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Para la Santa Sede, el Estado de Palestina es una realidad


La Santa Sede quiere velar por la libertad de religión de 60.000 cristianos que viven en los territorios palestinos

La Santa Sede y las autoridades palestinas han ultimado un documento que regirá las relaciones entre ambas entidades y que sustituirá el “Acuerdo Básico” del año 2000, según la nota conjunta1 publicada por la Oficina de prensa vaticana. El nuevo texto, denominado “Acuerdo Global”, vendrá a regular el estatus de las instalaciones católicas en Gaza y Cisjordania en materia de personal e impuestos. Y todo marcha todo bien, excepto para un actor externo: Israel, al que le molesta una frase específica empleada en el pacto: “Estado de Palestina”.

El anterior acuerdo había sido establecido entre la Santa Sede y la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), mientras que en el nuevo se habla de un Estado. Y es lo que el gobierno de Benjamín Netanyahu, que semanas atrás juró y perjuró que si era reelegido no habría jamás nada parecido a un Estado palestino coexistiendo junto a Israel, ha calificado de “decepcionante”.

Un portavoz del Ministerio de Exteriores de Israel ha dicho que estudiarán el documento y adoptarán una postura, que, previsiblemente, sea cual fuere, es casi seguro que no tomará en cuenta la añeja resolución 181 de la Asamblea General de la ONU, de 1947, que decidió la partición de Palestina (hasta entonces un protectorado británico) en dos Estados: uno judío (en la mayor parte de la tierra) y otro árabe. El primero vio la luz en 1948, y el segundo, casi 70 años después, no acaba de nacer del todo, pues aunque 135 países le han otorgado su reconocimiento, no tiene competencias plenas sobre su territorio, que asemeja un queso agujereado por muros, checkpoints y colonias israelíes, consuetudinariamente declaradas ilegales por la comunidad internacional.

Dos Estados

Cabe decir, como en otras ocasiones, que la reticencia apriorística del gobierno israelí al acuerdo y a los “nuevos” términos, en manera alguna tiene que identificarse automáticamente con la postura de todos los judíos que viven en Israel o en otros sitios del orbe, del mismo modo que no es identificable la crítica a determinadas políticas de Tel Aviv con el “antisemitismo”, algo que a algunos siempre les interesa mezclar.

También notables personalidades políticas europeas, de diversos signos políticos, acaban de enviar una misiva2 a las más altas autoridades de la UE para pedirles una mayor implicación del bloque en la “construcción de una política efectiva” en el tema palestino, tras la reelección de Netanyahu. Entre los firmantes, algunos de apellidos tan conocidos como Solana, Rocard, Ferrero-Waldner, Robinson, Moratinos, etc.

En la UE, el nuevo gobierno de Suecia reconoció al Estado palestino el pasado octubre. Y en los últimos meses, los parlamentos de España, Francia, Reino Unido e Irlanda han aprobado resoluciones pidiendo a sus gobiernos que también lo reconozcan.

Según declara al The York Times3 David Rosen, director internacional de Asuntos interreligiosos del American Jewish Committee, el tratado vaticano-palestino “no tiene que significar ningún cambio drástico”, toda vez que ha habido muchas diferencias y debate entre la Iglesia y los palestinos acerca de la libertad de religión de los 60.000 cristianos que viven en Gaza y Cisjordania, rodeados de millones de musulmanes.

“Desde el punto de vista del Vaticano, hay una nueva terminología, pero en esencia, no creo que nada nos lleve a concluir que el Papa Francisco esté menos comprometido con la seguridad, el bienestar y la prosperidad de Israel”, destacó.

El acuerdo vaticano-palestino ha molestado a Israel, que sigue sin aceptar la solución de dos Estados

Sin novedad en el lenguaje diplomático vaticano

Sucede, además, que el gobierno israelí despierta tarde a la realidad de esta “nueva” expresión. En un artículo para Crux4, el vaticanista John Allen Jr. recuerda que la diplomacia vaticana está empleando el término “Estado Palestino” desde noviembre de 2012, cuando la Asamblea General de la ONU votó para admitir el estatus de Palestina como Estado observador no-miembro, y que la Santa Sede ha defendido siempre la estadidad de esa nación.

Asimismo, hace notar que la votación de la ONU se produjo bajo el papado de Benedicto XVI, por lo que el reconocimiento de Palestina como Estado no es ninguna ocurrencia política de Francisco. Asimismo, cuando en 2013 el Vaticano anunció el comienzo de las negociaciones para el nuevo tratado que está a punto de entrar en efecto, afirmó que las conversaciones tendrían lugar “con los representantes del Ministerio de Exteriores del Estado de Palestina”.

Quizás, más que rasgarse las vestiduras por los acuerdos de otros, el Estado de Israel debería poner velocidad y remedio al asunto de sus propios desencuentros con la Santa Sede. Desde que el Vaticano reconoció al Estado de Israel en 1993, los sucesivos gabinetes israelíes no han facilitado que se llegue a un acuerdo para el reconocimiento de la personalidad jurídica de las instituciones de la Iglesia, cuestiones de impuestos y expropiaciones, como recuerda el diario Jerusalem Post5.

Pero no cabe duda de que la Santa Sede es consciente de las repercusiones en el ámbito político de su reconocimiento0 del Estado palestino. En una entrevista publicada en el Osservatore Romano, Mons. Camilleri, Antoine Camilleri, subsecretario de Relaciones de la Santa Sede con los Estados, explica que “sería positivo que el acuerdo alcanzado pudiera de alguna manera ayudar a los palestinos a ver establecido y reconocido un Estado de Palestina independiente, soberano y democrático que viva en paz y seguridad con Israel y sus vecinos”.