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Los diarios de Emilio Renzi (II y III)

Los años felices y Un día en la vida


Autor: RICARDO PIGLIA

Los años felices Anagrama. Barcelona (2016). 424 págs. 21,90 € (papel) / 9,99 € (digital).

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Un día en la vida Anagrama. Barcelona (2017). 296 págs. 21,90 € (papel) / 9,99 € (digital).

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Unos meses después de la muerte de Ricardo Piglia3 (1940-2017), sin duda uno de los hombres de letras argentinos más destacados del pasado siglo, ve la luz el tercer y último tomo de sus diarios. Son la crónica de una vida dedicada a la literatura, a su producción, consumo y enseñanza; columna vertebral de unas páginas donde todo lo demás –amores, amistades, preocupaciones económicas, política local, enfermedades, ciudades y viajes– es simplemente la argamasa que ensambla el castillo de letras que es su vida.

El esquema cronológico se alterna con una concepción temática. El tiempo personal es organizado sobre la base de series discontinuas; la alternancia de personas narrativas (primera y tercera) mide las distancias que se establecen sobre lo que se cuenta. La concepción, estructura, título y estilo de estos tres valiosos volúmenes (Años de formación4, Los años felices, Un día en la vida) están llenos de buena literatura. El primer tomo (ver Aceprensa, 16-12-2015) llegaba hasta 1967, cuando con 26 años había publicado su primer conjunto de relatos; el segundo abarca hasta sus 34 años; el último sigue una redacción cronológica hasta 1982 (cuando el autor tiene 41 años), habla en muchas páginas de la redacción de Respiración artificial, considerada su mejor novela, e incorpora dos largos capítulos finales sin marca de tiempo. La revisión y edición de estos diarios es el último trabajo que llevó a cabo el autor antes de morir.

El texto revela un gran talento literario, desde muy joven. Son muy destacables los comentarios y análisis que hace de numerosas obras literarias y filosóficas, así como el relato de su propio proceso de escritura y de su concepción del acto de leer. Cuenta sus tensiones entre vivir o los libros; la necesidad de dinero, que le impone un ritmo de publicaciones no siempre compatible con su estándar de rigor; el recurso al alcohol y las anfetaminas; la multiplicación de proyectos y su fuerte presencia en los mundos editoriales y académicos; el miedo al fracaso y sus coqueteos con el suicidio. El conjunto es de lo mas variado, sin excluir aforismos, conversaciones, sueños y esbozos de historias. Los cuadernos reflejan su biografía intelectual (Marx, Brecht, Freud y los existencialistas) y la adoración a Borges.

Hay mucho también sobre sus amigos, con los que se muestra normalmente generoso, sobre las mujeres de su vida (no pocas), sobre las vicisitudes políticas de su país (que cuestan el exilio a muchos de su entorno), y sobre sus aficiones (el ajedrez, el cine policiaco).

Ironía, desahogo, inteligencia, juego, ricas páginas que dirán cosas distintas a cada lector, y harán profundizar en las relaciones entre escritura, olvido y tiempo. El padre de Piglia le decía que el fútbol es como la vida, nunca gana el mejor. A veces no ocurre así. Este autor no quedará como escritor rico y popular, pero sí como destacado intelectual y creador original y culto.