«… Porque no había nacido y no me dejasteis nacer»

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El pasado 24 de diciembre, en la tradicional audiencia a la comunidad polaca de Roma con motivo de la Navidad, Juan Pablo II habló del derecho a la vida de los no nacidos. Recogemos algunos fragmentos de la alocución del Papa.

El Papa se refirió a una milenaria tradición navideña de Polonia, según la cual en la vigilia de Navidad se pone un plato más en la cena para el huésped desconocido, y añadió a continuación: «Aquí se trata de un huésped especial que sale del seno materno para entrar en su familia. ¿Se le puede cerrar la puerta sin remordimiento de conciencia? ¿Decir «que fallezca, que muera de hambre y de frío»? Sabemos que si encuentra la puerta cerrada, morirá de frío».

Juan Pablo II señaló que esos pasajes del Evangelio se podrían aplicar sin duda a otras muchas situaciones, como por ejemplo los «sistemas de vida humana, social, económica, que permiten que algunos queden fuera, detrás de la puerta»; pero subrayó que «en la raíz de todo está el niño todavía no nacido. Nuestro futuro depende en gran parte de la solución de este problema: ¿podrá nacer o se podrá matarlo impunemente?»

Juan Pablo II afirmó que Jesús está en ese «huésped desconocido», y que en el juicio universal, «en el que seremos juzgados sobre el amor, existirá también esta constatación: no había nacido todavía y no me permitisteis nacer». Es necesario rezar «ardientemente», concluyó el Papa, para que eso no ocurra.

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