Los temas del viaje del Papa a Tierra Santa

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La próxima peregrinación del Papa Francisco a Jordania, Israel y Palestina, del 24 al 26 de mayo, obedece a un claro motivo: recordar la histórica entrevista, tras 900 años de ruptura, entre los patriarcas de Roma y Constantinopla, hace medio siglo en Jerusalén. Francisco y Bartolomé I se reunirán en el mismo lugar en que se abrazaron sus predecesores Pablo VI y Atenágoras el 5 de enero de 1964, para reforzar el impulso ecuménico. Además, el Papa alentará a las comunidades cristianas de los tres países y tendrá encuentros con personalidades religiosas musulmanas y judías, además de las autoridades civiles.

(Actualizado el 26-05-2014)

Pero tratándose de la Tierra Santa en el actual Oriente Próximo, la finalidad evidente del viaje está sujeta a interpretaciones políticas contrapuestas que obligan a un imposible ejercicio de equilibrismo diplomático. Casi cualquier cosa que haga u omita el Papa puede incomodar a alguien. El portavoz vaticano, P. Federico Lombardi, trató de curar suspicacias explicando los motivos de algunas opciones.

Interpretaciones políticas
Así, dijo, la visita comenzará en Jordania porque el 24 de mayo es sábado, mal día para tener actividades públicas en Israel. La siguiente etapa será en Palestina, porque el domingo es el día apropiado para celebrar la misa para la multitud en Belén. El Papa llegará a este lugar en helicóptero, sin atravesar territorio israelí, porque resulta más práctico, y por el mismo medio se trasladará al aeropuerto Ben Gurion, cercano a Tel Aviv, antes de ir a Jerusalén, para la ceremonia oficial que exige el protocolo israelí. El programa dice “Estado de Palestina” en virtud de la resolución de la Asamblea General de la ONU que en 2012 elevó el estatuto de Palestina al de Estado observador.

Las quejas pueden multiplicarse indefinidamente. Que Francisco no visite Galilea, donde se concentra la mayor parte de los cristianos de Israel, molesta a algunos de estos. A los árabes no les gusta la ofrenda floral ante la tumba de Theodor Herzl, fundador del sionismo. Los judíos no ven bien el saludo a los niños de tres campos de refugiados, que los palestinos quieren en cambio subrayar. Etcétera.

La Iglesia católica tiene una buena relación con el patriarcado de Constantinopla, pero no sucede igual con el de Moscú y otras Iglesias ortodoxas

Aparte de palabras, ha habido muestras de hostilidad por parte de judíos radicales, como pintadas ofensivas en el monte Sión, cerca del Cenáculo –lugar de propiedad israelí–, donde Francisco celebrará misa el lunes por la tarde. En un comunicado, los obispos católicos de Tierra Santa denunciaron otros hechos ocurridos el 27 de abril en Galilea: una profanación en el exterior del santuario de Tabgha, una carta con amenazas llegada al vicariato de Nazaret, insultos y agresiones a fieles ortodoxos congregados en la iglesia de la aldea de Bassa. El mismo día, hubo otro acto violento contra una mezquita de Fureidis, en el distrito de Haifa.

Constantinopla y Moscú no van a la par
Todo ese “humo” no debe oscurecer el motivo central del viaje. Francisco y Bartolomé ya se entrevistaron el año pasado en Roma. Si vuelven a reunirse ahora en Jerusalén es para resaltar el significado del primer encuentro entre sus predecesores, que hace cincuenta años se levantaron las excomuniones mutuas e iniciaron una cordialidad entre Constantinopla y Roma que no se ha interrumpido.

En efecto,la Iglesia católica tiene una buena relación, incluido un diálogo teológico sostenido, con el patriarcado de Constantinopla. Pero no sucede igual con el de Moscú y otras Iglesias ortodoxas, y pese a la especial dignidad de Constantinopla, la amistad con ella no basta para progresar en la unidad. El gran obstáculo al diálogo ecuménico es la misma división interna en la ortodoxia, como muestran los preparativos del sínodo panortodoxo, convocado para 2016 (ver cuadro).

Aunque en el programa de esa asamblea figura el ecumenismo en lugar principal, es difícil que se llegue a resolver o aun solo a discutir la cuestión fundamental en el diálogo con la Iglesia católica: el primado del Papa. Como explicó Cyril Hovorun, sacerdote ortodoxo ruso, en The Catholic World Report, “la postura de las Iglesias ortodoxas en relación con el primado del obispo de Roma depende completamente del consenso sobre el primado dentro de la Iglesia ortodoxa, pero no hay consenso al respecto”.

La falta de consenso sobre el primado entre los propios ortodoxos dificulta el diálogo ecuménico con los católicos

En concreto, existen dos interpretaciones. Según una, defendida principalmente por el patriarcado de Moscú, la condición de primus inter pares que tradicionalmente se asigna al patriarcado de Constantinopla es un título meramente honorífico, sin ninguna autoridad real. A finales del año pasado, Moscú hizo oficial esta postura mediante una declaración pública.

La otra interpretación sostiene que la primera Iglesia, la de Constantinopla, no es una de las pares, y tiene verdadera primacía. Así lo señaló el metropolita Elpidoforo, del patriarcado ecuménico, en una réplica a la declaración de Moscú.

Las dos posturas, dice Hovorun, parecen irreconciliables, y es muy improbable que el sínodo panortodoxo adopte alguna de ellas, pues las Iglesias disidentes simplemente no la aceptarán. Y mientras no haya acuerdo entre los ortodoxos, difícilmente se avanzará en el diálogo con la Iglesia católica.

Jordania: una minoría cristiana respetada
Otro objetivo del viaje del Papa Francisco es alentar a las comunidades cristianas de los tres países, a los católicos en particular. En Jordania (7,9 millones de habitantes), los cristianos son el 3,5-4% de la población. A unos 250.000 de ascendencia jordana o palestina hay que sumar unas decenas de miles de inmigrantes llegados de Asia o África y algunos millares entre los refugiados de Iraq y Siria. Los católicos, en su mayoría latinos, son más o menos el 45% de los cristianos.

En Jordania, los cristianos son una minoría respetada, ciudadanos de pleno derecho, y gozan de libertad de culto. Tienen reservados nueve escaños en el Parlamento. En conjunto, tienen mejor educación y posición social que la media. Pero han disminuido, como en otros países de Oriente Medio. En 1950 eran casi un tercio de los jordanos; su posterior descenso en proporción obedece tanto a la fuerte inmigración de palestinos, mayoritariamente musulmanes, tras la Guerra de los Seis Días, como a la emigración de cristianos.

En Jordania existe un islam tolerante y han nacido iniciativas de diálogo con el cristianismo y otros credos

Hoy, los cristianos de Jordania que emigran no lo hacen forzados sino por buscar mejores oportunidades de estudio o empleo en el extranjero. Se dirigen principalmente a países anglófonos o del Golfo Pérsico. La American University of Madaba, iniciativa del Patriarcado Latino de Jerusalén, inaugurada hace un año (cfr. Aceprensa, 4-06-2013), espera contribuir a que más jóvenes cristianos se queden a estudiar en el país.

Francisco encontrará una buena acogida en Jordania, donde existe un islam tolerante y han nacido iniciativas de diálogo con el cristianismo y otros credos, fomentadas por el rey Abdalá II (cfr. Aceprensa, 6-09-2013). Opera allí el Real Instituto Jordano de Estudios Interreligiosos. Es asimismo notable y decisiva la cooperación jordana al Foro Católico-musulmán (cfr. Aceprensa, 10-11-2008), que se reunió por primera vez en Roma y celebró su segunda sesión tres años después en Jordania, con participantes de 18 países.

Palestina, detrás del muro
En Palestina, en cambio, la minoría cristiana, casi toda de nativos, tiene una situación mucho más dura. La gran mayoría (38.000 de 50.000) está en Cisjordania, y en buena parte sufre las limitaciones de movimiento impuestas por los israelíes. El muro de hormigón a lo largo de la frontera con los territorios palestinos ha acabado –todo hay que decirlo– con los ataques terroristas en Israel. Pero los palestinos que necesitan cruzarlo para trabajar pierden empleos u oportunidades de negocio a causa de los controles y restricciones, a veces arbitrarios y humillantes. En consecuencia, la economía se resiente en el interior de Palestina. La emigración afecta especialmente a los cristianos, de los que solo permanecen el 20%: el resto forma la diáspora.

En Israel siguen las largas negociaciones con la Santa Sede para fijar asuntos pendientes desde el Acuerdo Fundamental de 1993

Los católicos de Palestina vienen a ser la mitad de los cristianos. Dos tercios son latinos, grecocatólicos la mayoría de los demás, entre los que hay también maronitas, sirios y armenios. Sus respectivos patriarcas acompañarán al Papa al menos en alguna etapa de la peregrinación, junto con los de las otras dos Iglesias católicas presentes en Tierra Santa: la caldea y la copta (cfr. Aceprensa, 20-05-2014).

Belén es el único lugar de Palestina que visitará el Papa en este viaje, el domingo 25 de mayo. Además de celebrar una misa frente a la basílica de la Natividad, el Papa almorzará con varias familias palestinas en un convento franciscano y saludará a niños que viven en campos de refugiados.

Cristianos en Israel
Enseguida, el Papa se trasladará a Israel. El encuentro con Bartolomé de Constantinopla será el mismo domingo por la tarde. Primero tendrán una entrevista privada en la Delegación Apostólica. Entonces será la firma de una declaración conjunta, que será el fruto más concreto e inmediato de esta iniciativa ecuménica. Luego irán a la basílica del Santo Sepulcro, donde habrá una celebración ecuménica y podrán hacer alguna alocución pública. El lunes volverán a verse privadamente junto a una iglesia ortodoxa en el Monte de los Olivos.

En Israel viven unos 310.000 cristianos (3,8% de la población), casi la mitad llegados del extranjero: 105.000 inmigrantes (en su mayoría de Filipinas, más importantes contingentes de Asia, África, Latinoamérica y Europa oriental) y unos 45.000 refugiados, en su mayor parte eritreos. Los que son ciudadanos israelíes se distribuyen en unos 125.000 nativos (árabes palestinos) y 30.000-40.000 de etnia hebrea provenientes principalmente de países eslavos.

Los católicos son cerca de la mitad de los cristianos; dos tercios entre los cristianos palestinos. Entre estos, la mayor parte (unos 48.000) son de rito griego; siguen los latinos (24.000).

En Israel, los cristianos gozan de libertad, si bien a veces son hostigados, principalmente por judíos radicales. Por otra parte, de hecho en Israel no hay las mismas oportunidades para los ciudadanos no judíos, que encuentran más obstáculos para conseguir empleo o permisos.

Negociaciones laboriosas
La Iglesia puede encontrar también dificultades, que provienen de cierta inseguridad jurídica. El Acuerdo Fundamental entre la Santa Sede e Israel, firmado en 1993, permitió el establecimiento de relaciones diplomáticas y sentó los principios, pero dejó los detalles para posteriores convenios. En 1997 se firmó el relativo al reconocimiento civil de las entidades eclesiásticas, pero faltan otros importantes, sobre las propiedades de la Iglesia y su tratamiento fiscal. La comisión mixta lleva años de negociaciones, sin que se vea el final todavía.

Además, los dos acuerdos firmados siguen sin haber sido incorporados a la legislación israelí. Esto supone que, si bien son aplicables en el derecho internacional, en la práctica es difícil hacerlos valer ante la administración y ante los tribunales de Israel.

Con independencia de todo ello, la peregrinación de Francisco tiene además un hondo significado espiritual. El Papa no dejará de subrayarlo en sus homilías y discursos, catorce en total.


Desacuerdos entre ortodoxos

El proyecto de un sínodo panortodoxo se viene acariciando desde hace casi noventa años, tras la desaparición del imperio otomano, pero no se ha realizado por falta de acuerdo entre las Iglesias. Por fin, en marzo pasado, una sinaxis o asamblea de los primados (patriarcados y arzobispados autocéfalos) decidió convocarlo para 2016 en Estambul, tras los trabajos de una comisión preparatoria (septiembre 2014-abril 2015) que elaborará los documentos que estudiar en el sínodo.

El mismo comunicado final refleja en parte la fragilidad de la unión entre las Iglesias ortodoxas, muy celosas de su autonomía. No se adhirió el patriarcado de Antioquía porque se disputa con el de Jerusalén la autoridad sobre la comunidad ortodoxa de Qatar y pretendía que la sinaxis decidiera a su favor.

Falta también la firma de la Iglesia de Chequia y Eslovaquia por una querella similar: su nuevo primado fue elegido con el apoyo del patriarcado de Moscú, pero la mayoría de las otras Iglesias no lo reconocen como legítimo. Tampoco la Iglesia Ortodoxa de América pudo suscribir el comunicado, pues su estatuto de autocéfala, concedido por el patriarcado de Moscú, no es admitido por los demás.

La sinaxis empleó la mayor parte del tiempo en discutir la distribución de representantes y de votos en el sínodo panortodoxo. Para buscar el equilibrio, al final decidió conceder a cada Iglesia el mismo número de delegados y dar voto solo a las Iglesias autocéfalas.

En cambio, dos asuntos capitales para la ortodoxia y con repercusiones en el ecumenismo se retiraron del programa del sínodo por la escasa probabilidad de que se llegue a un acuerdo sobre ellos. Son los dípticos o el orden de prelación entre las Iglesias y el procedimiento para otorgar la autocefalia a una Iglesia. Los dos están implicados con el del primado dentro de la ortodoxia.


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