Médicos cubanos en Brasil: a casa, a toda prisa

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Unos 8.000 médicos cubanos que prestan servicios en Brasil como parte del programa “Mais Médicos”, coordinado por la Organización Panamericana de la Salud, regresarán a su país entre el 25 de noviembre y el 25 de diciembre. Es lo que espera Cuba. Pero puede que no retornen todos, ni que los que lo hagan estén muy contentos …

Los especialistas cubanos estaban atendiendo a la población brasileña en más de 2.880 municipios de las regiones más remotas e infradesarrolladas del país, principalmente en el norte y en las comarcas indígenas. Las condiciones eran difíciles; los salarios, algo más holgados que los que suelen cobrar en Cuba, pero la aspiración de poder ahorrar y de, al término de su estancia, poder mejorar su bienestar material en la Isla, hacía sobrellevables los contratiempos y la lejanía de los suyos.

Entonces llegó el enfrentamiento entre Jair Bolsonaro, que asume la presidencia de Brasil el 1 de enero, y las autoridades cubanas. El primero se explayó hace unos días y mencionó algunas verdades, como que el gobierno de la Habana retiene el 75% del salario que se destina a los médicos cubanos, y que no les permite llevar consigo a sus familiares.

Para Bolsonaro, lo que están haciendo los cubanos en Brasil es “trabajo esclavo”, vistas las condiciones que se les imponen

Además (y aquí probablemente se excedió), cuestionó la formación de los médicos caribeños y exigió que, de quedarse, pusieran a prueba sus habilidades mediante una revalidación de sus títulos. Tal vez una ojeada al último informe de la Organización Panamericana de la Salud, para comparar los índices sanitarios de ambos países, le hubiera ahorrado tener que pedir demasiadas pruebas de la pericia de los cubanos.

Para Bolsonaro, lo que están haciendo los cubanos en Brasil es, sencillamente, “trabajo esclavo”, vistas las condiciones que se les imponen. Como reacción, La Habana ha ordenado repatriarlos a todos, decisión que, según el canciller Bruno Rodríguez, los galenos han acogido de modo “muy favorable”. La afirmación recuerda el chiste del periodista que pregunta a un cubano qué tal se vive bajo un régimen sin libertades, a lo que el aludido responde: “No puedo quejarme”.

“Doctora, yo no sabía que su gobierno…”

Aceprensa contactó con una doctora que hace tres meses decidió “desertar” –un término propio del vocabulario militar, pero que La Habana emplea en estos casos– del programa controlado por el gobierno cubano. Nos dice que ya esperaba que algo así ocurriera con el relevo presidencial en Brasilia. Yolanda –no es su nombre real– es especialista en Medicina General Integral, tiene 35 años, y está en el país sudamericano hace dos.

¿Cómo has recibido la noticia de la decisión de Bolsonaro y la respuesta cubana?

— Con dolor, con incertidumbre… Yo estoy en Brasil desde diciembre de 2016. Fui para una ciudad interior en el estado de Río Grande del Norte, por donde ya había pasado una doctora cubana. Ya el pueblo nos conocía, y hoy todo el mundo está triste. Me dicen: “Doctora, yo no sabía que el gobierno cubano se quedaba con más de la mitad de su dinero”. Y yo, callada. Todos están apenados, porque al final, esa gente se va a quedar sin médico.

Los doctores formados en Brasil no quieren ir para esos sitios, porque no les pagan bien. Quieren quedarse en las grandes ciudades cobrando dinerito, y los entiendo, porque aquí estudiar Medicina es algo descomunalmente costoso. Solo en material de estudio, es absurdo.

Ahora bien, cuando te paras a pensar lo que dice [Bolsonaro], es verdad: al final, nosotros somos víctimas de todo esto. Uno firma un contrato sabiendo lo poco que le van a pagar, pero es la única forma de ayudar a tu familia, de conocer otra realidad.

¿Cuánto perciben como sueldo los médicos cubanos allí?

— Imagínate cobrar 3.000 reales [700 euros], cuando nuestro salario debe ser 14.000 [3.200 euros]. Es poquísimo, y uno tiene que hacer maravillas. Incluso muchos médicos llevamos cosas para vender en Cuba. Unos cuantos estaban planificando traer a sus familiares para acá en algún momento, pero con 3.000 reales, y teniendo que pagar luz, agua, renta, Internet, comida, no te da la cuenta.

¿Has conversado con otros doctores aún en el programa?

— Con muchos, y están preocupados. Unos, porque ya era la última misión antes de jubilarse; otros, porque tienen familia allá, se habían comprado una casa con el ahorro de otras misiones y solo les quedaba amueblarla; otros, como yo, veníamos dispuestos a todo, y otros son simpatizantes de los coordinadores [del gobierno cubano] y son capaces de cualquier cosa con tal de que, una vez que regresen a Cuba, los dejen salir de nuevo. Somos un grupo muy diverso.

“Todos están apenados, porque al final, esa gente se va a quedar sin médico”, dice una doctora cubana

¿Qué les han dicho los coordinadores?

— Ayer [14 de noviembre] estuvieron llamando a los médicos para pedirles que regresaran a Cuba. Les decían: “Señores, no deserten; todo el que quiera volver [a Brasil], sobre todo el que esté casado, podrá hacerlo”. Pero no hay un documento que lo garantice. Te dicen: “No se preocupen, no se dejen llevar por la locura. Ustedes tienen familia allá y podrán resolver su situación migratoria”. Pero es mentira. Es el mismo cuento de siempre. Todo es por videollamada, nada de un papel. Lo de ellos es hacer verbalmente el trabajo ideológico, psicológico y político.

Al final, imagínate esa multitud regresando a Cuba: no va a ser posible ubicar a tantos. Dicen que son 8.000, pero son más, pues hay personas que están perdiendo el tiempo aquí, jefes que no hacen nada, que cobran solo por estar. En Cuba, ¿dónde van a meter a tantos?

¿Regresar con lo puesto?

Una solución para los que desoigan la orden de regreso a La Habana es quedarse y revalidar los títulos, pero no es Brasil quien dificulta esto. Según explica Yolanda, el gobierno cubano ha creado un mecanismo por el cual, para poder ejercer en el exterior, el diploma de cada médico –y la certificación de notas y el plan de estudios– debe llevar un sello específico que, en este momento, las autoridades están negando.

“Para mí va a ser difícil. O fácil –corrige–. Por una parte, si mi mamá hace la solicitud de esos documentos, de nuevo le van a decir que no. Pero con la cantidad de gente que va a haber en Cuba sin ubicación laboral, también pienso que puede que liberen ese trámite”.

Muchos médicos salen a trabajar en el exterior casi exclusivamente para poder adquirir bienes que en su país les sería imposible alcanzar con sus bajos salarios

Lo curioso es que, incluso para los que no deseen quedarse en Brasil, el gobierno cubano tuvo inicialmente malas noticias. Dado que la orden es salir a toda carrera, antes de la toma de posesión de Bolsonaro el 1 de enero, los médicos no podían llevar consigo más de 40 kilos de equipaje. Solo que este es el eje central de la presencia de muchos de ellos, que se han tragado la hiel de la lejanía casi exclusivamente por poder llevar consigo bienes que en Cuba les sería imposible alcanzar con salarios de 30-40 euros.

Según la agencia CiberCuba, los médicos cubanos recibieron un documento oficial en el que se les decía: “Comprendemos que es poco el tiempo y por ello de ser posible te sugerimos vender algunas de tus pertenencias, a fin de recuperar en algo los gastos en que has incurrido”. Una sugerencia que no sentó nada bien: “Llevamos años de privaciones, de escasez, hemos pasado hasta hambre, hemos permitido que el gobierno cubano nos robe las tres cuartas partes de nuestro salario, y ahora nos quieren regresar sin lo que hemos comprado para nuestras familias. Es un abuso, nadie va a estar dispuesto a cumplir eso”, dijo una doctora a ese medio.

El gobierno cubano tomó nota del malestar, y el 18 de noviembre rectificó: serían 45 kilos, más otros 214 de equipaje no acompañado. Ello, a pesar de la estoica postura oficial de que los médicos fueron a Brasil, no por interés material, sino a “cumplir una misión” y dar “un abrazo solidario”.

El altruismo se infiere, por supuesto, pero la molestia que ha desatado en estos profesionales la decisión de retirarlos, habla también de la necesidad que tienen de cerrar en sus bolsillos los muchos agujeros que La Habana no acaba de zurcir. Y que ahí seguirán.


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