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El Observatorio

Una iglesia y una mezquita, unidas por el respeto en Indonesia


Una iglesia protestante y una mezquita de Jakarta, la capital de Indonesia, fueron las protagonistas de un reciente reportaje en el New York Times1, acerca de la actitud de cooperación que pueden desarrollar comunidades de diferente credo.


“Las dos casas de oración –apunta el diario– son vecinas amistosas y colaboradoras, al tiempo que un ejemplo de pluralismo en la nación musulmana más populosa del mundo, en un momento de crecientes temores por la intolerancia religiosa”.

“Nos respetamos mutuamente” afirma Nur Alam, el imam de la Gran Mezquita Sunda Kelapa. “Si no ofendemos a otras personas, entonces nos respetarán”. Al otro lado de la calle, en la iglesia de Sant Paul, el pastor Adriaan Pitoy también da por buena una relación que es apenas uno de los pasos positivos que dice dar su comunidad. “También vamos –añade– a otras mezquitas a promover el diálogo. Nuestros vínculos con nuestros amigos de al lado es normal”.

“Normal”, en este caso, significa compartir sitio en el parking durante los servicios más concurridos –la oración del viernes en la mezquita, el servicio sabatino en la iglesia–; celebrar sesiones de diálogo interreligioso, u organizar torneos de voleibol. Durante el Ramadán, cuando los musulmanes hacen su ayuno diurno durante un mes, los trabajadores de St. Paul, algunos de ellos musulmanes, llevan alimentos de la iglesia a la mezquita para que los ayunantes coman al ponerse el sol.

Según el periódico, sin embargo, aunque puede parecer una excepción, los casos de armonía entre comunidades religiosas vecinas se replican en varias partes del archipiélago indonesio, el 90% de cuyos habitantes es de fe islámica. El problema es que experiencias de este tipo son, por norma, oscurecidas por los reportes de la prensa internacional y de las redes sociales sobre la intolerancia y los temores a la “islamización” del país.

En años recientes, grupos islamistas de línea dura han efectuado varios ataques a minorías religiosas como los cristianos y los chiitas, y han forzado el cierre de cientos de iglesias y otras casas de oración. Además, y para mayor satisfacción de los islamistas, el exgobernador de la ciudad, el cristiano Basuki Tjahaja Purnama, está ahora mismo en prisión por dos años, condenado por blasfemia contra el islam.

Pese a estos incidentes, el pastor Pitoy y el imam Nur aseguran que la tradición de pluralismo religioso no está en peligro allí. “El pueblo de Indonesia sabe que ha habido conflictos entre grupos religiosos, pero realmente no ha sido por razones religiosas, sino políticas, económicas y por cosas así”, dice el reverendo. No obstante, la organización de derechos humanos Christian Solidarity Worldwide, fundada en el Reino Unido, publicó un informe en el que revelaba que dicho pluralismo está “bajo amenaza severa”, y que la reputación del país como una nación islámica moderada y democrática que protegía la libertad religiosa, estaba deteriorándose.

Tanto el imam como el pastor consideran, sin embargo, que el problema no es de intolerancia, sino de falta de educación, dado que menos de la mitad de los nacionales han terminado la escuela primaria. Es, dice el reverendo Pitoy, una cuestión de “pobreza, y de hacer realidad la justicia social”.