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El final de Sancho Panza y otras suertes


Autor: ANDRÉS TRAPIELLO

Destino.
Barcelona (2014).
432 págs.
19,50 €.



Una versión de esta reseña se publicó en el servicio impreso 07/151

Diez años después de publicar Al morir don Quijote, regresa el escritor Andrés Trapiello (1953) a la historia de los personajes más cercanos al hidalgo. Vuelven a aparecer la ama Quiteria, la sobrina Antonia, el Bachiller Sansón Carrasco y, sobre todo, Sancho Panza, cada vez más quijotizado.

Esta nueva novela enlaza con el argumento de Al morir don Quijote. La situación en la aldea es complicada para todos; el bachiller Sansón, enemistado con su familia, se ha casado con la sobrina de don Quijote, Antonia, ahora más madura tras una fase de veleidades amorosas que pusieron en serio peligro su fama; la ama Quiteria, amargada, echa continuamente de menos a don Quijote; y Sancho, cabizbajo y deprimido por la ausencia de su amo, se siente como encerrado en el pueblo, ansioso de nuevas aventuras.

Hartos de los problemas que tienen en la aldea, asediados por un escribano sin escrúpulos que quiere hacerse con la hacienda de don Quijote, deciden emprender rumbo a las Indias. Todos, menos Sancho, están decididos a rehacer allí sus vidas. Sancho no mira con buenos ojos un viaje tan arriesgado, sin su familia y con la fama negativa que también tenía viajar a las Indias, “refugio y amparo de los desesperados de España, iglesia de los alzados, salvoconducto de los homicidas, pala y cubierta de los jugadores, añagaza de las mujeres libres y, en fin, engaño común de muchos y remedio particular de pocos”. Pero Sancho sabe que su destino está irremediablemente unido al de Sansón y los familiares de don Quijote.

Toda la primera parte cuenta las numerosas dificultades que padecen durante el camino y en la ciudad de Sevilla hasta que consiguen embarcarse. Algunos sucesos tienen el eco de Rinconete y Cortadillo. El abigarrado ambiente sevillano está muy bien descrito: hay autos de fe de la Inquisición, la descripción del puerto y de la cárcel, peleas, asaltos, visitas a academias… hasta entran en un corral de comedias donde, curiosamente, los actores representan algunas de las aventuras de don Quijote. Y por fin viajan a las Indias. Allí intentan rehacer sus vidas.

La huella de don Quijote en cada uno de estos personajes es muy fuerte y marca sus vidas, todos le recuerdan constantemente, bien porque han asimilado los valores idealistas de don Quijote, como les sucede a Sansón y Sancho, bien porque se encuentran con personajes que proceden de las historias narradas por Cervantes, bien porque muchos han leído las aventuras del Caballero de la Triste Figura.

Como en Al morir don Quijote, Trapiello recrea no sólo el estilo literario de Cervantes, lo que ya de por sí tiene mucho mérito; lo más importante es que reproduce el espíritu cervantino sin que suene a impostado. La novela es cervantina en su estilo, ambientación, descripciones, personajes y desarrollo argumental, con la inclusión de deliberadas y enrevesadas historias bizantinas, como sucede en el Quijote, repletas de casualidades insospechadas.

Los retratos de personajes son herederos de la pluma cervantina y hay también irónicas alusiones al realismo mágico americano y muchas referencias metaliterarias que tienen que ver, aunque no solo, con el Siglo de Oro español. No faltan discursos muy emotivos y sobresalientes, como la carta de Sancho a su mujer Teresa cuando decide irse con el bachiller Sansón a Sevilla o la magnífica despedida de Sancho de su rucio poco antes de zarpar de Sevilla o las palabras de Sansón referidas a la fidelidad de Sancho Panza: “A lealtad nadie te fue a la mano ni consentiste que nadie te tocara un pelo de la barba”, porque “tú has sido la verdadera obra de don Quijote, en punto a libertad”.

Trapiello vuelve a realizar un grandísimo homenaje a Cervantes demostrando que el mundo que creó y sus valores siguen alimentando la vida y la literatura muchos siglos después.