Otros estrenos (31 agosto 2018)

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Breves reseñas de algunas películas que se estrenan el 31 de agosto.

Mamá y papá
Mom and Dad

Director y guionista: Brian Taylor. Intérpretes: Nicolas Cage, Selma Blair, Anne Winters, Zackary Arthur, Joseph D. Reitman. 83 min. Adultos. (VX)

Brian Taylor ha realizado diversas películas de género violento, habitualmente en colaboración con Mark Neveldine. En este trabajo en solitario muestra más talento que en tándem. La película se las trae.

Se trata de una comedia muy negra, inteligente pero atroz. La perfecta antítesis de las historias norteamericanas de adolescentes, esas que idealizan a los jóvenes, para quienes los adultos son estúpidos con la obligación de atender a todas las exigencias de sus apuestos retoños. Una epidemia como las de las películas de zombies supone el día de la venganza de los adultos. Nicolas Cage realiza su mejor actuación en muchos años; Selma Blair hace una notable reaparición. La realización es apresurada; tal vez convenga a esta historia. Fernando Gil-Delgado.

Yucatán

Director: Daniel Monzón. Guion: Daniel Monzón, Jorge Guerricaechevarría. Intérpretes: Luis Tosar, Rodrigo de la Serna, Stephanie Cayo, Joan Pera, Alicia Fernández, Adrián Núñez, Toni Acosta, Txell Aixendri, Xavi Lite. 130 min. Jóvenes. (DV)

Comedia española en la tradición de la picaresca, de personajes timadores que piensan que el amor al dinero es lo que mueve el mundo, o al menos el suyo, sin considerar que el precio a pagar es demasiado alto. Transcurre en un crucero de lujo donde coinciden tres estafadores: Lucas, Clayderman y Verónica; los dos primeros, rivales no solo en su “negocio”, sino en procurar el amor de la tercera.

Daniel Monzón demuestra tener mejor mano para el thriller (Celda 211, El niño) que para la comedia. Aunque el film, con guion del director y de Jorge Guerricaechevarría, contiene algún elemento ingenioso y se esfuerza por mantener un tono más o menos elegante, domina lo previsible, con bromas no excesivamente graciosas, y no se logra el ritmo vertiginoso que exige el género: sus más de dos horas de metraje se hacen largas. Los personajes resultan demasiado planos; ni siquiera Luis Tosar se hace con el suyo, aunque hay que reconocer al director su capacidad de riesgo al recurrir a rostros poco conocidos. José María Aresté.


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