Por qué España mira a la izquierda

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Aunque en tiempo de elecciones se suele dedicar mucha atención a los sondeos sobre intenciones de voto, hay otras encuestas que son más significativas porque reflejan los criterios que guían las valoraciones en el espacio público. De este tipo es la encuesta “Valores y actitudes en Europa acerca de la esfera pública” (1), realizada por la Fundación BBVA, que compara la opinión en los cinco países más poblados de la Unión Europea (Alemania, Reino Unido, Francia, Italia y España). Sus resultados permiten comprender por qué los españoles siguen mirando hacia la izquierda, por mucho que se hable de la crisis de la socialdemocracia.

Esta encuesta es distinta de las que miden las intenciones de voto. Pero al analizar las actitudes de fondo, se observa que los españoles son los que más piensan que el Estado debe responsabilizarse de su nivel de vida, los que exigen más prestaciones del Estado de bienestar, los que abogan por una mayor intervención del Estado en el mercado y los que creen que los ingresos deben ser más equilibrados al margen de la formación de cada cual. Y no solo lo piensan los que se consideran de izquierdas.

Que el gobierno haga algo

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A la pregunta de si es el Estado o cada persona quien tiene la “responsabilidad principal” de que el ciudadano pueda gozar de un nivel de vida digno, el 76% de los españoles se echan en brazos del Estado frente al 20% que confían en el esfuerzo de cada persona. Ninguno de los demás países es tan proclive a buscar la solución en el Estado: la media de los otros cuatro países muestra que el 51% confía en el Estado frente a un 43% en la persona.

Los españoles son los que más piensan que el Estado es el responsable principal de su nivel de vida

En todos los países los encuestados que se definen de izquierda atribuyen más responsabilidad al Estado que a la persona para garantizar un nivel de vida digno. Pero lo característico de España es que esto ocurre tanto entre los de izquierda (85%) como entre los de centro (75%) o derecha (62%). Así, resulta que los españoles de derechas son más “estatalistas” que los de izquierdas del Reino Unido (61%) o de Alemania (42%).

El Estado de mi bienestar

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En congruencia con esa confianza en el Estado, también hay un amplio consenso entre españoles acerca de que el Estado tenga “mucha responsabilidad” en la provisión de prestaciones características del Estado del Bienestar, como la cobertura sanitaria (87%) o una pensión suficiente (87%). Se comprende: con una sanidad pública bien valorada y unas pensiones basadas en un sistema de reparto ­—los cotizantes actuales pagan las pensiones de los jubilados–, el Estado asume un papel protagonista.

Pero, además, una mayoría de españoles piensa que la responsabilidad del Estado se extiende también a la intervención en los mecanismos de mercado, para controlar los precios (60%), los salarios (57%) y los beneficios de las empresas (49%). También en estos aspectos de regulación de la vida económica somos unos abanderados del intervencionismo estatal frente a una postura mucho más precavida en los otros países.

También llama la atención que, por una parte, seamos el país con una visión más positiva de la pertenencia a la Unión Europea (el 63% piensa que ha sido positiva para España), y a la vez se defiendan unos controles del Estado sobre la vida económica que el tratado europeo rechaza. Pero la coherencia nunca ha sido el rasgo principal de las encuestas de opinión.

Con un pie en lo privado

Sin llegar a la incongruencia, la apelación a la provisión pública de funciones del Estado del bienestar es compatible en España con tener también un pie en el sector privado. Por ejemplo, y a pesar del prestigio de la sanidad pública, el porcentaje de población con seguro médico privado ha pasado del 7,2% en 1993 a más de un 16% en 2017, y sigue creciendo (esto no lo dice la encuesta de la Fundación BBVA, sino las estadísticas del sector). De los asegurados privados, unos dos tercios son particulares y un tercio colectivos, es decir, trabajadores de empresas con seguro de salud.

España es el único país en que hay una ligera ventaja de quienes defienden el equilibrio en los ingresos con independencia de la cualificación

Lo mismo pasa con las pensiones. Unos 9,6 millones de españoles mantienen parte de sus ahorros en planes de pensiones privados individuales, y si se tienen en cuenta también los planes de pensiones de empleo, sufragados por las empresas para sus trabajadores, sale un número aún mayor. La desconfianza creciente sobre la sostenibilidad del sistema público de pensiones anima a buscar el complemento del fondo de pensiones privado, si bien su rentabilidad media anual a 15 y 20 años fue del 2,54% y el 2,05%, respectivamente; es decir, que apenas cubren la inflación. En esto no se diferencian mucho de las pensiones públicas.

Reacios a la desigualdad

La encuesta de la Fundación muestra también que en cuatro de los cinco países analizados la mayoría de los ciudadanos (el 64% por término medio) consideran que las diferencias en los ingresos son necesarias en función del nivel de formación. En cambio, España es el único país en que hay una ligera ventaja de quienes defienden que “los ingresos deberían ser más equilibrados, aunque ello pueda significar que las personas más formadas y las menos formadas ganen cantidades similares” (49% frente al 43%).

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En esta opinión puede influir la conciencia de la desigualdad de rentas en España, que creció durante la crisis sobre todo a causa del desempleo, y al descenso de la clase media, que ahora representaría el 55% de la población. Pero también en otros países las rentas medias han crecido menos que las altas, sin que eso lleve a pensar que el salario no debe estar relacionado con la formación.

Por otra parte, España es uno de los países de la Unión Europea donde los licenciados desempeñan en mayor medida trabajos de cualificación inferior a su titulación (un 37,1% frente al 23,2% de media europea en 2017). Una situación de la que se los graduados se lamentan, aunque vaya en la línea de ingresos más equilibrados.

La corrupción inquieta

La excepción española se modera cuando se pregunta si es preferible que haya impuestos altos para reducir las desigualdades o impuestos bajos aunque no se reduzcan. Aquí los españoles están divididos entre ambas alternativas (43% frente al 40%), casi en la media del resto de países. Se ve que cuando se trata de pagar al Estado, se pierde entusiasmo estatalista.

En los cinco países, los ciudadanos comparten la opinión de que existe un nivel alto de corrupción. La percepción es especialmente acentuada en España e Italia, donde en torno a un 70% opinan que la corrupción es muy alta; en el otro extremo se sitúa Alemania, con un 20%.

Es sintomático que la percepción de la corrupción sea especialmente alta en España e Italia, que son también los dos países más partidarios del control estatal en la vida económica. ¿No sugiere esto que cuanto más poder de intervención tiene el gobierno sobre la esfera económica surgen más oportunidades de corrupción?

Algo más que firmar una petición

Un indicador fundamental de la postura activa del ciudadano en la esfera pública es su participación en distintas actividades políticas y sociales, además del voto. La encuesta señala nueve posibles acciones, desde firmar una petición a colaborar en campañas de un partido político. El 36% de los españoles declaran haber realizado al menos una de estas acciones en los últimos doce meses, frente a una media del 45% en los demás países.

Aquí la población española destaca por una mayor participación que la media europea en acciones de protesta, como manifestaciones (18%) y huelgas (10%). En cuanto a acciones positivas, los españoles son más proclives a colaborar con alguna asociación y ONG para apoyar causas sociales (18%), que a colaborar en actividades de un partido político (3%) o a darle dinero (2%).

La percepción de la corrupción es especialmente alta en España e Italia, que son también los dos países más partidarios del control estatal en la vida económica

¿Qué grupos participan más? Los jóvenes, los que cuentan con un nivel de estudios más alto, los más interesados en temas políticos y, sobre todo, quienes se identifican ideológicamente con la izquierda.

El asociacionismo es otro índice significativo del vigor de la sociedad civil y de su capacidad para unir esfuerzos en pro de un objetivo sin esperarlo todo del Estado. En este aspecto, la sociedad española muestra bastante atonía. Solo el 25% declara pertenecer a alguna asociación, frente a una media del 43% en el resto de países, donde también se acusa la debilidad italiana (26%). En cuanto a los intereses en que se concentra el asociacionismo en España, destacan las organizaciones de perfil no político, como las asistenciales (6%), culturales (6%), recreativas (5%), religiosas (4%) y sindicatos (4%).

Más de izquierdas que nadie

Con estas mareas de fondo, no es extraño que en la autodefinición ideológica en un eje izquierda-derecha (de 1 a 10) los españoles sean los europeos que se sitúan más a la izquierda, aunque la mayoría relativa está cerca del centro político en todos los países. El segmento de los españoles de izquierdas es casi el doble del que se declara de derechas y, además, el segmento más a la izquierda (valores 0, 1, 2 de la escala) dobla al de los otros cuatro países.

Ya se sabe también que los jóvenes son más proclives a los extremos. Pero aun así, la diferencia en la identificación con la izquierda entre los jóvenes españoles y sus pares europeos es muy fuerte. En particular, entre los jóvenes de 18 a 24 años, el segmento que se sitúa más a la izquierda (0, 1, 2) es casi cuatro veces mayor que en el resto de países (31% frente al 8%).

Según la encuesta, la identificación con la izquierda se va rebajando con el paso de los años. De modo que en una población que envejece como la española la izquierda puede ir perdiendo influencia. Y también puede suceder que haya que coger con pinzas el retrato de los españoles en este tipo de encuestas, porque somos el país europeo más políticamente correcto, donde declararse de izquierdas, más europeístas y más solidarios que nadie, da vitola de progre.

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La información empírica del Estudio Europeo de Valores se ha obtenido a través de una encuesta a una muestra representativa de 1.500 personas de 18 y más años en cada uno de los cinco países más poblados de la Unión Europea. El nivel de confianza del sondeo es del 95,5%. El trabajo de campo fue realizado por el instituto Ipsos entre abril y julio de 2019.


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