Países que sufren por su dependencia del “oro negro”

Precios del petróleo: no llueve a gusto de todos

Página 1

Semanas atrás, cuando el presidente venezolano afirmó que, pese al desplome global de los precios del petróleo, “Dios proveerá”, algún jocoso autor redactó una “respuesta” de Dios: “Mi pequeña y hermosa criatura: ya yo proveí”, en la que le citaba una extensa lista de recursos naturales aprovechables —la riqueza petrolera en primer lugar, pero no la única— y de personalidades ilustres de ese pueblo a las que podía haberse escuchado para potenciar un desarrollo económico integral.

Uno de los venezolanos citados fue el fallecido escritor Arturo Uslar Pietri, autor, en el lejano 1936, del editorial Sembrar el petróleo, en el que advertía proféticamente contra la tentación de confiar la salud de la economía local a la abundancia del petróleo, un recurso finito y, además, dependiente de factores imposibles de controlar desde Caracas. “Urge aprovechar –alertaba– la riqueza transitoria (…) para crear las bases sanas, amplias y coordinadas de esa futura economía progresiva que será nuestra verdadera acta de independencia”.

Ahora que el barril de crudo venezolano no supera los 51 dólares –de los casi 100 a que se cotizaba en 2013–, el editorial de Uslar debe estar martillando las conciencias de los que dieron por eterna la “riqueza transitoria”.

Según datos de la OPEP, el 95% de los ingresos venezolanos por exportación descansa en la venta del combustible (en 2000 significaban el 89 por ciento), pero como desde el Palacio de Miraflores no se dictan los precios en todo el orbe (1), su “riqueza” rinde menos que dos años atrás, exactamente la mitad que entonces. De modo que, junto con las colas y el desabastecimiento, cunde la sensación de que el “tren del desarrollo” pasó y Venezuela se quedó en el andén. Y de que era el último.

En 2000, el 89% de los ingresos venezolanos por exportación descansaba en la venta del combustible, seis puntos menos que en 2015

Muchos petrodólares… y mucha pobreza

No es, por supuesto, el único país petrolero que ha dado un traspié En la orilla opuesta del Atlántico, Guinea Ecuatorial exporta más de 300.000 barriles de petróleo diarios. La explotación de hidrocarburos del hoy tercer productor africano comenzó tardíamente, en 1991, y fueron descubriéndose desde entonces nuevos yacimientos.

Con los vientos “energéticos” en popa, la economía creció abultadamente. Según datos del Banco Mundial, el país maneja un PIB per cápita anual de 33.768 dólares, un nivel de riqueza que ubica al país en el puesto 29 a nivel global, ¡por delante de España, Corea del Sur, Malta o Eslovenia! Lo irónico es que el país africano cae al puesto 144 en cuanto al gasto en educación, y que sus habitantes tienen una esperanza de vida al nacer de apenas 55 años. Lo resume también el Índice de Desarrollo Humano (IDH) de la ONU, en el que el país linda, en el sitio 144, con los Estados del grupo de bajo desarrollo humano.

Un apresurado plan de infraestructuras desplegado en los últimos tiempos por el gobierno, para la construcción de viviendas, aeropuertos, carreteras, centros de ocio, y hasta una nueva ciudad, parecía indicar que las autoridades habían tomado nota de la fragilidad de confiar demasiado en el oro negro.

El petróleo ha disparado el PIB per cápita de Guinea Ecuatorial por encima del de varios países europeos

Pero quizás sea un despertar tardío, pues datos del Banco Africano de Desarrollo apuntaban ya en 2014 que el país había entrado en recesión (–1,4% en 2013 y –1,8% al año siguiente) debido a la caída del precio de los hidrocarburos. Según esta fuente, para finales de 2015, el decrecimiento puede ser de hasta 8,5 puntos porcentuales.

Salir del “monocultivo” petrolero

La “maldición del petróleo”, esos apuros que sufren ahora mismo los países antes mencionados —pero también Rusia, Irán, Argelia…— por hacer depender de él su crecimiento económico, podría haber sido para otros la maldición de aferrarse demasiado a cualquier otra.

La tabla de salvación pasa por diversificar; justo lo que ha hecho un grupo de países africanos, algunos de ellos productores de crudo; otros, no. Un artículo publicado por The Economist apunta como ejemplo el caso de Nigeria, que hasta un pasado muy reciente colectaba el 95% de sus ingresos a partir de la exportación de petróleo. La situación ha variado, y a día de hoy, cuando también el sector financiero, la construcción y la electrónica tiran con fuerza del carro de la economía (los servicios representan ya el 60% del PIB), la inestabilidad de los precios del crudo le provoca menos espasmos que a otros vecinos.

El sector de los servicios está impulsando el crecimiento de Nigeria y Angola

Más al sur, Angola y Botsuana han tomado derroteros parecidos. Expertos del Standard Bank aseguran que el primer país, que una década atrás prácticamente no producía otra cosa que petróleo, asiste al auge de la pesca, la construcción y la agricultura, responsables de un crecimiento del 5,1% experimentado en 2013.

En cuanto a Botsuana, su dependencia de la actividad minera y extractiva ha ido disminuyendo, en la medida en que han cobrado relevancia el comercio, el transporte y las comunicaciones. Así, el crecimiento del 5,4% en 2013 tuvo más fundamento en el sector de los servicios que en la extracción de diamantes, la cual sigue siendo sin dudas un pilar de la economía, y algunos se felicitan de que el gobierno haya comenzado a gestionar el recurso al “estilo noruego”, esto es, a reservar una parte de la producción para su procesamiento local, consolidar el rol del país en esa actividad, e invertir en desarrollo los dividendos así obtenidos. Que los diamantes no estarán a la mano in aeternum.

Una amplia cadena de dolientes

Además del lamento de los países exportadores que no pueden bombear y bombear petróleo hasta el infinito para mantener su cuota de mercado –como sí está haciendo Arabia Saudí–, cuando la flecha de los precios tuerce hacia abajo hay otro variopinto conjunto de actores que se muerden los labios. Entre ellos se cuenta, por ejemplo, los criminales del Estado Islámico. A estos, devenidos en improvisados comerciantes de hidrocarburos, les interesa que los precios se recuperen, lo mismo que a los propios adversarios del EI, en particular el gobierno de Iraq, que se queja de que los bajos ingresos le impiden armarse y luchar eficazmente contra aquel.

Los precios bajos pueden afectar las ayudas venezolanas a Haití, tanto como las que recibe la Autoridad Nacional Palestina de sus proveedores árabes

También están los países no productores, pero que dependen de “generosos” proveedores que sí lo son. Algunos pueden encontrar que falla el suministro del combustible, o que se espacian las ayudas monetarias. Les sucede a los palestinos. Su Autoridad Nacional debe percibir fondos periódicos de países como Arabia Saudí y Kuwait, tal como el grupo terrorista Hamas, que controla la Franja de Gaza, la recibe de Qatar. Pero hay retrasos.

“La ayuda que llega a Palestina nunca ha sido en combustible, sino en efectivo o en proyectos para infraestructura”, explica a Aceprensa el diplomático palestino Abdullah Younes: “La mayoría de los países árabes productores de petróleo envían ayuda económica directa al pueblo palestino, a la Autoridad Nacional. Si aumenta o disminuye el precio del crudo, ello influye en las donaciones que recibimos. Si bajan los precios, las cuotas que ellos pagan, y que suelen ser mensuales o trimestrales, pueden demorar hasta seis meses en ser entregadas”.

Un caso por el estilo pudiera terminar siendo el de Haití El empobrecido país caribeño compra petróleo venezolano a precios preferenciales, con la posibilidad de pagar la factura total en 25 años. La idea fue de Hugo Chávez, lo que le valió que, al fallecer, le pusieran su nombre al segundo aeropuerto más importante del país. Solo que con las urgencias económicas de Caracas, y ante la imposibilidad de continuar con el absurdo subsidio al combustible que consumen los venezolanos (no pocos dicen: “somos un país petrolero; nuestra gasolina tiene que ser barata”), al presidente Nicolás Maduro le será difícil conciliar un hipotético pero necesario recorte de las millonarias ayudas al consumo local, con la continuidad de programas de ayuda al exterior. Y la cuerda puede terminar rompiéndose por el lado más débil.

Pues sí, es una curiosa paradoja: que el abaratamiento de un recurso —normalmente, una buena noticia— le esté complicando el presente a tantos.

________________________
Notas

(1) Pese a la remontada de las últimas semanas, los precios continúan muy por debajo de donde estaban un año atrás, y las previsiones para finales de 2015 continúan dando un barril que no supera los 59 dólares. Para más información, consultar Oil Price.


Nuestra web utiliza cookies para facilitar el servicio. Si continúa navegando entendemos que las autoriza.