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Morgan Freeman busca a Dios

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The Story of God with Morgan Freeman es una miniserie documental de seis capítulos que emite el canal de televisión National Geographic. En ellos, el actor estadounidense Morgan Freeman indaga en primera persona las respuestas que dan las principales religiones a los grandes interrogantes de la condición humana: la inmortalidad, el fin de los tiempos, Dios o el enigma del mal son algunos de los temas abordados en esta búsqueda que lleva a Freeman por más de veinte ciudades del mundo.

El primer episodio de la miniserie, titulado “Más allá de la muerte”, batió un récord de audiencia en Estados Unidos. Los datos recogidos indican que se trata de uno de los cuatro programas más vistos en la historia de National Geographic, con 3 millones y medio de espectadores. Es un dato elocuente, muestra de que las grandes preguntas tienen más eco en la audiencia del que se podría esperar.

Todo empezó hace siete años, cuando Freeman visitó la basílica de santa Sofía en Estambul. Se sorprendió al ver cómo, junto a los epigramas musulmanes, había mosaicos que representaban a Jesús. Uno de los guías le explicó –con mayor o menor acierto, dada la iconoclastia del islam– que después de convertir la iglesia en mezquita, no todos los mosaicos fueron cubiertos con yeso, ya que los musulmanes tienen a Jesús como un profeta. Esto impactó al actor de cine, quien decidió producir una miniserie donde se plantearan las grandes preguntas que subyacen a las principales religiones del mundo.

“The Story of God” no es un tratado de teología en imágenes, sino “un viaje personal para comprender lo divino”, en palabras del actor

Esta miniserie sigue la estela iniciada por Freeman con la serie Through the Wormhole with Morgan Freeman, de seis temporadas, emitida en Estados Unidos por el canal Science entre 2010 y 2014. Aquí el actor indagaba algunas cuestiones de cariz filosófico, aunque acudía también a argumentos de las ciencias experimentales: ¿existe un creador?, ¿qué es la nada?, ¿poseemos una voluntad libre?, etc. The Story of God retoma las mismas preguntas, ahora desde la óptica de la religión. “Se trata de una secuela natural, esta vez sobre la cuestión de Dios”, explica Freeman en una entrevista para la CBS. No deja de ser gracioso que sea precisamente un actor que ha interpretado el papel de Dios en el cine –Como Dios y Sigo como Dios– quien ponga el rostro y la voz en esta miniserie.

No es un tratado de teología, sino un viaje personal

La intensa personalidad de Freeman es uno de los rasgos de identidad de la serie: no podría ser de otra forma. De hecho, el primer capítulo arranca en Greenwood (Misisipi), su ciudad natal. Según explica el actor, allí encontró la muerte por primera vez. Se trata de un comienzo emotivo que, en cierto modo, marca el tono vivencial que impregna la serie. Quien espere de esta un discurso especulativo quedará defraudado: no es una suerte de tratado de teología en imágenes, sino algo más ligado a la experiencia, “un viaje personal para comprender lo divino”, en palabras del actor.

Las pirámides egipcias, Stonehenge, el desierto de Nuevo México, las orillas del Ganges, Nueva York, el Vaticano, las ruinas mayas de Tikal en Guatemala… La lista de lugares visitados por Morgan Freeman es muy variada, aunque destaca el protagonismo dado a Jerusalén, considerada como “ciudad sagrada” por las tres grandes religiones. En muchos de estos lugares, el actor conversa con personas de diferentes creencias, a quienes plantea cuestiones sobre el tema de cada capítulo: ¿qué novedad trae la Resurrección de Cristo?, ¿en qué consiste la reencarnación en el hinduismo?, ¿es posible que la ciencia logre la vida eterna en la tierra?, ¿es la idea de apocalipsis connatural al ser humano?, ¿comparten todas las religiones el mismo concepto de Dios, o es fundamentalmente diferente en las distintas creencias?, ¿cómo es posible dirigirnos a un Dios a quien no vemos?

Entre la vivencia y la ciencia

La fe religiosa de algunos interlocutores da a los diálogos una especial fuerza. Así ocurre con un superviviente de un trance próximo a la muerte por ahogamiento en alta mar, un monje hinduista de Veranasi –la ciudad más santa para esa religión–, un imán de El Cairo, un matrimonio fundador de una iglesia protestante en Nueva Orleans –supervivientes del huracán Katrina– o una familia de indios navajos que invita a Freeman a tomar parte en el ritual de iniciación de una adolescente.

La serie tiene el mérito de plantear, a través de un rico lenguaje visual y sonoro, algunas de las grandes preguntas de la condición humana

En otros casos, Freeman recurre a testimonios que aporten a la miniserie una cierta base histórica o científica. Así, una egiptóloga guía al actor por el templo de Ramsés en Tebas o por el Museo Egipcio de El Cairo, una experta en textos paleocristianos de la Biblioteca Casanatense de Roma interpreta unos manuscritos del Libro del Apocalipsis, una arqueóloga le muestra los yacimientos de Qumrán o un experto en inscripciones mayas explica el sentido cíclico que este pueblo tenía del tiempo. Como es de suponer, la profundización que permite un formato de 50 minutos de duración es mínima y, por este motivo, muchos de los testimonios resultan superficiales e incompletos. No obstante, la miniserie toca muchos temas medulares de diferentes religiones, expuestos de modo didáctico y preciso.

El gran mosaico de las religiones

The Story of God tiene el mérito de plantear, a través de un rico lenguaje audiovisual, algunas de las grandes preguntas de la condición humana. De los diferentes encuentros que articulan cada capítulo se desprende una conclusión clara: el hombre es un ser religioso que se pregunta por Dios.

En todo momento, la actitud de Freeman frente a sus interlocutores es de gran interés y respeto. Sin embargo, la distancia que mantiene en algunos casos hace que el espectador se pregunte cuál es el verdadero propósito de esa supuesta “búsqueda personal” que promete la serie. Toda búsqueda lleva implícita la esperanza de un hallazgo, por pequeño que este sea. No sucede así en The Story of God, donde cada testimonio parece ser, simplemente, una pieza más dentro del “gran mosaico de las religiones” que pretende construir Freeman.

La “búsqueda personal” que nos promete esta miniserie no pasa de ser un viaje en círculos. No hay una meta, tan solo importa el viaje: la experiencia

En este sentido, se percibe un cierto tono relativista, que iguala todas las religiones. Según el sincretismo de la serie, ninguna es más verdadera que otra: todas tienen el mismo rango, pues todas se presentan como caminos igualmente válidos para acceder a lo divino. Tal vez no sea casualidad que el primer interlocutor de la miniserie afirme que, tras sobrevivir a una experiencia cercana a la muerte, decidió no seguir una creencia concreta: “Creo que puedes encontrar esa espiritualidad en todas las creencias. Ya no me adhiero a una sola creencia; en la biblioteca de mi casa están representadas todas las religiones”.

Un viaje en círculos

De algún modo, al adoptar esta perspectiva, Freeman está dejando de lado aquello que hace que una religión sea una fuente de sentido para la vida del creyente: la adhesión personal a una verdad por medio de la fe y del amor. Sirvan de ejemplo las palabras con las que el actor concluye el primer capítulo: “Encontremos lo que encontremos al otro lado [de la muerte], no importa cuál sea nuestra fe, todos podemos llegar a ser eternos, como las estrellas”. Así, despojada de su aspiración a la verdad, la religión se convierte en un recurso meramente humano, siendo tan válido el judaísmo o el cristianismo como los intentos científicos por construir humanoides que almacenen nuestros recuerdos después de que muramos.

En último término, la “búsqueda personal” que nos promete esta miniserie no pasa de ser un viaje en círculos. No hay una meta, tan solo importa el viaje: la experiencia. Se entiende así que Freeman muestre una mayor implicación en el caso de las religiones orientales (vemos cómo hace meditación, orientado por un lama budista, o cómo participa en una ofrenda floral a una divinidad hindú), donde hay más ascesis humana que adhesión a un credo revelado; pone más distancia, en cambio, frente a interlocutores judíos, cristianos o musulmanes. Podría decirse, en sintonía con las tesis de la New Age, que no busca la religión como una verdad en la que creer, sino como una experiencia de esa “energía” que lo penetra todo. “Si me preguntáis quién es Dios, os digo que hay algo de divino en todos nosotros”, afirma el actor al final de tercer capítulo.

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The Story of God with Morgan Freeman se emite los domingos, del 3 de abril al 8 de mayo de 2016, en el National Geographic Channel (en España, a las 19.30).


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