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El gobierno chino lee la cartilla a los hijos de padres mayores


Los 24 dechados de piedad filial son unos antiguos cuentos moralizantes muy conocidos en China. Aún se leen en las escuelas, aunque al cabo de seis siglos han quedado atrasados. Entre los ejemplos del libro están el de la mujer que se rebanó el hígado para alimentar a su madre enferma y el del hombre que se vendió como esclavo para pagar las exequias de su padre.

El gobierno chino está muy interesado en fomentar la piedad filial, y por medio de dos organismos estatales, uno para las mujeres y otro para los ancianos, el pasado agosto publicó una nueva versión de las edificantes fábulas, informa The New York Times1. Las moralejas están actualizadas de acuerdo con las necesidades del momento: lleva a mamá al cine, visita a tus padres con frecuencia, págales un seguro médico.

El afán didáctico del régimen se explica por el rápido envejecimiento de la población china, que multiplica el número de ancianos justo cuando el severo control de la natalidad ha reducido el de hijos que puedan cuidar de ellos. Además, la búsqueda de oportunidades en zonas más prósperas ha llevado a muchos hijos únicos a separarse de sus padres.

El Times da algunas estadísticas expresivas. Los mayores de 60 años, que ahora suman 185 millones, se triplicarán antes de 2050. Para entonces, la población china tendrá una edad media mayor que la estadounidense, pero con una renta quizá dos tercios más baja. En total hay en China unos 250 millones de trabajadores emigrados de sus lugares de origen. Más de la mitad de los hogares (el 70% en algunas zonas) están compuestos por matrimonios mayores sin compañía de hijos; visto lo mismo desde otro lado, casi la mitad de los mayores de 60 años viven separados de sus hijos.

Para muchos de los destinatarios de las parábolas, Los nuevos 24 dechados de piedad filial resultan ridículos o irritantes. A oídos de tantos trabajadores emigrados que apenas pueden permitirse días libres, las lecciones de ver a menudo a los padres o llevarlos consigo en las vacaciones no suenan más realistas que las consejas originales.

El régimen quiere reavivar la tradición china de cuidar a los padres ancianos, porque ve venir unas necesidades de atención gigantescas a las que no podrá hacer frente con los servicios públicos. Por si los sermones no bastan, el Congreso Nacional del Pueblo (parlamento nominal) prepara una ley para obligar a los hijos a “volver a casa con frecuencia para visitar a sus padres”. Si no lo hacen, los padres podrán demandarles, según el impracticable proyecto.

Un famoso comentarista de la prensa china ha criticado la campaña para inculcar piedad filial. “Si el seguro médico nacional estuviera a la altura de las necesidades, los hijos no tendrían que preocuparse tanto de la salud de sus padres, y si las empresas estuvieran obligadas a dar un mínimo de vacaciones, los hijos podrían volver a casa más a menudo”.