Niña con dos madres

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Con los cambios que han tenido lugar en España en el derecho de familia y con el acceso “no discriminatorio” a la fecundación in vitro, cada día nos trae un nacimiento novedoso. Los titulares nos sorprenden: “Será el primer niño…” (póngase lo que se desee: bebé medicamento; hijo de madre menopáusica; hijo de lesbiana adoptada por su pareja…). En la semana (antes solo día) del orgullo gay, no podía faltar en El Mundo (5-07-2009) un reportaje sobre una feliz pareja de lesbianas que esperan niña. “Será la primera niña en España con dos madres”.

La ingeniería ginecológica y legal hace estos milagros. Podía haber sido el caso de lesbiana que accede a la maternidad por inseminación artificial, práctica que en España ya ni siquiera es noticia. Tampoco habría sido problema que su pareja fuera a su vez madre legal de ese hijo, pues, en virtud de otro artefacto jurídico, la Ley de Identidad de Género aprobada en 2007, las mujeres lesbianas casadas pueden ser reconocidas en el Registro Civil como madres de los hijos in vitro de su pareja, sin necesidad de adopción.

Pero este caso es el ¡más difícil todavía! Por primera vez en España dos mujeres tendrán un hijo en una joint venture ginecológica: una pone el óvulo y otra aporta el útero. El óvulo se insemina con el esperma de donante anónimo obtenido de un banco de semen, y el embrión resultante se transfiere al útero de la otra mujer que es quien lo gestará (lleva ya ocho meses) y dará a luz. Podría haberlo gestado también la que puso el óvulo. Pero ellas querían que fuera algo realmente de las dos: “Hemos logrado crear algo muy nuestro, fruto de nuestros cuerpos”. Bueno, y del semen anónimo, al que en este reportaje se le da menos importancia que a la ropita que se prepara para el bebé.

Pero no cabe duda de que para ellas es algo “muy suyo”: la niña esperada colma “su sueño de ser madres”, responde al derecho de las lesbianas a la maternidad, sella su proyecto vital… En fin, esperemos que no sean unas madres muy posesivas.

No deja de sorprender que, con una legislación que prohíbe la gestación a través de terceros, se pase por alto este detalle en el caso de una pareja de lesbianas. Pero el reportaje informa que la Comisión Nacional de Reproducción Asistida, órgano consultivo del Ministerio de Sanidad, ha dado luz verde a la donación de óvulos en parejas femeninas, “para evitar interpretaciones restrictivas” del derecho de las lesbianas a ser madres.

Hay que tener en cuenta que esas interpretaciones restrictivas están vigentes en toda Europa, a excepción de Holanda. Pero así tenemos además la satisfacción de ser pioneros, que es otro modo de decir que hacemos cosas muy raras que los demás no aceptan.

Da la impresión de que nada se puede interponer en el proyecto parental de los adultos, y no digamos nada si son lesbianas. Pero el interés del niño o de la niña criados entre una pareja de lesbianas ¿no saldrá perjudicado por la falta de la figura del padre? ¿No se le discrimina al negarle un padre? El asunto se despacha rápidamente diciendo que, si necesita una figura masculina, siempre tendrá un tío, un abuelo o un vecino que vaya por casa. Porque lo importante es el cariño y, desde luego, con dos madres “el cariño no le va a faltar”.

El resultado se verá con los años y habría que preguntárselo a la niña cuando sea mayor. Y es que en este tipo de reportajes lo difícil es saber si el final de la historia respondió a estas ilusiones de prensa del corazón.

Aunque a veces se sabe. El pasado marzo, el mismo diario y el mismo periodista publicaba una entrevista con Rubén, “el primer hombre embarazado”. Pero ni en la España de Zapatero suceden estos prodigios. Luego resultaba que se trataba de un transexual, de 25 años, que a pesar de su nombre y de su aspecto exterior seguía teniendo lo que tiene cualquier mujer para engendrar un hijo, en su caso por inseminación. Su pareja Esperanza, no podía ser madre, así que se prestó “él”.

Esperaba gemelos, con toda ilusión. Pero el trajín de entrevistas, focos y platós no le hizo mucho bien. Según cuenta una breve gacetilla en el mismo diario, tres meses más tarde, Rubén y Esperanza se separaron. También ha perdido a los gemelos por un aborto espontáneo. La ley es muy maleable, pero la naturaleza no tanto. Quizá ha evitado así a los gemelos la perplejidad y la confusión de haber nacido del vientre de su “padre”.

Lo malo de estos experimentos en modelos familiares es que se hacen directamente con niños, y sin posibilidad de consentimiento informado. Si se tratara de una vacuna tendríamos más cuidado.

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