Por una economía del bien común

L’economia del bene comune

Página 1

Autor: Stefano Zamagni

Ciudad Nueva.
Madrid (2012).
338 págs.
19 €.
Traducción: Isaías Hernando.

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Una versión de esta reseña se publicó en el servicio impreso 35/14

Stefano Zamagni, profesor de Economía Política en la Universidad de Bolonia y en la Johns Hopkins University, es un académico reconocido mundialmente por su empeño en superar el paradigma que nos legó la modernidad en materia de teoría económica. En Por una economía del bien común, que recopila algunos artículos escritos con motivos diversos y que se refieren a una gran cantidad de temas, Zamagni busca reconsiderar los postulados antropológicos del discurso económico, con el fin de superar el modelo dicotómico de orden social, es decir, aquel que identifica al Estado con los intereses públicos y al mercado, con los privados.

Zamagni se sirve del ejemplo del humanismo italiano y de la llamada economía civil para diferenciar entre capitalismo y economía de mercado. Presenta un modelo preocupado por orientar la actividad del mercado al bien común y por promover las virtudes cívicas en la sociedad civil: la confianza, la reciprocidad y la fraternidad. En efecto, la idea central de este libro es que la doctrina del bien común es el “único camino” para humanizar la economía, cuyo fundamento es el principio de reciprocidad, según el cual es posible “dar sin perder y recibir sin quitar”.

La crisis de los últimos años ha acelerado la necesidad de un nuevo paradigma hermenéutico en el ámbito de la economía, que le devuelva su dimensión política y social. Esto supone un giro antropológico que rescata la reciprocidad frente al intercambio. El principio de reciprocidad traspasa el plano objetivo de los bienes materiales (tener, recibir, dar) para alcanzar un ámbito intersubjetivo más profundo, el de las relaciones humanas (el “ser con”), haciendo posible la felicidad, que, como indicaba Aristóteles, depende de los bienes relacionales (amor, amistad, confianza, compromiso civil, etc.). En el paradigma del bien común, el interés de cada uno se alcanza junto al de los otros, y no contra él (como ocurre con el bien privado), ni prescindiendo del interés de los demás (como ocurre con el bien público).

La doctrina social de la Iglesia ha promovido desde sus inicios este paradigma, al defender no solo un orden social justo, sino también fraterno, que asegure la convivencia social y especialmente la vida en común. Como recuerda el autor, “la ética, mucho antes que ocuparse de enunciar principios y sugerir reglas, es una morada, una casa en la que cuidar de uno mismo y de los demás; en una palabra, del bien humano”. En este contexto, Caritas in veritate, en cuya elaboración asesoró el propio Zamagni, es una clave de lectura importante para la crisis actual. La encíclica de Benedicto XVI ofrece pistas para salir de ella al poner en el centro del saber práctico el principio del don o, por decirlo de otro modo, devolviendo a la esfera pública el principio de gratuidad, que más que ético es “supraético”, pues no responde a la lógica de la equivalencia sino de la sobreabundancia.

Aunque estos artículos no fueron escritos originariamente para conformar una obra unitaria, en palabras del propio autor, “aparecen como etapas de una larga reflexión, que aún está lejos de terminar, sobre el espacio que le corresponde a la categoría de persona humana dentro del discurso económico”, una empresa ineludible en la actualidad, que reclama un abordaje integral e interdisciplinar. La lectura reflexiva de esta obra es una gran oportunidad para mantener un diálogo con uno de los académicos que con mayor claridad ha detectado las aporías de la teoría económica moderna y el agotamiento de un modelo; pues, a su juicio, “el siglo XXI expresa con fuerza la necesidad de un nuevo humanismo”.


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