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El Observatorio

Se disparan las ventas de audiolibros


Las ventas de audiolibros crecieron un 38% en Estados Unidos durante 2015, según la Asociación Americana de Editores, a un ritmo muy superior al de los libros impresos -que no superaron el 8%-, e incluso al de los e-books cuya facturación se redujo en un 11%.


Este sorprendente despegue de los audiolibros tiene mucho que ver con la extensión de la tecnología y con el cambio de hábitos de consumo. Llevar un smartphone encima reclama contenidos, y se ha creado la costumbre de buscar entretenimiento con el que rellenar cualquier traslado o espera: ya no son solo descargas de juegos, música o vídeos; los libros leídos han conseguido abrirse paso y son ya un negocio pujante.

Según The Wall Street Journal1, las causas de este crecimiento espectacular se encuentran en el precio: descargar un audiolibro cuesta la mitad que disfrutarlo en un CD; además, a través de una suscripción pueden conseguirse los ejemplares incluso por un precio inferior. Los audiolibros no solo se han extendido con los dispositivos móviles, sino también por la posibilidad disfrutarlos en los coches con las opciones de conexión de sonido vía Bluetooth, cable o USB. Incluso las bibliotecas ofrecen ya el acceso a este formato.

Los principales críticos del nuevo consumo literario afirman que no es lo mismo leer, una actividad intelectual que requiere cierta concentración, que escuchar. El autor Colm Tóibín, por ejemplo, equiparó hace meses la distancia que existe entre leer una novela y escucharla a la que puede haber “entre correr un maratón o mirarlo por televisión”. Tiempo después tuvo que matizar sus comentarios, explicando que considera un audiolibro como un tipo de actuación, similar a una novela radiofónica, que puede resultar “lo más adecuado para un viaje largo en coche”, pero que no reemplaza la lectura.

Mientras la demanda de audiolibros crece entre los acostumbrados a la multitarea, las empresas productoras están desarrollando ya estrategias para extender sus ventas. Algunas han contratado actores de fama para ocuparse de las locuciones; otras, en cambio, piden a sus escritores que adelanten la aparición de sus novelas por esta vía, como ocurrió con Stephen King y su obra Drunken Fireworks, para darles publicidad. Amazon ofrece la posibilidad a los compradores de e-books de alternar entre la pantalla y el sonido, por lo que un libro que uno comienza escuchando en un trayecto puede acabarse tranquilamente sobre una pantalla ya sentado en casa.