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El Observatorio

La filantropía con mentalidad empresarial


El Instituto Pasteur y Le Monde celebraron en París el 31 de marzo las IV Jornadas de la Filantropía. El diario publica una amplia información1, que arranca con la referencia a una nueva realidad: la incorporación de jóvenes triunfadores, procedentes sobre todo del sector de las nuevas tecnologías.

En 2014, tres de los más importantes donantes estadounidenses estaban en los treinta años. Y de los diez mil millones de dólares aportados por los cincuenta principales filántropos del país, la mitad provenía de empresarios que habían hecho su fortuna con las nuevas tecnologías. Ciertamente, la mayoría de los grandes filántropos tiene más de 70 años, pero una nueva generación toma el relevo, también fuera de Estados Unidos, incluida Francia, como señala Nathalie Sauvanet, de BNP Paribas Wealth Management. Un factor añadido en esta evolución es la tendencia a profesionalizar las inversiones filantrópicas, aplicando a las fundaciones técnicas empresariales.

“La filantropía es una especie de laboratorio de innovación del bien común. (…) No somos una ventanilla que concede subvenciones. Tenemos una mentalidad empresarial. La idea es trabajar en estrecha colaboración con el proyecto seleccionado para asegurar que se lleva a término”, explica Olivier Brault, director general de la Fundación Bettencourt-Schueller, la más importante de Francia, con 50 millones de euros previstos en donaciones en 2015.

Christian Brechot, director del Instituto Pasteur, comenta que los donantes quieren conocer, medir, evaluar los efectos: “el filántropo se ha convertido, en los últimos años, en actor de su generosidad. No basta facilitarle una vez al año información sobre el uso de su dinero. Organizamos reuniones y sesiones de trabajo con los investigadores. A los grandes donantes, especialmente los extranjeros, debemos presentarles verdaderos ‘business plans’ para cada proyecto”. Porque se observa una creciente internalización en la búsqueda de recursos para actividades sin ánimo de lucro.

Concretamente, los “filántropos de los países árabes tienen ahora una visión estratégica y no se limitan a una especie de acto de caridad. Quieren estar implicados y evaluar el impacto de las misiones que apoyan”, dijo Atallah Kuttab, fundador de una consultora jordana, Saaned for Philanthropy Advisory in the Arab Region.

Como escribe Frédéric Cazenave en Le Monde, “las cifras de la filantropía americana dan vértigo. Los activos de las fundaciones llegan a 833 mil millones de dólares (763 mil millones de euros) –el PIB de Bélgica y Portugal reunidos–; y en 2014, los cincuenta primeros filántropos donaron la friolera de diez mil millones de dólares.

Desde luego, la generosidad no es exclusiva de las grandes fortunas. Cada año, en Francia, alrededor de 5,5 millones de hogares contribuyen al bien común, donando un total de 2.200 millones de euros a fundaciones, asociaciones y organizaciones diversas. Del simple donativo al “crowdfunding”, las posibilidades de ayudar son múltiples y variadas, también a través de las redes sociales y las apps diversas de la telefonía móvil.