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Havel y Juan Pablo II: “Me atrevo a decir que éramos amigos”


“Me atrevo a decir que éramos amigos”, declara Václav Havel sobre Juan Pablo II en su libro de recuerdos Sea breve, por favor. Su bienvenida a Juan Pablo II cuando visitó Checoslovaquia en 1990, revela esa sintonía intelectual y cordial.


Participo en un milagro”
En el discurso de bienvenida que pronunció en el aeropuerto de Praga el 21 de abril de 1990, Václav Havel puso de relieve que la caída del comunismo debía interpretarse bajo una luz distinta de la habitual en los análisis políticos.

“No estoy seguro de saber qué es un milagro. A pesar de ello, me atrevo a decir que en este momento participo en un milagro: el hombre que hace seis meses era arrestado como enemigo del Estado se halla aquí en el día de hoy como presidente de ese Estado, y da la bienvenida al primer pontífice que pone el pie en este país en toda la historia de la Iglesia católica.

”No estoy seguro de saber qué es un milagro. A pesar de ello, me atrevo a decir que esta tarde participaré en un milagro: hoy, en el mismo lugar donde hace cinco meses nos llenó de alegría la canonización de Inés de Bohemia, ese día en que se decidió el futuro de nuestro país, en ese lugar, digo, el principal representante de la Iglesia católica oficiará misa, y probablemente agradezca a nuestra santa su intercesión ante aquel en cuya mano está el curso inescrutable de todas las cosas.

”No estoy seguro de saber qué es un milagro. A pesar de ello, me atrevo a decir que en este momento participo en un milagro: a un país devastado por la idea del enfrentamiento y la división en el mundo, llega el mensajero de la paz, el diálogo, la tolerancia, la estima y la sosegada comprensión, el mensajero de la unidad fraternal en la diversidad.

”Durante estas largas décadas, el Espíritu Santo fue desterrado de nuestro país. Tengo el honor de presenciar el momento en que su suelo es besado por el apóstol de la espiritualidad. Bienvenido a Checoslovaquia, Santidad”.

Compañero de lucha por los derechos humanos
En el encuentro de Juan Pablo II con las autoridades en el castillo de Praga, Václav Havel manifestó en su discurso1 la alegría que sentía al recibir al hermano eslavo que luchó por reconquistar la civilización del espíritu frente al materialismo del régimen comunista. Traducimos algunos párrafos.

“Santidad: En uno de sus poemas usted se pregunta: ‘¿Puede la Historia fluir contra la corriente de la conciencia?’ Es obvio a qué se refería con esta pregunta: la Historia no puede fluir para siempre contra la conciencia. Usted estaba en lo cierto, como también lo estaban aquellos que no perdieron la esperanza (...).

”Le doy la bienvenida, en primer lugar y más importante, como Cabeza de la Iglesia católica; y me alegro, junto con todos los católicos, de que haya aceptado nuestra invitación.

”Le doy la bienvenida como cristiano, cuya visita es aclamada no sólo por los católicos sino por todos los cristianos. Y no sólo eso: estoy firmemente convencido de que todas las personas de buena voluntad se unirán a la alegría que los cristianos sienten por su llegada.

”También le doy la bienvenida, Santidad, como eslavo que entiende nuestra lengua y que la habla; le recibo como un gran hijo de la hermana nación polaca.

”Y quizá porque usted ha experimentado personalmente el carácter inhumano de un sistema totalitario, ha vinculado su pontificado a la idea de los derechos humanos. ”Nuestra lucha por la libertad también nace de esta gran idea, y nuestra política actual la reconoce. Por tanto, le doy la bienvenida también como nuestro maestro y compañero de batalla que aprecia el valor de la paz, la tolerancia, la libertad y el respeto mutuo”.

Además, le doy la bienvenida como el escritor, el intelectual y el hombre de cultura que es. Nuestra revolución tiene una clara dimensión cultural con la que usted se sentirá cercano (...).

El horizonte del espíritu
”(...) Estoy persuadido de que su visita nos recordará a todos que la fuente genuina de la auténtica responsabilidad humana es una fuente metafísica. Su visita nos recordará (...) el horizonte absoluto al que debemos orientarnos; esa misteriosa memoria del Ser en la que cada uno de nuestros actos es recordado y, en ella y por ella, adquieren al fin todo su valor. En este encuentro con su Santidad, caeremos en la cuenta de que por encima de nuestro trabajo cotidiano se yergue algo que desde tiempo inmemorial se ha llamado Cielo.

”Más y más gente se está dando cuenta de que el futuro de la raza humana sobre esta Tierra depende cada vez más de quienes consiguen no pensar solamente en ellos mismos, sino actuar considerando el bien de los demás. Sí, el futuro de la humanidad se apoya hoy sobre la civilización del espíritu, de la responsabilidad y del amor”.