Loving Vincent

Página 1

Directores: Dorota Kobiela, Hugh Welchman

Guionistas: Dorota Kobiela y Hugh Welchman.
Animación.
94 min.
Adultos.
Estreno: 12-01-2018.

Con la implicación del programa Media de la Unión Europea y del Museo Van Gogh de Amsterdam, esta película polaca indaga la muerte del pintor, acaecida a pocos kilómetros de París, donde Vincent vivió los últimos meses de su atormentada y corta existencia.

Siendo solvente la premisa (el hijo del cartero amigo del recién fallecido Van Gogh quiere entregar una carta escrita por el pintor que no llegó a enviarse), la trama no fluye con especial acierto ni pulso en su empeño por acercarse al misterio de las causas del aparente intento de suicidio del artista. Parece claro que solo los conocedores de la vida de Van Gogh se hacen cargo de la relevancia y la agudeza de lo que se cuenta sobre ese particular.

La factura de la película es deslumbrante y supone un logro de belleza inolvidable, un hito en la historia del cine animado. 150 pintores y dibujantes han pintado casi 57.000 fotogramas teniendo presentes muchos de los 900 cuadros y 1.600 dibujos que Van Gogh pintó en tan solo ocho años y siempre en periodos en los que se encontraba bien de salud. Por otra parte, la labor de documentación es impresionante.

Más discutible es el tono monocorde y el excesivo protagonismo del personaje de Armand Roulin como conductor del relato. La música del británico Clint Mansell, habitual compositor de las películas de Darren Aronofsky, envuelve dentro de su melancólica recurrencia, con un punto de desequilibrio, una historia trágica que recurre al blanco y negro para remontarse a los sucesos que preceden a la muerte del pintor, y usa el color para contar (pintar) la historia con la pincelada y la paleta estremecidas de un genio con un severo trastorno psíquico, que tuvo en su hermano Theo el amor que buscó con ansia allá por donde fue, tratando de “conmover a la gente con mi arte. Quiero que vean en mí una persona profunda y amable”.

El título puede llevar a engaño: es la manera que el pintor tenía de despedirse en las cartas a Theo. También es un aviso sutil: la película demanda amor compasivo por el inestable y colérico (y religioso, aunque la película lo soslaye) Van Gogh, y entusiasmo por su obra.


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