París no se acaba nunca

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Autor: Enrique Vila-Matas

Enrique Vila-Matas
Anagrama. Barcelona (2003). 233 págs. 13 €.

Sus últimas novelas, de manera muy especial Bartleby y compañía (ver servicio 42/00) y El mal de Montano (ver servicio 7/03), han convertido a Enrique Vila-Matas (Barcelona, 1948) en uno de los autores más originales y renovadores de la literatura española contemporánea, muy reconocido, además, en el extranjero. Mezclando de manera muy ingeniosa la realidad con la ficción, Vila-Matas ha emprendido un camino original, muy alejado de las estéticas actuales, sobre todo de las más realistas. Sus novelas se apoyan en su humorística visión de la vida y en unas obsesiones literarias que le llevan a confundir, frecuentemente y de manera deliberada, la realidad con la literatura.

París no se acaba nunca está basada en su propia biografía, aunque conviene mantener las distancias y no pensar que lo que cuenta Vila-Matas haya tenido que suceder de esta manera. La novela tiene la forma de una conferencia cuyo tema es el retrato irónico de sus años de aprendizaje literario. Antes de la muerte de Franco en 1975, Vila-Matas pasó dos años en París para dar forma a su vocación como escritor. Allí, en una buhardilla propiedad de la escritora Marguerite Duras, escribió su primera novela, La asesina ilustrada.

En París, Vila-Matas, abrumado por la tradición literaria y por la influencia de Hemingway -escritor continuamente citado en este libro, casi siempre de manera irónica, sobre todo su novela París era una fiesta-, desplegó todos los tópicos sobre la figura del escritor antifranquista y de izquierdas. Con una ensayada tendencia hacia lo que él llama estética de la desesperación: "identificaba juventud con desesperación y a ésta con el color negro (...) sólo quería ser un escritor maldito", leía e imitaba las vidas y la obra del panteón negro de la literatura. Primero, Vila-Matas aplicó su estrenada vocación literaria a la estética; después, vienen sus inquietudes sobre su trabajo como escritor. Al principio, el peso de ser "el prototipo del intelectual poético y secretamente revolucionario" le impide encontrar su propio camino, que descubre poco a poco gracias a los consejos de Duras y a las amistades, casi todas excéntricas (son los años del post-mayo del 68), que frecuenta en París.

La novela es el relato irónico de esos años parisinos y, también, la reflexión, en muchos casos aguda y desternillante, sobre su trabajo como escritor. Como es habitual en Vila-Matas, la novela está continuamente salpicada de citas y anécdotas literarias, que le sirven para provocar sorpresas narrativas y todo tipo de absurdas casualidades, algunas quizás demasiado efectistas. Hay momentos muy divertidos y comentarios que explican acertadamente su formación literaria y las características del experimental camino que ha emprendido en solitario.

Adolfo Torrecilla

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