El Observatorio

Menores y tecnología: mejor bajo el ojo de los padres

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Regalar un móvil a un niño o un adolescente pasa ya de ser una excepcionalidad, pero cuidado: con el obsequio se le está entregando también una nueva forma de percibir el mundo e interactuar con él, no siempre para bien. Así lo cree Naomi Schaefer, autora de un artículo publicado en la web del Institute of Family Studies, para el que ha consultado a varios expertos.

Según Schaefer, era difícil imaginar los mundos que Facebook pondría al alcance de los menores: en su lista de noticias aparece lo mismo la muerte de una celebridad que el nacimiento del bebé de un primo, y tras un artículo sobre un tiroteo en una escuela se despliegan las fotos de un juego de fútbol entre escolares. Algunas de estas cosas, dice, son de gran importancia; otras, de menos. Pocas de ellas nos afectan directamente, pero cuando llegan a través del móvil, todas parecen urgentes.

Y es el problema. Cuando los chicos poseen sus propios teléfonos inteligentes, tienen la tentación de estar constantemente disponibles, incluso cuando no quieren. Una niña de 10 años puede decirles a sus amigas sencillamente que no puede hablar porque tendría que utilizar el ordenador de la familia, pero si tiene un móvil consigo puede experimentar la misma presión que los adultos cuando no contestan un mensaje, por la sensación de estar ignorando al interlocutor.

Así, dar móviles a los niños puede dejarles a los padres una paz mental, pero puede hacer que los menores se vuelvan más ansiosos. En su libro El colapso de la paternidad, el psiquiatra Leonard Sax describe cómo los padres que llegan a su consulta se quejan de que los chicos ya no se concentran en la escuela. Los progenitores piensan que se trata del trastorno por déficit de atención o de alguna otra patología, y acuden a pedirle alguna medicación. Al averiguar un poco, Sax se entera de que los chicos han estado enviando mensajes de texto a sus amigos hasta bien entrada la noche, sin saberlo los padres, y restándole horas valiosas al sueño. Se sienten obligados a permanecer conectados el máximo tiempo posible, pues no quieren ser los últimos en enterarse de lo que está pasando.

“No es exagerado decir que darles móviles a tus hijos es entregarles las llaves del reino. Hay un mundo entero ahí afuera al que ahora pueden acceder sin que lo sepas. Un mundo que estará constantemente reclamando su atención y que los cambiará para siempre”, explica la autora, y añade que, en temas de tecnología, los padres tienen que estar al tanto no solo de cómo quieren que sus hijos se relacionen con esta, sino de cuánto tiempo desean que estos le dediquen a enviar mensajes de texto o correos electrónicos, a jugar o a navegar. Los mayores, dice, necesitan decidir algo tan fundamental como el modo en que sus hijos interactuarán con el resto del mundo.


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