Por qué dejé de ser masón

J’ai frappé à la porte du temple

Página 1

Autor: Serge Abad-Gallardo

Libros Libres.
Madrid (2015).
173 págs.
18 €.
Traducción: Luis Antequera.

Francés de padres españoles, nacido en Marruecos (1954), Abad-Gallardo ha permanecido 24 años en la masonería, hasta alcanzar la categoría de maestro y el grado 14. En este libro traslada, por una parte, cómo se introdujo en esa sociedad secreta y, por otro lado, cómo la abandonó. No se trata de una investigación sobre la masonería, sino de su confesión personal, su testimonio directo, su experiencia concreta y dilatada, además de sus reflexiones acerca de la búsqueda de la verdad y de su acercamiento a la Iglesia, tras desencantarse del mandil y la escuadra. Así, el autor describe las tenidas masónicas y los procesos de captación, y, en contraste, cómo ha cambiado su vida espiritual, dedicándose ahora a la atención a enfermos y moribundos.

El libro expone toda la liturgia masónica, que, de hecho, constituye uno de los pilares de esta organización. Dado que la masonería niega a Dios como legislador, el “hermano masón” se da a sí mismo, como referencia única, las pautas acerca de cómo alcanzar “la luz”. Para llegar a esa construcción individual –y, por tanto, incomunicable– de la verdad, se requiere un proceso de textura esotérica, gnóstica, de fuerte simbolismo. No en vano, la masonería se fundamenta en mitos propios, conformados a partir de elementos tomados de diversas religiones, en especial el episodio de Hiram, el arquitecto “hijo de la viuda”. Este personaje, como explica Abad-Gallardo, resulta crucial en la imaginería masónica: prefirió morir asesinado antes que revelar su “ciencia”. Esa vocación de secretismo intrínseco es otro de los pilares de esta sociedad, a mitad de camino entre secta y religión mistérica que, sin embargo, pretende basarse en la “razón”.

Abad-Gallardo analiza los paralelismos contrapuestos entre cristianismo y masonería; si el ritual de la escuadra y el compás lleva hacia una “verdad oculta para los no iniciados”, los sacramentos conducen hacia el amor a Dios y al prójimo; si las obediencias masónicas influyen en la política de manera subrepticia, el cristianismo se abre a la sociedad con una doctrina e instituciones bien conocidas. Por tanto, frente al difuso e impersonal “Gran Arquitecto del Universo”, el Dios trinitario y encarnado del cristianismo. El autor señala todos los puntos que hacen irreconciliables masonería y catolicismo, pero no añade ni un ápice de rencor. Al contrario, distingue a las personas, sin confundirlas con la dogmática que profesan, y por eso asegura que reza por sus antiguos compañeros.

Con un estilo directo, sin adornos, sincero y natural, Abad-Gallardo aporta una visión serena y rigurosa –habla sólo de lo que sabe y de lo que ha contrastado– en torno a una de las doctrinas y red de sociedades encubiertas que más han influido en la cultura de la Modernidad. Se une así a otro ex-masón francés: Maurice Caillet, cuya confidencia ya fue publicada en lengua española por esta misma editorial (Yo fui masón, 2010).


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