Premio Nobel por las células madre inducidas

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El Premio Nobel de Medicina de este año ha sido para dos investigadores que descubrieron la posibilidad de “reprogramar células maduras para convertirlas en pluripotentes”. La descripción oficial del logro se ajusta más a uno de los dos, el médico japonés Shinya Yamanaka, de 50 años, que en 2006 obtuvo células madre pluripotentes inducidas (iPS) a partir de células somáticas, diferenciadas, de ratones, como se confirmó con nuevos experimentos al año siguiente (ver artículo relacionado).

El otro premiado, John Gurdon, biólogo británico de 79 años, es el primero que clonó un animal, en 1962. Lo hizo transfiriendo el núcleo de una célula somática de rana a un óvulo desnucleado de la misma especie. Así probó que los cromosomas de una célula diferenciada no están irremisiblemente asignados a una función, sino que pueden adoptar cualquier otra.

Yamanaka demostró que se puede tener células madre con la misma versatilidad que las embrionarias sin necesidad de usar embriones

Yamanaka demostró que se puede tener células madre con la misma versatilidad que las embrionarias sin necesidad de usar embriones, que además tendrían que ser clones del paciente para no provocar rechazo por incompatibilidad genética. Su trabajo tiene motivaciones éticas. En una entrevista de 2007, él mismo recordaba la impresión que le produjo mirar por el microscopio en una visita a una clínica de reproducción asistida: “Cuando vi el embrión, de repente de mi cuenta de que entre él y mis hijas había una diferencia tan pequeña. Pensé: no podemos seguir destruyendo embriones para investigar; tiene que haber otro procedimiento”. De hecho, tras el descubrimiento de Yamanaka, los laboratorios perdieron interés por las células embrionarias y la clonación, para centrarse en las iPS o en las adultas (ver Aceprensa, 28-11-2007).

Las posibilidades de las iPS aún no se han realizado en terapias, porque no se ha conseguido que sean seguras o se obtengan en cantidad suficiente. Los principales riesgos son el de causar mutaciones, por contaminación del ADN del receptor, y el de provocar cáncer. Para la aplicación terapéutica también es necesario que el método de obtener iPS dé un rendimiento mínimo, por ejemplo, que se reprogramen la mitad o más de las células somáticas originales.

Las iPS aún no han dado lugar a terapias, porque no se ha conseguido que sean seguras o se obtengan en cantidad suficiente

El riesgo de mutaciones depende del vector que se use para introducir en los cromosomas de las células adultas los factores que las convierten en pluripotentes. Yamanaka usó primero retrovirus, que son peligrosos porque dejan restos de su material genético en las iPS; más tarde empleó plásmidos (ADN extracromosómico), que no tienen ese inconveniente pero dan un rendimiento muy bajo. Otros investigadores probaron adenovirus, ARN mensajero... (ver Aceprensa, 2-03-2009 y 15-10-2010).

El riesgo de cáncer está relacionado con los factores de reprogramación. De los cuatro genes identificados originalmente por Yamanaka, uno es oncogénico, y de hecho el 25% de los ratones empleados en los experimentos originales desarrollaron teratomas. Luego se comprobó que ese gen no es imprescindible para obtener iPS, pero si no se usa, el rendimiento baja muchísimo. Se han conseguido iPS sin alterar el genoma, empleando proteínas en vez de material genético (ver Aceprensa, 24-06-2009), pero también en este caso la eficiencia es muy baja.

Las únicas células madre con que se ha conseguido algo son las adultas

En general, hay una alternativa entre seguridad y rendimiento en la obtención de iPS. Los métodos más eficientes son más peligrosos, y los más seguros son poco eficientes. Por eso todavía no se ve próximo el uso de iPS en medicina regenerativa. De momento, dos vías parecen más prometedoras: la del ARN y la de las proteínas, si se logra aumentar el rendimiento y la rapidez. En un artículo publicado el pasado junio, Yamanaka sostiene que probablemente los factores de reprogramación inician el proceso en la mayoría de las células, pero se consuma en muy pocas porque eso depende de otras causas que intervienen durante el cultivo y no se conocen bien.

Tampoco las células madre embrionarias, que como las iPS entrañan riesgo de tumores pero son más fáciles de obtener, han dado resultados. Hubo un ensayo clínico, comenzado en 2010, pero se abandonó un año más tarde: Geron, la empresa que lo financiaba, decidió retirarse por razones económicas (ver Aceprensa, 21-11-2011).

Las únicas células madre con que se ha conseguido algo son las adultas. Hasta ahora ha habido unos quinientos ensayos clínicos. Los resultados más espectaculares son la generación de órganos, como la tráquea, cultivando células madre del propio paciente sobre una matriz artificial o animal (ver Aceprensa, 25-11-2011).


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