Mientras India y China buscan a las “mujeres perdidas”

Nacer niña en Corea ya no es problema

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Mucho antes de que China suprimiera la política del hijo único en octubre, Corea del Sur había comprobado ya las consecuencias negativas de imponer el control de la población. La agilidad de las autoridades ha permitido frenar el envejecimiento y combatir la desproporción entre los nacimientos de niños y los de niñas, comunes a más países de Asia. Pero las condiciones de la República de Corea son diferentes a las de India y China, donde superar los mismos problemas demográficos puede costar más de lo esperado.

 

La historia de Corea durante la dictadura militar se parecía mucho a la de los dos gigantes asiáticos. Las autoridades sanitarias obligaban a tener como máximo dos hijos en los años 70 e incluso menos de dos en los 80. Pero en 1990 el gobierno se dio de cuenta de la necesidad de comenzar a aplicar la política de incentivos a unos objetivos totalmente contrarios. Las promesas de un nivel de vida más alto y una educación de calidad ya no dependían de tener pocos hijos sino de todo lo contrario, de aumentar el número de nacimientos.

Con las políticas antinatalistas se perseguía y denigraba el nacimiento de un segundo o tercer hijo. “Dos son demasiado”, sentenciaba el eslogan gubernamental, y se animaba a demostrar “el amor a la nación con contracepción”, a cambio de sacos de harina o exenciones en el servicio militar. Ahora, los incentivos acompañan la llegada de los hijos: se dan primas económicas de 177 dólares por mes durante los primeros cinco años del bebé; se entrega comida y ropa infantil, y hasta se organizan clases de cuidados para los padres y celebraciones populares para festejar los nacimientos.

"Ya nadie llora cuando el bebé que nace es una niña”, explica un ginecólogo coreano

El ejemplo por excelencia del éxito de las medidas es Haenam, según explica The New York Times, una provincia del suroeste de la península de Corea, especialmente castigada por el éxodo a la ciudad de años pasados y donde los mayores de 65 años suponen ya el 28% de la población.

Después de haber visto cómo se cerraban tres de sus cuatro escuelas, las medidas a favor de la natalidad han conseguido que en 2014, por tercer año consecutivo, se haya logrado la tasa de fecundidad más alta de Corea del Sur: 2,4 hijos por mujer, por encima del 2,1 necesario para el reemplazo de generaciones. “Nos hemos convertido en el principio de la esperanza y esperamos que también el resto de Corea siga nuestro ejemplo y tenga más niños”, decía Kim Chung-jae, un funcionario del área de la salud galardonado por el gobierno central.

Coincidencias

Además de constatar los efectos del envejecimiento para el futuro económico y social del país, en el giro de Seúl influyó sin duda la llegada de la democracia en uno de los momentos álgidos de disparidad entre nacimientos de hombres y mujeres. En 1990 la ratio alcanzaba 116,5 niños por cada 100 niñas. El Gobierno prohibió entonces la detección de sexo durante el embarazo, una de las principales causas de abortos selectivos de niñas.

En Corea en 1990 nacían 116,5 niños por cada 100 niñas, y ahora la ratio es de 105 por 100

Otro elemento que influyó en la recuperación fue el movimiento feminista que se extendía a medida que se estrenaba la libertad. “Demasiadas veces me pidieron medicinas para concebir un varón”, señalaba a The Wall Street Journal Koeun Kwang-soon, una médico que acabó convirtiéndose en impulsora de medidas de igualdad, entonces originales para la mentalidad oriental, como la campaña para permitir que las familias pudieran usar el apellido de la madre en lugar del correspondiente al padre.

A este primer paso “más bien simbólico”, comentaba Kwang-soon, siguió otro para abolir la práctica tradicional del Hojuje, por la que siempre se considera al padre cabeza legal de la familia. Tras una larga batalla, el Tribunal Constitucional dictaminó en 2005 que el Hojuje violaba la igualdad de los ciudadanos y que no era necesario llevar el nombre del padre. “Ya nadie llora cuando el bebé que nace es una niña”, explicaba un ginecólogo con años de experiencia.

Tanto China como India han comenzado a aplicar medidas para revertir el desequilibrio

A partir de ese momento, por la vía de la igualdad, se consiguió que las mujeres pudieran ser continuadoras de la línea familiar y desapareció la necesidad imperativa de tener un hijo varón, común al pensamiento confuciano extendido en Asia. Si en 2005 la ratio varón-mujer era de 110 a 100 al nacer, en 2010 se situaba en 105, que es la natural.

Déficit de mujeres

El giro dado por Corea podría ser un referente para países como China e India, pero solo en parte, pues las dimensiones del problema son allí mucho mayores. Un estudio reciente publicado por el Population Council, organización con sede en Nueva York, asegura que en 2010 en el mundo faltaban unos 126 millones de mujeres, la mitad a consecuencia de la selección prenatal por sexo.

Por zonas, Asia concentra el mayor número (112 millones) de “mujeres perdidas”, como se denomina a este fenómeno. La investigación explica que los efectos del desfase de géneros apenas se han comenzado a notar, al comenzar a hacer planes de matrimonio las primeras generaciones afectadas por el desequilibrio en los nacimientos a causa del aborto selectivo por sexo. Pero se calcula que la falta de mujeres impedirá casarse a entre un 15% y un 20% de hombres de ambos países a mediados de siglo.

Tanto China como India han comenzado a aplicar medidas para revertir la tendencia. En 2000 el gobierno chino puso en marcha una campaña para facilitar el nacimiento de niñas ofreciendo incentivos económicos, al que se unió el endurecimiento de la regulación para acabar con el feticidio femenino, especialmente en el segundo embarazo. El reciente cambio de acabar con la política del hijo único, vigente desde 1979, para permitir un segundo hijo, también ayudará a que las niñas sean mejor acogidas.

Ya se ha notado el efecto de estos planes. Se ha producido un estancamiento en la tendencia o un ligero descenso en la ratio que mide el desfase, pero los demógrafos no esperan un milagro al estilo de Haenam, la provincia de la esperanza en Corea del Sur, sino un cambio mucho más lento: “ambos países son más grandes y presentan mayor diversidad”, afirma Monica Das Gupta, profesora en la Universidad de Maryland y demógrafa del Banco Mundial.


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