El Observatorio

Muere de forma natural la niña que pidió la eutanasia en Chile

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Valentina Maureira Riquelme murió la semana pasada por problemas pulmonares asociados a la enfermedad que padecía, fibrosis quística. Su historia saltó a los titulares a finales de febrero. Esta niña de 14 años acababa de grabar un vídeo pidiendo a la presidenta chilena, Michelle Bachelet, que le permitiera someterse a la eutanasia para “dormir para siempre”, pues sentía que no podía seguir luchando. La presidenta fue a verla al hospital. El vídeo tuvo una amplia difusión y provocó el debate sobre la eutanasia, no reconocida en Chile.

Unas semanas después, en una entrevista para el diario El Mercurio, Valentina reconocía haber cambiado de opinión. Como ella misma contaba, tomó la decisión de grabar el vídeo en un momento especialmente duro: la muerte de su mejor amigo, aquejado de la misma enfermedad, y la desesperación que veía reflejada en sus padres, fueron los detonantes inmediatos. Además, acababa de conocer la historia de Brittany Maynard, una joven norteamericana con un tumor cerebral que se había quitado la vida con ayuda de un médico, y que también había grabado un testimonio explicando su determinación.

Sin embargo, la visita de una familia argentina con cuatro miembros afectados por la fibrosis quística, animó a la pequeña y le hizo replantearse la situación. Dos meses después, Valentina ha muerto (“tranquila”, según el padre) sin necesidad de ninguna inyección letal. Sin embargo, los medios, que se apresuraron a difundir la noticia sobre su petición de eutanasia, no se han hecho mucho eco del cambio de opinión, ni de su desenlace final.

No obstante, algunos de los últimos deseos de la pequeña ya se han cumplido, como que sus padres se casaran. En cambio, quedan otros: Valentina pidió a Bachelet que invirtiera en buenos hospitales para niños, de forma que no se vieran abocados a sufrir tanto como ella. El padre se había quejado previamente de la deficiente atención que la niña había recibido en anteriores etapas de la enfermedad. La extensión y la calidad de los cuidados paliativos dirigidos a niños podrían haber evitado una historia tan dolorosa.


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