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Un día en el atardecer del mundo

One Day in the Afternoon of the World


Autor: WILLIAM SAROYAN

Acantilado. Barcelona (2017). 224 págs. 18€. Traducción: Stella Mastrangelo.

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Una mañana de finales de septiembre de 1955, Yep Muscat, escritor de origen armenio afincado en California, llega a Nueva York para realizar diversas gestiones con editores y productores teatrales, y para encontrarse con Laura, su mujer, una actriz secundaria de la que se ha divorciado, y con sus dos hijos, que pasan una temporada allí porque la madre participa en una comedia. Un día en el atardecer del mundo, que probablemente recoge bastantes experiencias del propio Saroyan2, es el relato de la breve estancia de Yep Muscat en la gran ciudad.

Se trata de una historia de contrastes: por un lado, las dificultades económicas y las duras negociaciones con agentes literarios, editores… en un ambiente pragmático, sin contemplaciones, casi inhumano. Por otro, la relación de Yep con las personas del viejo hotel Great Northern –que ha visitado otras veces–, con amigos y paisanos de origen armenio con los que se encuentra y, sobre todo, con su mujer y con Van y Rosey, sus hijos. En este aspecto del relato, Nueva York parece más una pequeña ciudad que la gran urbe que es, porque, entre caminatas, comidas, asistencia a espectáculos deportivos o teatrales… Saroyan muestra un buen elenco de personajes cordiales, humanos, que se aprecian, que sufren y gozan juntos, muy pegados al terreno y al día a día, hasta el punto de que el lector se siente en familia con ellos. Especialmente entrañable es la relación del escritor con sus hijos. También se rinde homenaje al equipo de béisbol de los Dodgers de Brooklyn, que disputan la Serie Mundial a los Yankees.

Puesto que se trata de las andanzas de Muscat por la ciudad durante una semana aproximadamente, abundan las descripciones de rincones neoyorquinos (calles, parques, restaurantes, teatros, oficinas…) y, sobre todo, los diálogos, muy conseguidos, porque permiten al lector descubrir la personalidad de los protagonistas, además de conocer noticias de su pasado, al hilo de las conversaciones. Hay humor, comprensión, generosidad, afecto… Me ha parecido antológico el diálogo del escritor con su hija Rosey, mientras pasean por la Quinta Avenida. Saroyan en plena forma, como en algunas de sus mejores obras.