Populismos

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Autores: Fernando Vallespín, Máriam Martínez-Bascuñán

Alianza.
Madrid (2017).
304 págs.
18 € (papel) / 13,29 (digital).

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Este libro, escrito por Fernando Vallespín y Máriam Martínez-Bascuñán, profesores de Ciencia Política en la Universidad Autónoma de Madrid, tiene la virtualidad de describir las diversas variedades de populismo que atraviesan la escena política internacional, y de ayudar tanto a identificar las características que comparten como a comprender cuál es, por así decir, su meollo. Además, contribuye a explicar las causas de este fenómeno, sobre todo en lugares en los que la democracia liberal se consideraba ya consolidada, y apunta por dónde debería ir la superación de esta forma de hacer política.

Un aspecto interesante de este ensayo es lo que, en sentido amplio, podríamos denominar estudio de campo, ya que el libro se ocupa con cierto detenimiento de expresiones populistas tan variadas como la que movilizó el Brexit; la que encarnan Trump y otros movimientos populistas estadounidenses; las de Jean-Marie Le Pen, su hija Marine y Mélenchon, en Francia, Podemos en España, Orbán en Hungría, Kaczynski en Polonia, y las de carácter xenófobo y, a veces, pro-nazi en Dinamarca, Holanda, Suiza y Austria.

Una primera aclaración que contiene el presente ensayo es que el populismo no es una ideología –aunque normalmente se alinea con alguna–, sino una forma de hacer política, un “estilo”, caracterizado la apelación al pueblo como un sujeto político diáfano y simple. Las sociedades complejas, heterogéneas y con lazos generalmente débiles, artificiales y abstractos, son disueltas por políticos y ciudadanos populistas en la pretendida simplicidad de un pueblo esencial, homogéneo y auténtico, al que el líder populista dice representar y con el que se identifica.

La búsqueda de respuestas simples a problemas que son complejos es otro rasgo distintivo del populismo. Las consecuencias que la globalización puede tener en el mercado laboral y en la economía nacional, la falta de seguridad a causa del terrorismo, los problemas provocados por la inmigración o el desafío que plantea la crisis de los refugiados encuentran en los planteamientos populistas respuesta en forma de recetas sencillas, que suelen materializarse en nacionalismo, proteccionismo y aislacionismo; posicionamientos que, en no pocas ocasiones, derivan en xenofobia, racismo, supremacismo o antiislamismo. Responde también a esa tendencia simplificadora la reducción de la confrontación política a una división clara entre “nosotros” (quienes dicen ser el pueblo) y “ellos”, es decir, todos aquellos que pasan a ser “el enemigo”.

El presente ensayo indaga también en las múltiples causas de esta corriente populista. Los autores insisten, por una parte, en los efectos del neoliberalismo en una globalización en la que, a su juicio, la política se encuentra supeditada a la lógica económica, haciendo que se acrecienten las desigualdades sociales y el malestar de los ciudadanos. Por otra, hacen referencia a la crisis de representación de las democracias liberales, motivada por la complejidad misma de los problemas sociales y de los mecanismos necesarios para resolverlos, y acrecentada por el alejamiento real de los representantes políticos respecto de los problemas que sufren los ciudadanos.

Todo ello ha contribuido a que los votantes busquen soluciones más simples a las ofrecidas por la política tradicional. Si a esto se añade la deriva hacia el espectáculo –el tratamiento mediático de los debates y propuestas– que ha experimentado la política durante las últimas décadas, se comprende que se haya abierto camino un estilo político basado en la figura carismática del líder y en el hábil manejo de las redes sociales.

Desde un punto de vista conceptual, la aportación quizá más interesante del libro estriba en explicar la renuncia por parte de los populismos del elemento liberal de las democracias; es decir de las instituciones y los valores, especialmente la libertad individual y los derechos humanos, que la configuran.

La solución del desafío populista vendrá, proponen los autores en línea con Habermas, mediante un fortalecimiento de la visión cívica de la democracia, que traería consigo una concepción más participativa y responsable de la vida política, aunando la salvaguarda de la autonomía personal con un casi ilimitado acceso a la esfera pública de todos los ciudadanos y grupos sociales.


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