Meridiano de sangre

Blood Meridian

Página 1

Autor: Cormac McCarthy

‹Debate. Madrid (2001). 407 págs. 2.800 ptas. Traducción: Luis Murillo Fort.
Sur de los Estados Unidos. Un chico nacido en 1833 huye de su casa cuando tiene 14 años, y se acaba uniendo a una banda de cazadores de cabelleras de indios a quienes paga el gobernador mexicano. Entre los singulares personajes que componen esta banda domina el misterioso y erudito juez Holden, un psicópata lampiño que podría estar sacado del thriller más cruel.

Basado en hechos reales, McCarthy construye un western metafísico que profundiza en la presencia y naturaleza del mal, e intenta desmontar los estereotipos y llegar a los cimientos sobre los que se ha construido su país. El resultado final no es lo brillante que desearíamos quienes consideramos La trilogía de la frontera (ver servicio 161/99) una obra cumbre, pero en su quinta novela McCarthy no había logrado todavía el completo equilibrio narrativo que se aprecia en Todos los hermosos caballos, en la primera parte de En la frontera, o en Ciudades de la llanura. En Meridiano de sangre, McCarthy somete a un gran esfuerzo al lector al mostrar una monstruosa colección de salvajadas; no consigue la tensión que busca en la construcción de la creciente rivalidad entre "el chaval" y el juez (algunas parrafadas eruditas parecen fuera de lugar, cuesta captar el significado de algunas escenas y diálogos); y, por último, propone un final poco satisfactorio.

Ahora bien, es necesario subrayar que McCarthy no trivializa el mal ni es morboso: en un mundo de pasiones exacerbadas, no se consiente ni una sola frase de incitación sexual, buena parte de la violencia que muestra tiene un cierto carácter grotesco y surrealista, como si ese fuera el único modo de presentar comportamientos tan inhumanos. Es justo también resaltar el inmenso talento del autor para encadenar diálogos lacónicos realmente magistrales o para realizar descripciones insuperables. Y, por encima de todo, McCarthy es un escritor profundo, que sabe hacer decir grandes verdades a los personajes más estrafalarios, como lo pueden hacer Dostoievski o Flannery O'Connor, más aún que su modelo Faulkner.


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