El Observatorio

Los nórdicos, aún felices, pero no todos

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Un 12,3% de la población de los países nórdicos “atraviesa dificultades” o está “sufriendo”, revela un estudio del Happiness Research Institute de Copenhague, citado por el New York Times, que se interesó por el grado de satisfacción con su vida que tienen los ciudadanos de Finlandia, Noruega, Dinamarca, Islandia y Suecia.

Los mencionados países están en los primeros puestos del World Happiness Report 2018, pero “algo no cuadra”, dice el analista Michael Birkjaer, autor del informe En las sombras de la felicidad: “Es la juventud la que está llevando la desigualdad en la felicidad a su grado más alto”.

En encuestas efectuadas entre 2012 y 2016, Birkjaer pidió a sus entrevistados que clasificaran su satisfacción con la vida en una escala de 0 a 10: los que la ubicaron de 7 en adelante fueron categorizados como “prósperos”; los que lo hicieron entre 5 y 6 se clasificaron como “en dificultad”, y quienes puntuaron de 4 hacia abajo entraron en el grupo de los que “sufren”.

Los Estados nórdicos, señala el diario, tienen una sofisticada red de asistencia social que hace que los jóvenes experimenten menos presión respecto a temas como la educación, la salud o el empleo, en comparación con los de otros sitios del orbe. Sus países tienen algunos de los impuestos más altos del mundo, pero en contrapartida el acceso a los hospitales y las escuelas es gratis, los permisos de paternidad son generosos, y así también las subvenciones por desempleo y para el cuidado de los mayores.

“Pero con esa seguridad y esas ayudas vienen también las expectativas de que lo hagan todo bien, y la presión para llegar a ser tan feliz como sus iguales”, apunta.

Según el informe, la salud mental y general está mucho más estrechamente relacionada con la desigualdad en el bienestar que otras circunstancias de la vida, como el desempleo o los niveles de renta. Y justamente en esos países se ha verificado un incremento de los índices de mala salud mental, particularmente entre los jóvenes y las mujeres.

Así, en Suecia ha aumentado un 20% en 10 años el número de personas con depresión, y lo ha hecho principalmente entre los jóvenes. En la vecina Dinamarca también hay signos de deterioro: las personas de 16 a 24 años experimentan más soledad que la generación de sus padres, según un sondeo realizado este año por el Ministerio de Sanidad.

Muy relacionado con esto, Birkjaer toma nota del papel que está desempeñando la cultura del rendimiento y el cada vez mayor uso de las redes sociales en el incremento de la depresión, la soledad y el estrés.

Las consecuencias de todo esto, alerta, van más allá de lo personal. “La infelicidad es muy costosa para la sociedad. Que un creciente número de personas esté atravesando dificultades o sufriendo, tiene efectos socioeconómicos. El problema está particularmente asociado con las ausencias laborales por enfermedad, la baja productividad y el consumo de los servicios de salud”.


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