Por qué me comí a mi padre

The Evolution Man, or How I Ate My Father

Página 1

Autor: Roy Lewis

Contraseña.
Zaragoza (2012).
192 págs.
16 €.
Traducción: Ismael Attrache.

Por qué que comí a mi padre se publicó por vez primera en 1960 con el título What We Did to Father. Posteriormente, en sucesivas ediciones, el título original se transformó en The Evolution Man (1963) y Once Upon an Ice Age (1968). En la primera edición española, de 1994, en Anaya & Muchnik, se tradujo como Crónica del Pleistoceno (ver artículo relacionado). El escritor y periodista británico Roy Lewis (1913-1996) trabajó en The Times y en The Economist. También es autor de la novela La verdadera historia del último rey socialista.

Por qué me comí a mi padre es una inteligente y humorística obra basada en la vida de los hombres de las cavernas. El narrador es el antropoide Ernest, uno de los primeros pobladores conscientes de su propia individualidad. Ernest relata la vida en aquellos tiempos de su singular familia, y en especial de su padre, el progresista Edward. Con su actitud renovadora, se enfrentó a los hábitos de los hombres más monos, como su tío Vania, todo un reaccionario recalcitrante, enemigo de cualquier cambio en las costumbres y que define la actitud vanguardista de Edward como “un rasgo, si se me permite decirlo, de vulgaridad, de materialismo pequeñoburgués”. Como escribe Ernest, “mi progenitor albergaba la serena certeza de que aparecería algo que cambiaría nuestra suerte; teníamos que confiar en la inteligencia, en nuestro cerebro de grandes dimensiones y en ese cráneo enorme para alojarlo, debíamos confiar en que ese cerebro conseguiría sacarnos de los apuros”.

Los primeros experimentos del inconformista Edward, fiel a su principio de que el progreso es lo primero, los aplica en su propia familia. Luego vienen los irónicos momentos importantes, que serán vitales para la historia de la humanidad, como bien sabe Edward: el trabajoso descubrimiento del fuego, de la lanza, la cocina casera, el arte figurativo, la exogamia y el matrimonio moderno, el amor, el ocio y la cultura...

Lo mejor del relato es el tono discursivo y filosófico que emplea en muchos momentos Edward y los deliberados anacronismos que introduce el autor para explicar la evolución de la especie humana y lo que podríamos llamar las constantes de la humanidad, pues ya en los tiempos del Pleistoceno los hombres se encuentran con los mismos problemas de siempre. Por ejemplo, cuando encuentran una cueva más grande, con más cavernas, la madre de Ernest exclama: “Por fin las chicas tendrán un poco de intimidad”. Todo está enfocado desde una perspectiva irónica y humorística, muy inteligente y entretenida.


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