El Observatorio

No descartar al bebé enfermo

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En un reciente discurso a los participantes en el Congreso “Yes to Life! Cuidando del precioso don de la vida en su fragilidad”, promovido por el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, el Papa Francisco ha denunciado el diagnóstico prenatal con fines abortivos y ha pedido a los médicos que cuiden toda vida humana y ayuden a las familias a acoger a los hijos con discapacidad.

Frente a la tendencia de “la cultura del descarte” a admitir excepciones a conveniencia, Francisco se muestra categórico: “Todo niño que se anuncia en el seno de una mujer es un don que cambia la historia de una familia: de un padre y una madre, de los abuelos y de los hermanos. Y este niño necesita ser acogido, amado y cuidado. ¡Siempre!”.

El Papa es consciente de que los diagnósticos prenatales que revelan alguna discapacidad o malformación en el no nacido son un momento delicado para los padres. “El sentimiento de soledad, de impotencia y el miedo al sufrimiento del niño y de toda la familia brotan como un grito silencioso, una llamada de ayuda en la oscuridad de una enfermedad, de la cual nadie puede predecir el resultado seguro”.

En esta situación, es clave la actitud de los médicos, cuya visión demasiado sombría puede condicionar la acogida del bebé por parte de los padres. Francisco exhorta a ver a esos no nacidos como “pequeños pacientes, que a menudo pueden ser tratados con intervenciones farmacológicas, quirúrgicas y asistenciales”. En este sentido, recuerda los positivos resultados que están obteniendo las modernas técnicas fetales y los llamados hospicios perinatales. “Estas posibilidades y conocimientos deben ponerse a disposición de todos para difundir un enfoque científico y pastoral de acompañamiento competente”.

Para eso, “es indispensable que los médicos tengan muy claro no solo el objetivo de la curación, sino también el valor sagrado de la vida humana, cuya protección sigue siendo el objetivo final de la práctica médica. La profesión médica es una misión, una vocación a la vida, y es importante que los médicos sean conscientes de que ellos mismos son un don para las familias que se les confían: médicos capaces de entablar una relación, de hacerse cargo de la vida de otros, proactivos frente al dolor, capaces de tranquilizar, de esforzarse por encontrar soluciones que respeten siempre la dignidad de cada vida humana”. Incluida la de aquellos que se prevé morirán “inmediatamente después del parto, o a una corta distancia de tiempo”.

La acogida que pide el Papa choca de frente con “el miedo y la hostilidad hacia la discapacidad” de la cultura dominante. Una de sus manifestaciones es el recurso al diagnóstico prenatal con fines abortivos, “expresión de una mentalidad eugenésica inhumana, que sustrae a las familias la posibilidad de aceptar, abrazar y amar a sus hijos más débiles”.

Que la vida del bebé con discapacidad es “sagrada e inviolable”, como cualquier otra vida humana, no es algo que se haya inventado la Iglesia. “Es un problema humano. (…) No es lícito. Jamás eliminar una vida humana o alquilar a un sicario para resolver un problema”.

Francisco concluye su discurso pidiendo “acciones pastorales más incisivas para sostener a los que tendrán hijos enfermos”. Y agradece a las familias de hijos con discapacidad su acogida de la vida frágil.


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