Obabakoak

Página 1

Autor: Bernardo Atxaga

Debolsillo.
Barcelona (2016).
488 págs.
9,95 € (papel) / 5,99 € (digital).

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Bernardo Atxaga, pseudónimo de Joseba Irazu (1951), economista, poeta y autor de obras de literatura infantil y juvenil, ganó en 1989 el Premio Nacional de Literatura por su obra Obabakoak, publicada en euskera el año anterior y traducida por él mismo al castellano.

Se trata de un libro de veintiséis relatos y una “a modo de autobiografía” final. Está estructurado en tres partes: “Infancias”, “Nueve palabras en honor del pueblo de Villamediana” y “En busca de la última palabra”.

Para leer lógicamente Obabakoak, habría que empezar por la tercera parte, que aporta el débil argumento: un hombre, acompañado de un amigo, regresa a su pueblo –Obaba– “en busca de la última palabra”. Durante el viaje, hablan de sus recuerdos, de las leyendas que circulaban en la aldea y de la literatura. Conversan sobre distintas técnicas del cuento y las ilustran con narraciones, que brotan unas de otras. Lagartos que entran por los oídos en los cerebros de los niños, sacamantecas, un jabalí blanco, la Muerte, Ispahan, ángeles, Bagdag, Nepal y la isla de las Tortugas se entremezclan con reflexiones estilísticas. Poco a poco, la realidad y la ficción se confunden.

Después habría que continuar con la primera parte: “Infancias”. Cinco cuentos sobre inquietudes infantiles y adolescentes, ambientados en Obaba, ejemplifican otras tantas maneras de narrar. Cada uno recoge una posibilidad: homenaje a textos religiosos del siglo pasado, redacciones escolares, textos que empiezan con la misma frase o novelas de aprendizaje.

Y por último, la segunda parte, que se presenta autónoma. Dan coherencia al texto las relaciones de un personaje que, huido de la ciudad, se refugia en Villamediana y entabla relación con sus habitantes.

Tal vez pretenda el autor que quien siga el orden propuesto por él acabe amablemente confundiendo los límites entre la vida real y lo imaginado: “El cuento no vendría a ser más que una operación de aritmética. Pero no una operación de cifras, claro, sino hecha a base de sumas y restas de elementos tales como amor, odio, esperanza, deseo, honor y otros por el estilo... Por eso se han escrito tantos cuentos en torno a los grandes temas... A lo mejor no somos más que eso, unos infelices regidos por la aritmética más elemental”.

Su estilo, natural y variadísimo, conecta fácilmente con el lector y dota de indudable interés a la mayoría de los cuentos. Pero lograr tantos registros, tal muestrario de puntos de vista, resulta complejísimo. Por eso, aunque el conjunto merezca la pena, la obra se agrieta en algunas ocasiones. Atxaga logra fundir en un hermoso inventario la tradición culta y la oral, apartándose de las modas literarias al uso y acuñando una voz propia, crítica, que –según los entendidos– aporta a la literatura vasca una modernidad literaria con un decidido afán universalista.

A veces –afortunadamente, las menos–, bordea el sentimentalismo y la cursilería. Solo algunos pasajes de Post tenebras spero lucem pueden resultar molestos, aparte de innecesarios, porque se interpreta fisiológicamente la soledad de la protagonista. Sutileza, ironía, nostálgica suavidad de lo pasado, son las notas que configuran el tono, amable, de este autor.


Versión actualizada de la reseña publicada el 14-03-1990 sobre la primera edición (Ediciones B, 1989).

 


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