST presentó ante el Parlamento Europeo el Código de Conducta Global para la Investigación en Entornos de Escasos Recursos2. La piedra angular del código es la exigencia de que las evaluaciones éticas se realicen en todos los países participantes, no solo en los que se llevará a cabo el trabajo, sino también en los que lo financian. El código se sustenta sobre cuatro valores esenciales para desarrollar la investigación transnacional: la equidad, el respeto, el cuidado y la honradez. La Comisión Europea ya lo ha incorporado a la guía de autoevaluación ética de los grupos de investigación que concurran a las convocatorias del Programa Horizonte 2020.

Siendo necesarias estas iniciativas, que se concretan en códigos y guías de buenas prácticas, lo fundamental es revisar las bases éticas del quehacer investigador. Si los científicos no desarrollan las virtudes que les permiten actuar con justicia en su trabajo, ningún código será suficiente para acabar con las prácticas abusivas. Precisamente una bióloga molecular de la Universidad de Yale, Natalie Kofler, publicó en Nature3 una reflexión acerca de la complicidad que había rodeado el experimento de He Jiankui. Era notorio que el científico chino había actuado con el conocimiento, y quizá la cooperación, de colegas de otros países.

El proyecto TRUST exige que los experimentos pasen una evaluación ética tanto en los países donde se realizan como en aquellos que los financian

“Estoy convencida –escribió Natalie Kofler– de que este silencio es un síntoma de una crisis cultural científica más amplia: una creciente división entre los valores defendidos por la comunidad científica y la misión de la ciencia en sí misma”. Kopler entiende que el objetivo fundamental de la ciencia es el progreso de la sociedad a través del conocimiento y la innovación: curar enfermedades, mejorar la salud ambiental, entender nuestro lugar en el universo, etc. Sin embargo, los valores dominantes en los científicos son la independencia, la ambición y la objetividad. Esos valores son importantes, pero siempre que no colisionen con el fin de la ciencia de lograr el progreso de la sociedad.

Por eso, Kopler propone otras virtudes científicas que inspiren la toma de decisiones a la hora de desarrollar investigaciones y aplicar tecnologías: “Compasión para garantizar que los diseños científicos y tecnológicos sean justos, humildad para garantizar que se preste la debida atención a los riesgos, y altruismo para garantizar que los beneficios se distribuyan equitativamente”.