Obama no rompe con las minas anti-personas

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Barack Obama ha decidido que Estados Unidos no se adhiera al tratado internaciona que prohíbe las minas contra personas. Sus argumentos son los mismos que los de su predecesor George Bush. Lo comenta Elena Molinari en Avvenire (26-11-2009).

Para muchos de sus electores, Barack Obama representaba esperanzas de cambio político en diversos sectores, también en el de la ratificación por parte de Estados Unidos de tratados internacionales como el firmado en Ottawa en 1997 contra las minas anti-personas. Pero, según expresan comprensivamente sus partidarios, no es fácil cambiar el rumbo de un portaaviones. La realidad es que, en contra de lo prometido, la secretaría de Estado norteamericana acaba de hacer pública la decisión del presidente de no firmar la citada convención, que confiaba en la desaparición de ese tipo minas en 2009.

El anuncio coincide con la embarazosa admisión por parte de Obama de que no podrá cumplir su promesa de cerrar Guantánamo antes del próximo 22 de enero. Como suele suceder en estos casos, dentro de la cultura democrática anglosajona, la decisión se acompaña de dimisiones, en este caso, de un alto funcionario de la Casa Blanca, Philip Carter, responsable de la política respecto de los detenidos.

La Administración americana insiste en que respeta la sustancia del tratado internacional sobre minas anti-personas, pues dejó de usar ese tipo de minas en 1991 y de exportarlas en 1992, y suspendió la producción en 1997. Pero considera que no estaría en condiciones de garantizar la propia seguridad nacional ni los compromisos con amigos y aliados, si firmase la convención. Se reserva el derecho de volver a usar o producir ese tipo de arma letal, si las circunstancias lo exigen. No quiere atarse las manos, ni destruir los diez millones de minas de su arsenal. No hay cambios respecto de los argumentos y motivaciones de George W. Bush.

Con este retraso, Estados Unidos sigue siendo uno de los catorce países, incluidos Rusia, China y la India, que no se han adherido a un tratado, cuyos promotores fueron premiados con el mismo Nobel de la Paz, que recibirá Obama el próximo 10 de diciembre.


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