aceprensa

El Papa aboga por la libertad religiosa en Abu Dabi


El Papa Francisco no cesa en su empeño de fomentar la paz en el mundo, el diálogo interreligioso y el respeto a la libertad religiosa. Su viaje a los Emiratos Árabes Unidos (EAU) marca un hito en ese camino, como lo fue hace casi dos años el realizado a Egipto.


Participó entonces1 en la conferencia internacional para la paz organizada por la pujante universidad suní Al Azhar (El Cairo). Por otra parte, su gran imán, Ahmed Al-Tayeb, creó en 2014 un consejo de teólogos musulmanes que tiene su sede en Abu Dabi: es el organizador del simposio interreligioso sobre la fraternidad humana, celebrado del 3 al 5 de febrero, en el que ha participado el Papa.

Comprometerse con la dignidad de todos

Como antes de otros viajes, Francisco grabó un vídeo, que se difundió el pasado 31 de enero. Una idea central es que la fe religiosa une y no divide, acerca a las personas a pesar de las diferencias teológicas, aleja toda hostilidad y aversión.

El número de católicos en los EAU resulta significativo –cerca de un millón, para una población de 9 millones–, aunque son sobre todo emigrantes filipinos e indios: gozan de cierta libertad, a diferencia de la vecina Arabia Saudita, y pueden asistir a misa en ocho templos. Las celebraciones son en inglés, urdu, hindi y tagalo. Sin embargo, sigue estando prohibida la conversión al cristianismo a los naturales del país.

“Reconocer los mismos derechos a todo ser humano es glorificar el nombre de Dios en la tierra”

Como es natural, el Papa agradece las muestras de apertura y tolerancia, pero no deja de manifestar, en la estela del Concilio Vaticano II y de la insistencia de Juan Pablo II, que la libertad religiosa “no se limita solo a libertad de culto”, como expresó en su discurso2 del día 4. “La actitud correcta –señaló– no es la uniformidad forzada ni el sincretismo conciliatorio: lo que estamos llamados a hacer, como creyentes, es comprometernos con la misma dignidad de todos, en nombre del Misericordioso que nos creó y en cuyo nombre se debe buscar la recomposición de los contrastes y la fraternidad en la diversidad”. Ninguna institución humana, ni siquiera en nombre de Dios, puede forzar la libertad religiosa.

Un documento de condena a la violencia religiosa

Al-Tayeb mantiene con el Papa Francisco relaciones amistosas. El gran imán de Al Azhar propugna un diálogo constructivo, lejos de fundamentalismos y, más aún, del terrorismo. Rechaza también la percepción general en Occidente que aproxima el islam a formas de violencia extrema. A la vez, pide a los países musulmanes que traten a los cristianos como ciudadanos de pleno derecho, como parte de la correspondiente nación, no como minoría meramente tolerada.

Así se recoge en el Documento sobre la fraternidad humana por la paz mundial y la convivencia común3, firmado junto con el Papa con ocasión de esta conferencia. Reconoce las libertades básicas, la dignidad humana, la defensa de la vida o los derechos de la mujer en la sociedad. De modo particular, condena sin paliativos toda forma de violencia –con mención especial de los lugares de culto–, que se intente justificar en nombre de Dios: “Pedimos a todos que dejen de instrumentalizar las religiones para incitar al odio, la violencia, el extremismo y el fanatismo ciego y que dejen de usar el nombre de Dios para justificar actos de asesinato, exilio, terrorismo y opresión”. Esperan que la declaración se convierta en un “símbolo del abrazo entre Oriente y Occidente, entre el Norte y el Sur”.

Igualdad de derechos

La intervención del Santo Padre el 4 febrero, ante las autoridades civiles –incluido el presidente de Egipto Al Sisi– y las religiosas, y los numerosos participantes en la conferencia, fue más larga de lo habitual. Comenzó recordando que se cumple este año el octavo centenario del encuentro entre san Francisco de Asís y el sultán al-Malik al-Kāmil: “He aceptado la ocasión para venir aquí como un creyente sediento de paz, como un hermano que busca la paz con los hermanos. Querer la paz, promover la paz, ser instrumentos de paz: estamos aquí para esto”.

“No hay violencia que encuentre justificación en la religión”

El punto de partida es el reconocimiento de Dios como origen de la familia humana y fundamento de la fraternidad: “Reconocer los mismos derechos a todo ser humano es glorificar el nombre de Dios en la tierra. Por lo tanto, en el nombre de Dios Creador, hay que condenar sin vacilación toda forma de violencia, porque usar el nombre de Dios para justificar el odio y la violencia contra el hermano es una grave profanación. No hay violencia que encuentre justificación en la religión”. “Por lo tanto, la conducta religiosa debe ser purificada continuamente de la tentación recurrente de juzgar a los demás como enemigos y adversarios. Todo credo está llamado a superar la brecha entre amigos y enemigos, para asumir la perspectiva del cielo, que abraza a los hombres sin privilegios ni discriminaciones”.

“No hay alternativa: o construimos el futuro juntos o no habrá futuro. Las religiones, de modo especial, no pueden renunciar a la tarea urgente de construir puentes entre los pueblos y las culturas. Ha llegado el momento de que las religiones se empeñen más activamente, con valor y audacia, con sinceridad, en ayudar a la familia humana a madurar la capacidad de reconciliación, la visión de esperanza y los itinerarios concretos de paz”.

Las dos alas de la paz

A partir del logo de la conferencia –una paloma de la paz– encareció la importancia de sus dos alas: la educación y la justicia. Y precisó que “la paz muere cuando se divorcia de la justicia, pero la justicia es falsa si no es universal. Una justicia dirigida solo a miembros de la propia familia, compatriotas, creyentes de la misma fe es una justicia que cojea, es una injusticia disfrazada”.

“Las religiones, de modo especial, no pueden renunciar a la tarea urgente de construir puentes entre los pueblos y las culturas”

El Papa sintetizó en buena medida su discurso en las palabras finales: “Juntos, hermanos de la única familia humana querida por Dios, comprometámonos contra la lógica del poder armado, contra la mercantilización de las relaciones, los armamentos de las fronteras, el levantamiento de muros, el amordazamiento de los pobres; a todo esto nos oponemos con el dulce poder de la oración y con el empeño diario del diálogo. Que nuestro estar juntos hoy sea un mensaje de confianza, un estímulo para todos los hombres de buena voluntad, para que no se rindan a los diluvios de la violencia y la desertificación del altruismo. Dios está con el hombre que busca la paz. Y desde el cielo bendice cada paso que, en este camino, se realiza en la tierra”.