El Observatorio

No es fácil contar con sacerdotes casados

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Ante la escasez de vocaciones sacerdotales en algunas regiones, hay quien ve la solución en permitir que los sacerdotes se casen, como sucede en las Iglesias de rito oriental, donde los sacerdotes casados existen desde hace siglos. Sin embargo, Sviatoslav Shevchuk, arzobispo de Kiev y cabeza de la Iglesia grecocatólica de Ucrania, la mayor de las Iglesias orientales en comunión con Roma, tiene un mensaje básico para las Iglesias de rito latino: “Sed prudentes”.

En una entrevista realizada por Crux durante el Sínodo de los Obispos, le preguntan qué consejo daría a las Iglesias de rito latino y responde:

“¡Que sean prudentes! Si tuviera que dar consejo, les diría que suprimir el celibato sacerdotal no resuelve el problema. Mi experiencia es que hay sacerdotes santos que están casados… su santidad, su madurez, es un gran tesoro, pero no es una consecuencia directa de su estilo de vida”.

Shevchuk hace ver las dificultades para la formación de seminaristas que tienen que decidir antes de la ordenación si se casarán o serán célibes. “Nuestros seminarios aceptan ahora solo jóvenes que no están casados. Esto es así porque es casi imposible asegurar un periodo tranquilo de discernimiento durante la formación” después de que se casen.

Los seminaristas no pueden casarse mientras están en el seminario. Sin embargo, en la segunda parte de sus estudios, a menudo tienen novia. Y esto crea una tensión. “A veces, durante la formación es difícil centrar la atención del seminarista en la comunidad, porque hay alguien que tira de él desde fuera”.

“Tienen que decidir si van a ser sacerdotes casados o célibes antes de la ordenación diaconal. A menudo sucede que un candidato que se siente llamado al matrimonio, a ser padre, tiene que esperar varios años para encontrar a la persona adecuada. Muchos de nuestros seminaristas no se ordenan porque, después de completar su formación en el seminario, van a Roma para proseguir sus estudios. Solo pueden ser ordenados al terminarlos. Y no puedes vivir como sacerdote casado en un colegio sacerdotal en Roma”.

También tiene sus dificultades prácticas –explica el arzobispo– la formación para el sacerdocio de hombres ya casados. “Si un casado entra en un seminario, tiene que dejar a su familia durante seis años. Recuerdo que al principio de los años 90, cuando nuestra Iglesia salió de la clandestinidad, había una gran necesidad de sacerdotes y aceptamos a cualquier candidato en los seminarios. Cada semana veía el sufrimiento de esas familias que quedaban privadas de su padre. Era una tragedia desde una perspectiva humana, espiritual y también económica”.

“Cuando fui rector del seminario, con la aprobación del obispo, creamos un programa para vocaciones tardías. Si un padre quería comenzar su formación hacia el sacerdocio, si tenía una educación universitaria, le ayudábamos a integrarse en la comunidad del seminario, pero sin abandonar a su familia. Le ayudábamos a estudiar y a recibir formación sin dejar su trabajo, puesto que tenía que mantener a su familia. Era un proceso muy personalizado, algo que podíamos hacer en nuestro seminario. Tuvimos un éxito parcial, pues de este programa salieron seis sacerdotes”.

Shevchuk advierte que “la crisis de la familia afecta también a las familias de sacerdotes. Nuestros obispos están preocupados no solo por los seminaristas sino también por sus novias, y hemos creado un programa dirigido a estas mujeres. A menudo, después de dos o tres encuentros, ellas deciden no casarse con un sacerdote. Esto puede hacer las cosas más difíciles”.


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