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El sentido espiritual del arte sacro


Conocido por sus mosaicos, Marko Ivan Rupnik ha meditado ampliamente sobre el significado litúrgico del arte.


Hay una estrecha vinculación existencial entre las enseñanzas que transmiten los ensayos de Rupnik y su obra artística. Desde muy joven, mostró dotes para la pintura, hasta el punto de que sus superiores en la Compañía de Jesús –institución en la que ingresó en 1973– le aconsejaron ampliar estudios en la Academia de Bellas Artes de Roma. Como pintor, llegó a alcanzar cierto renombre con obras de estilo abstracto y vanguardista. Fue en esa época cuando tuvo una crisis artística; conoció a Špidlík, dejó de pintar y comenzó un proceso de transformación espiritual.

Rupnik explica que, gracias a la oración y al estudio, superó aquella crisis y se alejó definitivamente de esa concepción del arte, predominante en Occidente, en la que ve una expresión de la subjetividad y el arbitrio de quien lo crea. A su juicio, detrás de esa concepción artística hay una visión antropocéntrica que, desde el Renacimiento, ha ido vaciando espiritualmente la cultura y cancelando, como muestran las vanguardias o el arte virtual, la relación de la obra de arte con la vida. Él busca un arte espiritual mediante el cual desvelar el amor de Dios.

Así, para él, el problema del arte es, de nuevo, un problema de índole religiosa. Habla del arte contemporáneo como un “gran confesionario”, que expresa el anhelo de sentido, pero que también es la falsa salida a la que conduce el subjetivismo radical.

Rupnik se decanta por lo figurativo, por los colores vivos y luminosos, intentando hacer visible aquello que está oculto

A diferencia de lo que ocurría en su juventud, y tras el estudio de los iconos y la tradición bizantina, el artista esloveno reivindica la potencia simbólica y la fuerza espiritual del arte figurativo. “El arte no puede ser solamente expresión del sujeto –apunta– (…). El arte es un servicio”, ya sea revelando la maravilla de lo real, como el arte profano, o suscitando profundos sentimientos hacia el ser supremo, como el arte religioso.

El arte como “teatro de la salvación”

Por encima de esos dos tipos, coloca al arte litúrgico, cuya finalidad es “poner al creyente en comunión con Dios”. En este sentido, valora negativamente la decoración abstracta que hoy predomina en muchas iglesias, pues, en su opinión, la estética es una parte integrante de la liturgia.

“El pueblo de Dios se está empobreciendo mucho –escribe–, porque el cristianismo es una religión donde el Rostro es la esencia de la fe. Es un poco difícil para un cristiano rezar delante de una pared, si nuestra manera de rezar es la relación con un Tú”. El espacio de la liturgia debe simbolizar la dimensión sobrenatural en la que esta tiene lugar. El arte litúrgico, concluye, es el auténtico escenario y “teatro de la salvación”.

En sus obras apuesta por lo figurativo, por los colores vivos y luminosos, intentando hacer visible aquello que está oculto. No importa la belleza formal o el realismo, sino la dimensión sobrenatural que sus creaciones revelan. En sus mosaicos aparecen figuras sobredimensionadas; el rostro de Jesús normalmente ocupa el espacio central y en ellos juega sabia y bellamente con el significado de los colores.

La capilla del Santísimo de la Catedral de la Almudena, en Madrid, la capilla Redemptoris Mater, en el Vaticano, o los mosaicos en los santuarios marianos de Fátima y Lourdes muestran el peculiar estilo de Rupnik y su equipo. La preferencia por el mosaico obedece a una profunda convicción interior: el trabajo con teselas irregulares exige conocer a fondo –amar– la materia, así como un íntimo contacto con la realidad creada. Y al ser un trabajo coral, es también una auténtica “experiencia eclesial”.