aceprensa

El marketing de “Juego de Tronos” eclipsa a “The Big Bang Theory”


El final de la serie de HBO Juego de Tronos ha sido tratado de una manera inusitada en los medios de comunicación convencionales, donde ha tenido una llamativa presencia. Tanta que ha dejado poco espacio al final de una de las comedias de situación más prestigiosas y populares, The Big Bang Theory, que se despedía tras doce temporadas.


Dos series muy distintas en cuanto a género, presupuesto, producción, temática, historia, tratamiento y localizaciones acaban de finalizar su recorrido después de bastantes temporadas: ocho y doce, respectivamente. Una, Juego de Tronos1, la produce HBO, una de las grandes plataformas digitales. Detrás de la otra, The Big Bang Theory2, está Warner, una de las majors de Hollywood de toda la vida. En Estados Unidos la emitió un canal de TV en abierto, CBS.

Peleas por un trono

Juego de Tronos es un drama bélico de intrigas palaciegas creado por David Benioff y D. B. Weiss, que previamente habían conseguido los derechos para adaptar las cuatro novelas de George R. R. Martin3 y continuarlas si fuera necesario, como así ha sido. Juego de Tronos (en adelante, JdT) empezó a emitirse en abril de 2011. Han sido 73 capítulos distribuidos en 8 temporadas que se interrumpieron en 2018. El último episodio se emitió el pasado 19 de mayo.

Los seguidores de “JdT” se quejan de que los personajes son menos siniestros, de que hay menos sexo atormentado, de que la violencia es menos brutal

JdT optó desde el principio por una temporada corta, 10 capítulos con una duración cada uno cercana a los 60 minutos. Es la serie más cara de la historia, con un coste medio de 10 millones de dólares por capítulo. La audiencia en Estados Unidos fue creciendo desde los 2,5 millones (la mitad que Boardwalk Empire4 de Scorsese estrenada por HBO el mismo año) hasta los 12 millones de la última temporada.

La presencia en redes sociales de la serie fue creciendo temporada a temporada. Los que la veían no eran una multitud, pero en un porcentaje muy alto no eran espectadores complacidos, sino fans. La diferencia es clara: un fan no está para matices porque su entusiasmo no los permite. Solo un fan etiqueta como hater (odiador) a quien crítica lo que él idolatra.

Sube el ruido, el impacto en la opinión pública. Los millones de personas que no han visto la serie o solo vieron algún capítulo empiezan a tener la sensación de que parece casi obligado conocer una serie de la que muchos dicen que tiene una truculencia difícil de soportar. Se suceden las grandes campañas de promoción publicitaria de HBO, que incluyen eventos en los que se congregan los fans para ver en salas de cine los episodios de apertura y cierre de la temporada, la venta de merchandising…. Hay un año vacante que sirve para que crezcan las ganas de los seguidores de la serie por llegar al final.

Y se produce un fenómeno que ya existía, pero que toma una fuerza inusitada: la adopción de lenguaje fan por parte de muchos críticos de series que escriben en medios convencionales. O la oportunidad que algunos medios ofrecen a los fans para que escriban artículos que no se caracterizan por la ecuanimidad, ni por las gamas de grises: o se ama o se odia, no hay términos medios.

La ola friki de JdT pone en remojo a profesionales que se ven obligados a escribir aceleradamente, casi sin tiempo de reflexión y reposo, de cada capítulo que se emite. El contexto de la última temporada de JdT se caracteriza por el desencanto de los seguidores de la serie, que se quejan de que los personajes son menos siniestros, de que hay menos sexo atormentado, de que la violencia es menos brutal, de que la perversión está perdiendo terreno en favor de una historia de buenos y malos.

Populismo audiovisual

Una de las tendencias de la posmodernidad en lo que se refiere a la comunicación es lograr que algo sea muy visto y/o comentado, independientemente de la calidad de lo que se comunica. Se lo suele llamar ruido, que, como es sabido, puede venir con pocas o muchas nueces. El ruido se convierte en una meta. Y el ruido con JdT ha sido grande, el más grande en la historia del periodismo y de las redes sociales causado por una serie.

Con las maneras del populismo en versión audiovisual (que inventa el juego y la manera de jugarlo) se ha colocado como premisa que “JdT” es una serie muy valiosa

La temporada final de Juego de Tronos ha llenado las páginas de los medios. Y las redes se han llenado de irritados espectadores que se quejaban del destripe de argumentos, de los que se declaraban aburridos de tanta estupidez mitómana, de los que se sentían cada vez más orgullosos de no haber visto un solo capítulo de JdT

Las valoraciones de los críticos de series no han sido especialmente buenas, y casi todos coinciden en que, al acortar el número de episodios, los arcos de los personajes y los conflictos de relación se han visto dañados, convirtiendo la trama principal (la lucha por el Trono de Hierro) y las secundarias (los emparejamientos) en un culebrón pródigo en caprichosos e injustificados giros.

Se apela por lo general a una quiebra del pacto de lectura en una serie que se supone tenía una coherencia hasta el momento de la esperada batalla final contra el Ejército de los Muertos Vivientes y la designación del nuevo ocupante del Trono de Hierro.

La cuestión inquietante –en la que se manifiesta la falta de libertad de juicio que va dominando muchas esferas de la vida cultural, artística, política e ideológica– es que parece que no está permitido negar la mayor: es muy discutible desde el punto de vista del lenguaje audiovisual que el guion y la trama de JdT hayan tenido esa coherencia en las siete temporadas previas a la final. Con las maneras del populismo en versión audiovisual (que inventa el juego y la manera de jugarlo), se ha colocado como premisa que JdT es una serie muy valiosa que merecía un final más brillante y acorde con sus señas de identidad.

A la caza de espectadores

Al final, JdT se ha convertido en la serie más cara y con más volumen de producción de la historia. El trabajo en efectos digitales ha sido formidable y no es comparable al de ninguna serie anterior. Cuatro unidades de rodaje trabajando simultáneamente, decenas de cámaras, un millar de personas en el equipo técnico, centenares de extras para algunas tomas.

En lo que a localizaciones y metraje rodado en escenarios naturales se refiere, la serie es un hito. Irlanda del Norte y Malta, Croacia e Islandia, España y Marruecos. A través de organismos estatales de promoción del turismo, el Reino Unido pagó 15 millones de libras a HBO por el incremento notable de visitantes provocado por la serie. Ciudades como la croata Dubrovnik se han convertido en un destino del llamado “turismo seriéfilo”.

Muchos piensan que “The Big Bang Theory” es la mejor serie cómica solo por detrás de “Friends”

Por último, la serie ha dado juego (trabajo y dinero) a un gran número de actores que han tenido personajes con texto, aunque muchas veces el texto fuese manifiestamente mejorable. Los extras, contratados en los lugares de rodaje, cobraron, sí, pero además, vieron la serie para verse… Otra estrategia de HBO para lograr espectadores y convertirlos en fans.

La decisión de emitir con frecuencia semanal cada capítulo, en vez de colgar entera la temporada como suele hacer Netflix, ha sido muy hábil por parte de HBO. Esta secuenciación semanal, más propia de la TV convencional que de una plataforma digital, ha beneficiado la popularidad de la serie y ha permitido que los periódicos llenaran páginas.

¡¡¡Bazinga!!!

La comedia de situación The Big Bang Theory (TBBT), creada por Chuck Lorre y producida por él en unión con Warner, empezó a emitirse en CBS, un canal de televisión abierto estadounidense. Ha tenido 12 temporadas con un total de 279 episodios de 20 minutos cada uno. El último se emitió el 16 de mayo.

El furor de los comentarios sobre JdT ha hecho que el final de TBBT pasase de puntillas en los medios de comunicación convencionales y que su presencia en las redes sociales haya sido menor de lo que cabría esperar.

El capítulo final ha sido brillante en su capacidad de cerrar tramas abiertas y de hacerlo con amabilidad y buen humor. Hay coherencia en la sorpresa final que culmina el viaje de los personajes protagonistas, un grupo de cuatro amigos científicos muy inteligentes con graves problemas para socializar y desenvolverse en la vida adulta.

Conceptos como matrimonio, hijos, amor, embarazo, sexo, trabajo, perdón, humor, diversión, parodia, ternura han llenado una serie gamberra, con sal y pimienta, que alguna vez fue traviesa y descarada pero casi nunca soez u ofensiva para un público adulto (el target es muy interesante: 19-49 años).

Muchos piensan que The Big Bang Theory es la mejor serie cómica solo por detrás de Friends5 (1994-2004). La construcción de los personajes fue inicialmente genial para crear la situación cómica de partida. Pero es que la evolución ha sido portentosa. Los personajes femeninos que se unieron a Penny (Bernadette y Amy) dieron a la serie un vuelo espectacular.

Siempre se consideró que los personajes de una sitcom canónica debían evolucionar poco, para lograr que el espectador se identificase con la singularidad de cada uno y no hacer que el conflicto de relación tomara demasiada velocidad. En esto último, TBBT ha sido audaz: ha logrado que la egolatría del superdotado físico teórico Sheldon Cooper, el complejo de Edipo del físico experimental Leonard, el pavor a las mujeres del astrofísico indio Raj y el presumido y sardónico ingeniero mecánico Howard se vieran conmocionados por la explosiva llegada de Penny, una aspirante a actriz de Nebraska que se gana la vida como camarera.

La microbióloga Bernadette y la neurobióloga Amy hicieron que la reacción en cadena de humor lleno de inteligencia llenase una serie en la que se han creado situaciones que no dejarán de emplearse para explicar cómo se debe escribir una comedia de situación sin permitir que se estanque, y llevándola hacia un final que deja al espectador con una gran sonrisa y la satisfacción de ver que los personajes han sido fieles al espíritu del humor de TBBT compendiado en ese grito (¡¡¡Bazinga!!!) que ya forma parte de la cultura popular.

Con una media de 12 millones de espectadores en Estados Unidos y un episodio más visto que llegó a los 21 millones, TBBT no comenzó siendo líder en la parrilla de las televisiones en abierto. Su mérito, en gran medida, reside en haberse mantenido hasta llegar a la excelencia, llegando a competir la sexta temporada en día y hora nada menos que con American Idol. Los niveles de redifusión de TBBT son altísimos y, como ya ocurrió con Friends, son muchos los espectadores que repiten con gusto el visionado de capítulos memorables.

“TBBT” queda como ejemplo de cómo se debe escribir una comedia de situación sin permitir que se estanque

El trabajo de los actores es muy notable y hay que tener en cuenta que el rodaje siempre ha tenido lugar en un plató con público, sentado en una grada delante del set. El concurso de personajes invitados como Stephen Hawking, Buzz Aldrin, Elon Musk, Steve Wozniak y Bill Gates fue sencillamente espectacular y, a la vez, común, sencillo e hilarante.

¿Quiénes son como nosotros?

Las comparaciones no son necesariamente odiosas, especialmente si son útiles y pertinentes. Como serie dramática, JdT tiene valores de producción muy interesantes, que serán estudiados con detalle porque han llevado a una serie de larga duración a congregar a una audiencia que inicialmente no existía en los productos anteriores de HBO y de las plataformas de pago que negociaron con ella para emitirla. Su temporada final quizás no fue tan decepcionante si se examinan fríamente las posibilidades dramáticas de la serie: alargar la serie habría llevado a esos valles de normalidad (bondad o algo parecido) que parecen detestar muchos aficionados a esta durísima serie de ficción que quiere asemejarse a la Guerra de las Dos Rosas en la Inglaterra del siglo XV. Sigue sorprendiendo que algunos pretendan que el éxito de la serie se debe a que nos vemos reflejados en los personajes (espero por el bien de todos que no).

TBBT es una comedia y se rige por otros parámetros, pero pocos podrán reprocharle su manera de terminar. Ha sido el final del largo camino hacía la felicidad de un divertido grupo de personajes capaces de hacernos reír con llamadas insistentes en la puerta de enfrente, ascensores estropeados, comidas tumultuosas y divertidos trayectos en coche. Son como nosotros, pero con una gracia explosiva en situaciones que si no nos han ocurrido, nos gustaría que tuviesen lugar.